EL-ROMO

Recordado por su
interpretación en el
Chacal de Nahueltoro
y en diversas
teleseries de TVN. 

Romo, tuvo su debut en 1969, donde interpretó a un periodista en el Chacal de Nahueltoro, de Miguel Littin. En total, tuvo roles en una decena de filmes. 

En 1970, además, participó del estreno de La Cantata de Santa María de Iquique en el Festival de la Nueva Canción Chilena, donde fue el narrador de la obra musical interpretada por Quilapayún. 

Romo sufrió como muchos de la prisión y la tortura.

MARCELO ROMO

el Día 11 de Septiembre de 1973.

Por Sergio Trabucco Ponce

Extracto del Libro: Con los Ojos Abiertos de Sergio Trabucco Ponce de LOM Ediciones.

 
El golpe: Muere el presidente Allende. En Argentina nace el Grupo Cine de la Base.

Un inusual movimiento de tropas militares en la madrugada de 11 de septiembre de 1973 alteró los planes del Presidente y los de todos los chilenos.

El 11 de septiembre, Allende muere en La Moneda. Sus últimas palabras:

Tengo fe en Chile y su destino. Superarán otros hombres este momento gris y amargo donde la traición pretende imponerse. Sigan ustedes sabiendo, que mucho más temprano que tarde, de nuevo abrirán las grandes alamedas por donde pase el hombre libre para construir una sociedad mejor.

El golpe de Estado sorprende (por decirlo de alguna manera, en realidad para nadie fue una sorpresa) a quienes son parte de esta historia. Lo sorprendente fue la extrema violencia y el desprecio por la vida con que actuaron quienes tenían en sus manos el poder armado.

Ya para ese momento me había integrado profesionalmente a la militancia y formaba parte de una unidad encargada de la logística, y miembro de la jefatura del GPM 10 Allí se elaboraba el material de propaganda, material editorial y el diario El Rebelde.


En ese trabajo había conocido más profundamente a una de sus redactoras, llamada Faride Zerán. Con ella iniciamos una relación, y hasta el día de hoy aquella redactora de El Rebelde es mi compañera.


(Los Grupos Políticos y Militares (GPM) eran las estructuras en que se organizaba el MIR en unidades vinculadas a frentes de masas. El número 10 correspondía a la cultura. Aquí estaban los cineastas, la TV, la música, la danza, la plástica, etc.)


Ella vivía frente al Ministerio de Defensa. A las siete de la mañana me llama para advertirme de movimientos de tropas y comunicarme que la dirección del partido ya estaba preparándose para enfrentar el golpe.


Hacía no más de dos horas que la había dejado en su departamento, en una ciudad totalmente vacía y en silencio. No se veían militares ni gente frente a La Moneda.


Salí rápidamente hacia Radio Nacional, que aún no estaba tomada.

Me encontré con Faride, que me dijo se juntaría con Marta Harnecker y un grupo de periodistas.

Como a las 7:30, Nelson Villagra, en la «casa de seguridad», recuerda que recibe una llamada telefónica de Horacio Marotta.

..." «Chacal —apelativo de uso general con el que me habían bautizado los compañeros, luego de mi trabajo en el film El chacal de Nahueltoro—, hay movimiento golpista en Valparaíso y aquí en Santiago nos han silenciado la Radio Nacional. Ándate a la planta de la Radio e investiga lo que ha pasado. Allí hay un par de compañeros que están de guardia». Partí en mi citroneta hasta la planta, llevando conmigo una ridícula pistola para matar gatos. No teníamos conciencia a esa hora de lo gruesa que venía la mar. En la planta me encontré con la señora que cuidaba el transmisor, gritándome histérica de susto. 


Por alguna razón el pequeño patio de cemento estaba mojado como si hubieran echado agua a propósito. Entre los llantos de la «plantera» me informé que había venido una patrulla militar, quienes les habían dado una par de patadas por el culo a nuestros compañeros de guardia —menos mal, solo eso— echándolos del lugar. Y con toda simpleza quitaron del transmisor un gran tubo —equipo antiquísimo— y se acabó Radio"....

El MIR había preparado un material en cinta magnética con un mensaje al país del secretario general, Miguel Enríquez.

