SEPTIEMBRE

Para los que pasamos
las seis décadas es casi
un alivio saber que
llega septiembre.

Por Nancy Guzmán

Desde mi más tierna edad me llamó la atención este mes. De alguna forma alborotaba los espíritus, cambiaba los ánimos, abría las compuertas de algunas manifestaciones sociales y auguraba un devenir auspicioso.


Parecía que todo nacía en septiembre. Era el mes de las flores, las fiestas, los borrachos, las tonadas que hablaban de un campo idílico, los huasos sin ojotas y las elecciones presidenciales. 


Así llegó el 4 de septiembre de 1970. Lo recuerdo luminoso, soleado, casi caluroso. Me vestí con unos pantalones de cotelé negros y un beatle rojo, solo para provocar a mis padres que fueron a votar temprano para esconderse de los posibles desmanes que aventuraba la derecha, si es que Allende ganaba. 

Recuerdo no haberme despegado de la radio, leído palmo a palmo los diarios y a las seis estaba sentada frente a la TV. Fue un día emocionante. Mi madre fumaba en la terraza de nervios. Yo fumaba escondida de alegría. Mi padre insistía en que había que tener calma.


A las diez de la noche todo estaba escrito, Allende era Presidente y lo que vendría sería una historia para no olvidar.


Sin permiso para salir, escuchaba los gritos de grupos que pasaban por la calle. Socialistas, comunistas e izquierdistas varios entonaban sus saludos a la vida que venía. Me imaginaba sus banderas al viento, como las de la revista Life cuando Fidel entró a la Habana. No era lo mismo, pero a los 16 años, con la pasión y la imaginación desbordada, todo es posible en la mente.


Llamo a la juventud
Sangre que no se desborda,
juventud que no se atreve,
ni es sangre, ni es juventud,
ni relucen, ni florecen.
Cuerpos que nacen vencidos,
vencidos y grises mueren:
vienen con la edad de un siglo,
y son viejos cuando vienen.
(Poema de Miguel Hernández) 


Así viví el mejor septiembre de mi vida. Así quedó en mi memoria, esa que todos los días me obliga a no cejar ni dejarme caer.

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