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REF-AGRARIA

¿Qué significado
tiene para hoy?

Por Víctor Hugo Gálvez V.*

Hace 51 años, con el terror de la derecha y el largo anhelo de las fuerzas progresistas de ese entonces, se promulgó la Ley de Reforma Agraria N°16.640 y la Ley N°16.625, que otorgaba la sindicalización campesina. Fue hace un tiempo, en el cual, existían muchos deseos de cambios profundos, a favor de otorgar mejores derechos de libertad e igualdad en un Chile complejo, polarizado y desigual. Pero para entender estas transformaciones, es preciso ahondar en cómo el agro fue, para entender el presente.

El deseo por reformar el régimen de tierras y acabar con la desigualdad e injusticia social en el campo chileno, tiene una larga data. Primero que nada, el agro chileno fue descrito por George Mc Bride como un régimen cautivo, confinado en un espacio que estaba dominado por una élite terrateniente que concentraba la mayor parte de la tierra y tenía a un porcentaje significativo de la población nacional en un régimen de servidumbre. En otras palabras, mientras progresaba y cambiaba el modelo de producción en un Chile de los treinta, cuarenta y cincuenta, movido por la incipiente industrialización por sustitución de importaciones (ISI), el campo chileno fue un área de la sociedad y la economía cautiva. No existía el derecho a la organización sindical, porque se bloqueó durante estos años, inclusive creando la llamada Ley de trabas a la sindicalización. Los trabajadores tenían un nivel de servidumbre tal, que no se les pagaba salario ni eran dueños de la tierra que trabajaban; al contrario, se les concedía “regalías”, le debían obediencia sólo al patrón y no podían abandonar la hacienda. Para colmo de males, no podían ejercer sus derechos civiles, porque el derecho a votar era vigilado por sus patrones, al marcar el voto bajo preferencia del terrateniente.

Estas limitantes, que fueron el llamado “voto cautivo” en el campo, llevaron a que los campesinos estuvieran sin la posibilidad de exigir derechos. La puerta a estos cambios surgió a fines de la época de los cincuenta, cuando se instauró la cédula de votación, el reemplazo de los votos marcados y la presión internacional de organismos como la FAO y Estados Unidos, que señalaban que para impedir el florecimiento de revoluciones en América Latina era necesario realizar reformas, y entre ellas estaba la reforma agraria. De este modo, en el gobierno de Jorge Alessandri, se promulgó la Ley 15.020 o llamada “ley del macetero” por las pocas hectáreas que llegó a expropiar y distribuir con los campesinos.

A la par, desde los cincuenta, se llegaron a crear muchas organizaciones que buscaban mejoras en el campo, como el Movimiento Campesino Independiente (MCI), la Federación Nacional Campesina e Indígena (FCI), la Asociación Nacional de Organizaciones Campesinas (ANOC), entre otras, fueron organizando a los campesinos hasta llevarse a cabo, en el gobierno de Eduardo Frei Montalva, el 28 de julio de 1967, las dos leyes que permitían la organización sindical de los campesinos y la tenencia y redistribución de la tierra. Llevó esto, conjuntamente, a la polarización en el campo, con las llamadas “tomas” y las “corridas de cercos”. Se llegaron a formar 400 sindicatos y a expropiar 3,5 millones de hectáreas.

Esto, continuado por Salvador Allende, llevó a la expropiación acabando con los últimos recovecos de la antigua hacienda chilena, sumando 6.4 millones de hectáreas, haciendo desaparecer más de 300 años de régimen de servidumbre en el campo chileno.

La dictadura militar, abolió y devolvió parte de los antiguos fundos expropiados, pero comprendió que era inviable volver a la antigua estructura hacendal, cambiando el régimen de tenencia y propiedad de la tierra, pasando a capitalizar y modernizar en términos muy neoliberales el campo, creando polos de negocios, con la exportación de fruta, aboliendo la sindicalización en el campo y disciplinando la mano de obra, proletarizándola, creando las condiciones actuales en el campo hoy.

En honor a esta historia de postración y lucha, es preciso señalar que hoy existen muchas desventajas para la pequeña, mediana empresa en el campo y a los temporeros, al no existir mecanismos de asesoría y crédito como los hubo en los sesenta y principio de los setenta en Chile, al perder las propiedades asignadas en dictadura, al prohibir, perseguir e incluso violar los derechos humanos de los antiguos dirigentes, uno piensa ¿hoy el campo merece mejores derechos? Por cierto, sí.

Hace falta echarle manos al régimen laboral desigual en el campo, la falta de oportunidades a los pequeños y medianos parceleros de prosperar en sus negocios y el nefasto código de aguas, que privatiza el régimen de aguas en Chile, sería bueno conmemorar estos años de lucha, quizás para un futuro darle dignidad a comunidades reprimidas y postradas como la mapuche o la de los parceleros de Petorca, por la sequía hídrica, porque la tierra debe ser para quién la trabaja y no un mecanismo de posesión y control social en ese Chile tan injusto de antes.

*Profesor en Historia, Geografía y Educación Cívica de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE). Diplomado en Patrimonio, Comunidad y Cultura Local, Universidad de Santiago. Amante de la Historia Contemporánea, de la Sociología, la Antropología y la Politología. Taekwondoin iniciado y militante socialista. Aún creo que se puede llevar a cabo la praxis en serio en Chile y el mundo.

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