Por ello se había organizado un grupo dirigido por el actor Marcelo Romo y unos muchachos militantes y miembros del conjunto folclórico «Huiracocha», que dirigía el coreógrafo mexicano Rodolfo Reyes Cortez, uno de los cuales era César Espinoza-Drust, el radiocontrolador, encargado técnico de hacer la transmisión desde cualquier radio que estuviese activa y pudiese ser tomada.


En el auto de la periodista Manuela Gumucio, un Austin mini azul, se inicia la toma de varias radios, llevando la cinta y una grabadora Grunding, que debe de haber pesado unos 80 kilos. A pesar de haber logrado tomar varias emisoras, las transmisiones técnicamente fueron fracasando y la misión terminó mal, en medio de balaceras, en una población de Santiago.

"Nelson Villagra recuerda que la situación era confusa a esa hora. Nadie podía dimensionar con claridad la profundidad del golpe. Solamente cuando escuchamos a Allende por Radio Magallanes, supimos cabalmente que habíamos llegado a un punto final y se abría una etapa impredecible. Sin duda no estábamos preparados para enfrentar los acontecimientos. Lo digo porque cuando retiramos las armas y documentos —entre ambas cosas, un abultado cargamento—, alguien dijo «adónde llevamos esto». Supongo que nos miramos haciéndonos la misma pregunta. Y en una respuesta inefable, Marotta dice: «Carguémoslo en la citroneta del Chacal».

Y claro, en medio de una batalla los jefes no pueden discutir ante los soldados (Marotta y yo, ambos pertenecíamos a la jefatura del G-10), de manera que «sí, a la citrola», dije. Cargamos todo en la citrola que estaba a las puertas de la emisora. La X-330 casi se levantaba en la parte delantera con el peso de la carga. Serían las 11 de la mañana. Hasta calle Monjitas casi esquina con Miguel de la Barra —domicilio de la Radio Nacional— se escuchaban los disparos, que al parecer venían desde el Barrio Cívico, por allá por La Moneda.


Montamos en la citroneta. Yo no recuerdo que hubiéramos tenido un destino adonde dirigirnos. Tampoco recuerdo si con Horacio nos dijimos alguna palabra. Simplemente partimos, con fusiles, algunas granadas, quizás alguna metralleta…, y documentos mil. Pero, en fin, como a veces «los hados» suelen existir, comenzamos a subir por Monjitas atravesando Miguel de la Barra. Y de pronto, poco antes de llegar a Villavicencio diviso en esa esquina a mi querido e inolvidable amigo Fernando Bordeu —actor, pareja en ese entonces de la actriz Marés González— quien, paradojas, se había quedado a dormir —indebidamente— en casa de una amiga. No lo pensé dos veces: «Fernando, gordo, querido amigo. Tenís que hacerme un favor más grande que un buque» (Fernando aún no se enteraba del golpe). «Hola, huevón, qué pasa».

Abreviando la historia: «Gordo, necesito que me guardís unas cosas por unos días». Trasladamos el cargamento íntegro al auto de Fernando, que estaba ahí a la entrada de Villavicencio (en ese tiempo la calle tenía salida a Monjitas).


Aprovecho de rendirle un homenaje a mi amigo Fernando Bordeu, a quien pude ver pocos días antes de su muerte, muchos años después"…

En las calles pude encontrar a algunas de las unidades de lo que se llamaba «fuerza central», equipos de jóvenes preparados militarmente, sin un destino concreto, salvo algunos enfrentamientos en los tres primeros días. Por cierto, estos grupos eran muy reducidos y muy lejos de los «miles» que denunciaría la dictadura. Tampoco estaban por ninguna parte los miles de «extremistas extranjeros» que la prensa había difundido en sus titulares.


En unas horas vendría el «toque de queda» y debimos quedarnos en una casa de seguridad con el periodista Horacio Marotta, el actor Nelson Villagra y un muchacho que era dirigente en la ciudad Punta Arenas, de paso por Santiago. En realidad, la casa de segura no tenía nada. Era del sociólogo alemán Axel Frankel, también vinculado al MIR"...

Con Horacio Marotta nos encargamos de recuperar, desde la población donde había quedado botado, el auto de Manuela Gumucio, que encontramos semidesmantelado y sin la inmensa grabadora. 


Manuela tenía a su hijo Marco Enríquez de pocos meses, hoy dirigente político.

Fueron días muy duros; nos iban llegando las informaciones cada vez más dramáticas de la ferocidad de la represión a un pueblo desarmado, y debíamos asegurar la clandestinidad de muchos rostros conocidos de la cultura, lo que se fue haciendo insostenible.

