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SER-PACO

Por donde se mire, ser
carabinero hoy es una
afrenta a la condición humana.

Por Ricardo Candia Cares

Es imposible calzar el derecho a ganarse la vida, con un oficio, trabajo, profesión o lo que sea, que implique golpear, castigar, torturar, lacerar, matar a otras personas, al margen de la ley que juraron defender y respetar.

¿Un Policía profesional que asesina por la espalda a un mapuche indefenso y luego intenta encubrir su crimen? ¿Un grupo de policías expertos en “inteligencia” que arman una falsa operación para incriminar a personas inocentes? ¿Tropas policiales que salen a la calle a disparar a la cara a los manifestantes pacíficos? ¿generales que se roban miles de millones de pesos de la institución?

¿Qué es todo eso?

Tal cual se muestran, Carabineros de Chile es un cuerpo armado definido para la defensa de los poderosos que en algún momento quedó fuera del control democrático.

Si es que alguna vez hubo alguno.

Una legión de tonton macuote que malentienden la disciplina, el orden y la seguridad. Que permiten que la doctrina en la que basan su adiestramiento, decir formación es una injusticia, le ofrezca una buena instancia de justificación para lo que no tiene ninguna.

Una de las primeras medidas de un gobierno democrático deberá ser la disolución absoluta y completa del Cuerpo de Carabineros y la persecución penal, no solo a los mandos y jefes sino que a todo agente de la tropa que se haya envuelto en acciones criminales como tortura, disparos a mansalva, tratos crueles, degradantes y denigrantes, violaciones, abusos sexuales, vejaciones y violación de los derechos de las personas.

Carabineros tiene una deuda de dolor inmensa con el pueblo chileno y no hay otra forma de resarcirle que mediante un juicio hecho a cada uno de los uniformados involucrados en hechos deleznables.

Especial responsabilidad tiene en los hechos que han recorrido el mundo con sus imágenes de espanto, el Director General Mario Rozas, quien se ha burlado de las víctimas, de la verdad y de la supuesta democracia en la que vivimos, cuando ha debido enfrentar las preguntas de los periodistas.

El general Rozas no le va en zaga aquel  carabinero traidor que ha quedado para vergüenza de su estirpe como el general rastrero más infame de la historia, cuya responsabilidad en crímenes atroces jamás se borrará de la memoria de la gente decente de este país.

La tropa policial está absolutamente fuera de control y bajo el mando de jefes que no atinan a nada más que no sea disparar, gasear, golpear a diestra y sobre todo a siniestra.

La conducta operativa de Carabineros, que no está adecuada al funcionamiento de la democracia, se ve notablemente afectada por su odio contra todo lo que no entiende.

Un Carabinero con rabia incontrolable da cuenta de una letal falla en la formación del personal o un error en su selección.

Si hay una deuda de los políticos de la Concertación en este lapso que ahora tiembla, es su nefasta dejación en el cumplimiento de la obligación moral de haber aseado a las Fuerzas Armadas de la cultura de represión, anticomunismo, matanzas, el clasismo y el racismo de la que hacen gala a cada paso de ganso que dan.

Los innumerables hechos de corrupción y los delitos de gran escala cometidos en contra del erario público que han sido denunciados e investigados, cometidos por altos mandos de las ramas de la defensa nacional y de carabineros, indican que en esos oficiales no se han educado en los conceptos de la probidad, el honor, la decencia y la rectitud con los que hacen gárgaras a diario.

La corrupción sistemática y a gran escala indica que en los cuerpos armados el pinochetismo está vivo.

Solo por actos de corrupción el Cuerpo de carabineros ha perdido en dos años a cuarenta y siete generales.

La cifra robada al erario público en el llamado Pacogate, se calcula a ojo de buen cubero en veintinueve mil millones de pesos. Las acciones delictivas de esos mandos, los arreglines con proveedores y la maraña increíble de corrupción que lo corroe, lleva casi ciento cuarenta oficiales procesados.

Eso que intenta ordenar las cosas en las calles es una institución enferma de corrupción, sin control, sin mandos profesionales, sin idea alguna del derecho de las personas, y a quienes la vida humana les importa nada.

No. Ser carabinero en el Chile de hoy no es precisamente un hecho que cubra de honor.

ClariNet