SONIDOS-MEMORIA

Durante toda la noche
habían sonado explosiones.
Algunas cercanas y
otras alejadas.

Por Nancy Guzmán

Hacía un tiempo que no era extraño escuchar bombas por la noche, solo que esa noche eran demasiadas. No amanecía cuando los ruidos de helicópteros comenzaron a indicar que no sería un día común.


Cerca de la hora que los niños y los trabajadores pasaban a sus jornadas comenzaron a escucharse murmullos, carreras y frases sueltas: "no vayan al centro", otros preguntaban "¿qué está pasando?". Todos elucubraban un incierto panorama que sonaba a desgracia.


Valparaíso había amanecido muy nublado, algo frío, con esa llovizna suave y persistente que alcanzaba a mojar el piso, provocando un chirrido en las frenadas de los pocos autos que intentaban circular.


Rápidamente encendimos una radio y movimos nerviosos el dial buscando algún noticiero en todo el espectro del dial, solo en una emisora se podía escuchar sonidos de bandas militares.


Buscamos radios argentinas en la onda corta, pero aún no había ninguna información sobre Chile. Nerviosos, continuamos buscando emisoras que dijeran algo sobre lo que sucedía en la ciudad o en el país. Nada.

 
Todo indicaba que finalmente había llegado el día del que hablábamos en cada reunión, del que nadie sabía muy claro cómo sería y cuánto cambiaría nuestras vidas.


A medida que pasaban las horas comenzaron los primeros tableteos. Costó identificar ese sonido sordo, áspero, que se asemeja al golpeteo de dos tablas.

De a poco escuchamos: "¡son ametralladoras!. Están disparando a matar". Era cierto, las ametralladoras cortaban el aire una y otra vez y se entrelazaban con los sonidos de las aspas de los helicópteros.

El murmullo aumentaba. Algunos decían que las bombas nocturnas habían derribado algunas sedes de partidos en el centro, otros hablaban que la marinería tenía la ciudad tomada y qué muy rápido comenzarían copar los cerros, que no habían micros ni taxis circulando, que en el centro habían puesto ametralladoras en las esquinas y que circulaban camiones con muchos detenidos tendidos sobre el piso. 


Unos gritos a lo lejos rompieron el murmullo "Allende, Allende, el pueblo te defiende". La respuesta fue un nuevo tableteo.


A medida que aclaraba el panorama se oscurecía.


Cerca de las 10 de la mañana logramos sintonizar una radio de Mendoza que informaba el cierre de la frontera con Chile. Que se hablaba de fuertes enfrentamientos en las principales ciudades y Allende estaría dirigiendo la resistencia desde el Palacio de La Moneda.


Salí a comentar a los pocos que quedaban sobre estas informaciones, pero nadie se alegró. Parecía que la derrota había llegado igual que los helicópteros con su ruido de muerte.

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