En esos días y los que siguieron, me di cuenta de las dificultades objetivas que tendrían los militantes de rostros conocidos del teatro o el cine, y propongo a la Dirección que se autorice a ciertas personas a salir del país, a contar lo que estaba ocurriendo y a trabajar en las campañas de solidaridad. Al primero que propuse fue a Nelson Villagra, que años después me diría: 


..."Sergio Trabucco, «flaco», quiero decirte que tuviste razón cuando planteaste al interior del MIR que era mejor que yo saliera del país. Siendo una cara conocida, resultaba un peligro para todos los compañeros con los que tenía que hacer contacto en diferentes puntos, en los días posteriores al golpe. Sería más útil en el exterior, buscando solidaridad entre artistas e intelectuales, planteaste. Me sentí segregado, disminuido en mi honor de combatiente en el primer momento cuando lo dijiste. Pero tenías razón"...

Por ejemplo: Marcelo Romo (parte 1)

https://www.youtube.com/watch?v=ZrvMDL04z0E

Por ejemplo: Marcelo Romo (parte 2)

https://www.youtube.com/watch?v=Xyl9jYi6c2I&feature=share

HOMENAJE A MARCELO ROMO 1941-2018: LOS MEJORES ACTORES DE CHILE

https://www.youtube.com/watch?v=bhaIbVv_AY8

NOTAS ANEXAS DEL DIRECTOR HORACIO MAROTTA

 

Publico tu nota en homenaje a Marcelo Romo

 

Ya lo discutimos por el FB pero este capítulo de tu libro adolece de muchos errores, importantes.

ACA AGREGO LA VERDAD DE LA MILANESA PARA NO IR DESMINTIENDO PUNTO OR PUNTO.

Nelson, nuestro querido “Chacal” está vivito y coliando, ahí en Canadá.  Es colaborador habitual de Clarinet.cl

Conservaos una amistad indisoluble.

MI 11 DE SEPTIEMBRE 1973

HORACIO MAROTTA·SÁBADO, 9 DE SEPTIEMBRE DE 2017

A propósito de un libro recientemente editado en que varios colegas han escrito sus vivencias de ese día, y al que yo no fui invitado a participar, voy a despachar mi testimonio de lo vivido yo, y muchos camaradas entrañables. Además de clarificar una serie de versiones falsas que se han publicado.

Por Horacio Marotta R.

Mi historia del 11 comienza un poco antes, el día después del tanquetazo frustrado, que claramente fue un ensayo general de lo que ocurriría el 11 y de parte de ellos, como resolver las contradicciones internas y como evaluar la capacidad de respuesta del Gobierno los partidos de la UP, el MIR el pueblo en general.

Ese día compramos la Radio Nacional, en una reunión digna de una película, con Miguel y el Baucha y yo, sentados en una mesa con el dueño, ellos poniendo sobre la mesa sus pistolones y yo con una maleta llena de dólares y contratos a firmar.

Ya se había conversado antes, no hubo dramas ni pesos más o menos. Se firmaron los papeles legales, no se contó la plata, estábamos entre “caballeros”.

El pidió que se mantuviera el personal de planta de la emisora que no eran muchos una familia que vivía ahí, daba de comer al personal, un par de radio controladores y un chileno que se las daba de mexicano y que llenaba varias horas de la trasmisión matutina.

Estuvimos de acuerdo en todo, nos despedimos cordialmente y nos hicimos cargo de la emisora, con un inventario de todo lo que existía.

En pocas horas armamos un equipo para hacer funcionar el medio a nuestra pinta. Gladys Díaz se hizo cargo de la jefatura de prensa. Ernesto Carmona se hizo cargo de la gerencia general y administrativa.

Yo era el jefe político de toda la estructura de comunicaciones del partido y jefe del GPM que contenía a periodistas, cineastas, músicos, El Rebelde, diseñadores, fotógrafos, etc.

Aunque administrativamente en mi cargo dependía directamente de la CP, mi jefe era el Baucha, tenía reuniones casi diarias con la CP completa o con Miguel.

El equipo de periodistas de El Rebelde duplicó su pega para trabajar en la radio.

Teníamos además un refuerzo de otras estructuras en torno a la defensa del local, día y noche y de la planta trasmisora.

Se temía más un asalto de los fachos de Patria y Libertad, aún no había un claro olor a golpe.

