COSACO

Miguel Krassnoff Martchenko,
el orgulloso militar que posaba
de noble ante sus compañeros
de la Escuela Militar, de ser hijo
privilegiado de cosacos rusos
que había derrochado heroísmo
defendiendo a la nobleza de los
marxistas, hoy está condenado
por crímenes de lesa humanidad
y no volverá a pisar
una calle mientras viva.

Por Nancy Guzmán

Esto no lo ha rendido, ni ha rendido a los civiles que lo apoyan y alientan acciones para exaltar su nombre y sus crímenes de lesa humanidad, presentándolos como ejemplo de "heroísmo y entrega a la Patria". 


Hoy desde su página en Internet maneja los hilos en el exterior. En su encabezado se lee: "Pese a las acusaciones, mantengo en alto mi ánimo y mi inquebrantable fe en Dios. Que todos sepan que soy un cosaco y me siento orgulloso de ello, mismo sentimiento que guardo por usar el uniforme de Oficial del Ejército de Chile. Soy un Soldado al que han transformado en un perseguido político, pero no en un militar chileno derrotado, ni mucho menos en un cosaco postrado."


Las arengas son múltiples, como esta que llama a la "Libertad al Brigadier Miguel Krassnoff, héroe del Ejército de Chile en la lucha contra el enemigo marxista; desde hace varios años encerrado cual delincuente, víctima de la venganza diabólica de la Bestia Roja.


"En el nombre de Cristo: libertad al Brigadier Krassnoff y a todos los militares presos políticos!


"¡Viva Chile!"


O la carta a sus abogados donde les dice que otros tenientes como él entregaron su vidas y sus destinos "para precisamente defender los Derechos Humanos de todos los habitantes de nuestro país conculcados violentamente por individuos seguidores de determinadas doctrinas y dogmas que tanto horror causaron a la humanidad y que hoy, desgraciadamente, podemos comprobar como perseveran en sus afanes de continuar aterrorizando con sus actos al mundo entero."


Un asunto peligroso, si se considera que ese discurso solo alienta a quienes hasta hace muy poco tiempo guardaban silenciosos apoyos a los genocidas y hoy comienzan a lucirlos orgullosos, incluso desafiando la obediencia al poder civil con actos de homenaje en un recinto militar. 


No hemos cumplido el medio siglo desde que la muerte recorriera de norte a sur el país y tenemos a un predicador de ella vociferando a sus huestes. No podemos quedarnos tranquilos y llamarlo solo negacionismo a lo que es una inquietante apología y exaltación de los crímenes contra la humanidad cometidos durante los años de la dictadura cívico-militar.


Quienes hemos vivido más de medio siglo sabemos cómo comienza la historia y dónde termina. 


Tenemos claro que tantos años de impunidad han permitido que los genocidas tomen la delantera, circulen sin problemas por las calles burlando a la justicia (caso Ricardo Lawrence), reciban ellos y sus familiares jubilaciones millonarias y salud de primera. 


¿Por qué Krassnoff?


Krassnoff encarna la visión fascista más pura y dura dentro del Ejército en la dictadura cívico-militar: clasista, racista y anti-marxista. Era la versión Kast al interior de la DINA. Siempre correcto, bien vestido, buen corte de pelo, manos blancas impecables y solía elegir a detenidos para conversar, entre torturas y torturas, sobre política. Le interesaba la política y vanagloriaba de ello. 


Era temido, odiado y amado. Los propios agentes de la DINA le temían. Sus compañeros de escalafón lo odiaban por prepotente y creerse de una clase distinta a la de ellos, así lo confió Maximiliano Ferrer Lima en una conversación realizada en el Penal Cordillera el año 2007, agregando que le decían el "Príncipe", a modo de burla. Admirado por Manuel Contreras, a quien solía invitar a privadas tertulias. 


Usaba el nombre de "Alberto" y nunca torturaba por mano propia, daba las órdenes y dirigía el interrogatorio. Muchas veces no hablaba durante los interrogatorios para pasar inadvertido, solo daba las órdenes por señas. Otras veces buscaba empatizar con el torturado haciéndoles preguntas familiares o personales y mostrándoles su rostro. 


Solo una vez rompió todas sus reglas, fue para la detención de Diana Arón. A ella la torturó con sus propias manos y salió gritando "¡Además de marxista esta conchesumadre es judía!", llamando la atención porque jamás decía garabatos en público y tenía las manos con sangre, las que lavó en el tambor de agua, donde sacaban para que bebieran los detenidos.


Este cosaco de la muerte hoy reclama porque no se le ha respetado la presunción de inocencia, el debido proceso y prescripción de las causas por crímenes de lesa humanidad.

No recuerda que secuestró amarrados y vendados a mujeres, a menores de edad, a hombres y personas mayores, que todos ellos padecieron torturas inenarrables y muchos la muerte y la desaparición. Tal vez no eran seres humanos para el brigadier. No recuerda que robaba el dinero de los militantes secuestrados y que nadie le ha hecho un juicio porque ese delito tiene prescripción, no así los crímenes que lesionan a toda la humanidad por su barbarie. 


No hay que minimizar estas voces que replican los discursos del pasado. Ellos aún tienen eco en el presente.

Recordemos que Bertolt Brecht decía que "La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer". Vivimos el momento preciso del nacimiento de una nueva crisis y su resolución solo dependerá de cómo vamos entendiendo el proceso político presente, lo comparemos con el pasado y podremos ver que posibilidades tenemos a futuro. 


A derribar los discursos fascistas que se levantan en el país y el mundo.

ClariNet