COLUMNA-NANCY

Esa frase fue acuñada en
Argentina para referirse a
que los responsables del
genocidio no serían
olvidados, como tampoco
serían olvidados cada uno
de los 30 mil detenidos
desaparecidos, ni sus hijos
nacidos en medio del horror
y apropiados por los
asesinos de sus padres.

Por Nancy Guzmán

La muerte llegó antes que el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. La sociedad argentina miraba anestesiada como la Triple A hacía de las suyas asesinando a artistas, intelectuales, abogados laboralistas y dirigentes sociales de izquierda. Al fin, decían esos argentinos "decentes", que no se meten en nada, ellos se lo buscaron. 


El 24 de marzo los tanques aparecieron en las calles y la Presidenta que había administrado la muerte anticipada, Isabelita, fue sacada en un helicóptero de la Casa Rosada.


De allí en adelante, las calles de las ciudades y los campos del norte se transformaron en coto de caza de los "grupos de tareas". Chilenos, uruguayos, bolivianos, brasileños, paraguayos exiliados y bajo protección de las Naciones Unidas fueron detenidos, torturados y algunos asesinados y lanzados a basureros otros simplemente desaparecieron. 


Nacieron como sombra del terror la ESMA, Campo de Mayo, Vesubio, El Atlético, La Cacha, Orletti y otros tantos campos de tortura, concentración y exterminio de prisioneros.


Ese 24 de marzo abrió la puerta a la legalización de la coordinación entre dictaduras del Cono Sur para exterminar a opositores más allá de sus fronteras nacionales, con la venia y ayuda de los Estados Unidos. 


Así fue detenido y desaparecido Francisco Tenório Cerqueira Júnio, el pianista de Vinicius de Moraes y Toquinho tras un concierto en Buenos Aires.

Con ráfagas de bala fue encontrado el cadáver del ex general y presidente Juan José Torres, derrocado por Hugo Banzer y las transnacionales norteamericanas en Bolivia, asilado en Argentina.

De igual manera fue asesinado Edgardo Enríquez el 10 de mayo de 1973 y cerca de treinta chilenos que vivían o estudiaban en Argentina.

Fueron allanadas viviendas donde ACNUR tenía refugiados latinoamericanos.

Los Falcon, las armas, los gritos corrieron a vista de todos los argentinos, pero nadie hizo nada.

La Iglesia Católica purificó con agua bendita los fusiles y los aviones de la muerte, ayudo a los torturadores a extraerles la verdad a esos cuerpos mutilados y bendijo el genocidio.

Los comerciantes engordaron sus utilidades con las alzas de precios sin resistencia. Los empresarios destruyeron los sindicatos, mandaron a los trabajadores más rebelde al potro del tormento, quebraron las empresas y se llevaron las utilidades a países más seguros. 


El terror produjo ganancias. El pueblo argentino perdió.


Hoy que se cumplen 42 años de un hito que tocó la vida de una y más generaciones, que destruyó a la Argentina y la vida de tantos se perdió en la oscuridad del genocidio, solo podemos decir que el olvido predicado a favor del crimen es la ignominia más cobarde. Aún más cobarde son las exaltaciones a victorias malditas surgidas del ultraje y la sangre.


Por eso, "No Perdonamos Ni Olvidamos".


(Foto de los restos del centro de torturas y exterminio Club Atlético)

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