El “mexicano” siguió con su programa matinal y nos tomaba el pelo entre ranchera y ranchera… ”Acá andas estos cuates mostrando sus pistolones” decía, pero era buen gallo y su programa tenía mucho éxito en clases populares.

Lo interrumpíamos a menudo con algún noticiario para matizar.

El lunes 10, hubo una reunión del Comité Regional Santiago, que en ese entonces presidía el Dago Pérez. En esa instancia nos reuníamos todos los jefes de los GPM de Santiago. En aquella ocasión vino el “Pelao” Moreno a dar una cuenta y un instructivo de la CP.

Hasta ese día el partido completo, en todo Chile se mantenía acuartelado y expectante, los dirigentes en casas de seguridad, las bases reunidas en sus locales.

La cuenta de Moreno, de la CP, fue que la situación se había descomprimido, que al día siguiente Allende haría un discurso en la UTE, llamando a un plebiscito en el cual incluso pondría su cargo a disposición del pueblo. Según nuestra CP, Allende había claudicado y por tanto estaba evitando el golpe inminente.

Habíamos dos periodistas en ese Comité Regional: El Pepone Carrasco y yo.

Ambos paramos el dedo para discrepar del análisis y sostuvimos que, al contrario si el golpe estaba programado para el 18, lo iban a adelantar para impedir el llamado a plebiscito.

Nos dijeron que estábamos locos, a pesar de esgrimir todos los antecedentes que teníamos, que eran potentes y seguros.

En fin, el MIR completo se desmovilizó totalmente esa tarde.

Yo regresé a la radio y recuerdo haber llamado a una asamblea con todos los camaradas para darles las instrucciones emanadas de la CP, y además decirles que personalmente creía que era un grave error.

Finalmente se me ocurrió invitar a todos a una “última cena”, que podría ser una celebración si la CP tenía razón, o una despedida si no la tenía.

Nos fuimos a un chino ahí cerca, en cale Merced. Era como el top chino de la época.

Yo, después de un par de años de andar por la calle con maletas de plata (la inflación era grave) para pagar en efectivo todo, imprenta de El Rebelde, arriendos de locales, actos en el Caupolicán, y muchos etcéteras, había finalmente logrado abrir un cuenta corriente en el Banco Español, merced a un camarada que trabajaba allí (hoy exitoso pintor).

Tenía saldo como para pagar el festín y creo que fue el último cheque que giré, pensando que en la buena, la CP me rellenaría la cuenta, y en la mala mejor gastarlo hoy porque mañana ya no se podrá.

A esa comida, que fue festiva y regada, incluso llego el Baucha. Fue entrañable, hermanable, como presintiendo que era una despedida de los buenos tiempos y que se venía la dura, nunca pesamos que iba a ser tan y tan dura.

Alguien por ahí, a quien no quiero nombrar porque me da pena, escribió por ahí algo sobre esa noche tergiversando todo sin nombrarme, como que yo ya no existía, en fin, cuando el apasionamiento nubla la razón, hay quienes se prestan para difundir carroñas y mentiras.

En este caso, y después de tantos años hay muchos testigos que pueden confirmar lo que cuento en estas líneas.

Otra falacia que he visto publicada por ahí por los mismos que no quiero nombrar es que mi hermano, amigo y camarada Augusto Carmona alguna vez estuvo en la Radio Nacional.

Mentira absoluta, Se mantuvo como jefe de prensa del Canal 9 hasta pocos días antes del golpe cuando fue entregado.

El era mi segundo de abordo en la estructura de comunicaciones y dirigía en directo las bases de periodistas.

Me reemplazaba a veces en el Coité Regional cuando yo, por mucha pega, no podía asistir.

Se mantuvo como mi mano derecha hasta la crisis en que yo renuncie a la dirección por la prepotencia del topo 1, haciéndose cargo de mi estructura y, por ello, siendo asesinado a mansalva.

Salimos de ahí, cada uno pa su casa tipín 1 o 2 de la madrugada, todos bastante borrachos.

Llegué a mi casa ahí en el barrio Bellavista, muerto pero alerta, convivíamos en esa casa yo, el Klaus que era un cooperante alemán que trabajaba en el agro y la Celeste Meersson. (Que ese día estaba en Concepción).

Me acosté a dormir, cosa que duró muy poco. Sonó el fono, sonó y sonó, Klaus finalmente lo contesto… “Es para ti”…

Y era nada menos que uno de los pobres estudiantes que con unas pistolitas de morondanga, vigilaban nuestra planta trasmisora en Quilicura.

“Llegaron los milicos se llevaron los cristales nos llevaron detenidos pero el teniente se apiado y no bajó en medio de la carretera””… acabo de encontrar un fono público pa avisarte…

CHUCHAS, ALARMA GENERAL.

Fono directo con le CP, con el Miguel, le cuento lo que pasa, además de otra llamada de la sublevación de la marina en Valpo.

Me di a ducha helada intentando despertar del todo, contactarme con los que me podía contactar vía fono de la estructura.

Y de ahí a la radio, Sin poder trasmitir, Hubo un intento de nuestras ”fuerzas especiales” de ir a apoderarse de otra emisora, en este caso la Radio Cronos, que daba la hora y nada más y que nadie se iba a poner a acallar. No funcionó.

Escuchábamos los bandos y los ultimatums, el toque de queda que comenzaría a regir dentro de un par de horas…

Ernesto Carmona, que logró retornar desde el sur donde iba mandatado para comprar 2 radios más, con maleta de dólares, dijo que él se hacía cargo de la radio que nos lleváramos documentos y cosas importantes Y así lo hizo hasta el final.

No solo acompañó a la Mireya Latorre a sacar al “Perro” Olivares de la morgue (suicidado en La Moneda) y darle sepultura digna, si no que terminó cerrando el giro de la radio, pagándole a todos los funcionarios sus finiquitos. Un genio.

Mi homenaje eterno. Se las jugó hasta donde pudo y luego se las arregló para obtener apoyo para salir a Argentina y de ahí ir a un exilio a Venezuela.

Me reuní con todo los que estaban, incluidos nuestros “guardias” y les dije que tenían que irse, que camuflaran sus armas, que pasaran piolas, que no provocaran…

El resto del personal todos pa sus casas, a esperar órdenes por las vías regulares.

Y de ahí evacuamos la radio, a patita con la Gladys Díaz, con su hermana que había llegado a pedir refugio si saber donde ir y con el Nelson Villagra.

Cruzamos el Mapocho ya con un puente vigilado por milicos, conscriptos, jovencitos, íbamos piola hasta que uno de ellos se acerca y dice, “Tu eres el chacal, gran actor, eres mi preferido”…

Apúrense en llegar a casa que se viene el toque de queda.

Chaaas, ahí yo descubrí que clandestinizar el Nelson en Chile era imposible e inicié mi campaña de que está bien que el MIR NO SE ASILA, pero con ciertas salvedades. Pasó lo mismo con el Pato Manns.

Llegamos a salvo a nuestra casa, segundo tercer piso y terraza.

Desde ahí vimos lo aviones bombardeando la moneda. Ahí nos enteramos de la muerte de Allende. Desde ahí ya en el anochecer vimos los tanques en el Forestal disparando contra el Palacio de Bellas Artes donde un par de militantes con unas pistolitas se defendían Hasta hoy están los tiros en el muros del museo como testimonio de la barbarie´

Ahí estuvimos encerrados los 3 días de toque de queda. Teníamos chancho chino y algunas verduras. Intentamos hacer pan y no nos resulto, igual nos comimos unas piedras casi indigeribles.

Comenzamos a deshacernos de pruebas y documentos que nos llevarían al paredón.

Hicimos fogatas en la tina del baño pero era inaguantable además de que el humo salía pal barrio.

Salimos un par de veces de noche, en pleno toque de queda, hasta la casa de un artista militante que vivía a una cuadra, y que tenía patio, con sacos de papeles a quemar. Íbamos arrastraditos por el muro, era una calle muy poco concurrida.

Finalmente se nos ocurrió hacer un barretín bajo la escala, ahí guardamos mi pistola, libros, la colección competa de El Rebelde y de Punto Final y otras reliquias.

Ahí quedaron para siempre. Nunca más después del retorno a la democracia logramos coincidir con los actuales dueños de esa casa, que en ese entonces era de una alemana.

Supongo las reliquias seguirán estando ahí bajo la escalera.

Con el Klaus seguimos siendo amigos entrañables a la distancia, que decir con Nelson, con la Gladys no se sabe, a veces si, a veces no… Ella sabrá por qué

ClariNet

http://www.clarinet.cl/nuevo/index.php/ddhh/memoria/4459-contar-el-11-siempre-es-sorprendente

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