CHAQUETA-AZUL

Él llevaba una chaqueta
de ésas que ahora se
pueden comprar en
cualquier parte, pero en
los tiempos de que hablo
se conseguían sólo
de contrabando.

Por Martin Faunes Amigo

Le pregunté por eso cómo era que tenía una chaqueta como ésa, yo también habría querido tener una.

Él me respondió sólo que se la había traído alguien que viajaba a Punta Arenas o a Arica que eran entonces puertos libres.

Se veía guapo con su chaqueta, en realidad él era guapo con chaqueta o sin chaqueta. Un tipo interesante que se notaba de convicciones profundas, las mismas mías que yo compartía, claro que él las ordenaba de manera más clara y las podía explicar con una voz también profunda. Fue tal vez por eso que consiguió enamorarme. 


Un día que íbamos por ahí y empezó a correr viento, él sin decirme nada se sacó su chaqueta para abrigarme con ella y no me la pidió después de besarme en la puerta de mi casa. Esa noche me quise acostar con su chaqueta puesta. Tenía olor a él, me hizo sentir que dormía con ése, su dueño, el de la voz profunda. 


Al día siguiente me la puse para ir a la universidad, y la llevé puesta también los días que continuaron, mis amigas se morían de envidia. Cuando volvimos a vernos me llenó de piropos y frases graciosas, como que con esa chaqueta me veía majestuosa, y cosas como ésas.

Tonterías que a una la hacen feliz, pero lo más bueno fue que no me la pidió de vuelta, creí por eso que tal vez quería regalármela, o si no regalármela al menos que la usara cuanto yo quisiera aunque me quedara grande. Por eso, pensándola propia, de vuelta en mi casa la ajusté para acomodarla a mis medidas. Aproveché de lavarla bien, porque le encontré unas manchas y le pasé un poco de lija para despintarla.


Me había invitado ese fin de semana para pasarlo en una casa que le habían prestado en Llolleo, cerca de San Antonio. Partí a encontrarme con él, iba lógicamente con la chaqueta puesta y algo nerviosa porque no sabía cómo él reaccionaría. Cuando me vio con su chaqueta así ajustada, puso cara de entre seriedad y sorpresa. En otras palabras, no me la había regalado, pero yo creía eso. Por suerte lo tomó a la risa y me perdonó haciéndome cosquillas, él siempre me hacía reír haciéndome cosquillas. Esa fue la primera noche que pasamos juntos, fue muy lindo, él quiso que le modelara así desnuda sólo cubierta con su ex chaqueta azul de mezclilla. 


Nos fuimos a vivir a una casita bastante humilde. No necesito decir lo felices que fuimos, y nuestra felicidad creció aún más cuando tuvimos un niño, todo se nos hizo entonces maravilloso, incluso a pesar del peligro que un par de años más tarde empezamos a correr a causa de esas convicciones que compartíamos.


Cosas raras que a veces se nos ocurren, fíjense que en medio de todas esas situaciones peligrosas con tantos amigos que se perdieron, yo quise que ese niño lindo tuviera un blue jean con tela de mezclilla azul como la de la chaqueta y no lo dudé ni un segundo. Tomé no más tijeras, y con aguja e hilo yo misma se lo hice con la mezclilla de esa chaqueta que había sido suya. 


No me fue tan difícil, las piernas se las hice casi directo cortadas de las mangas. Lo que más me costó fue la pretina, tuve que medirla muy bien para aprovechar el botón de bronce incrustado que llevaba. Me quedó perfecta, le hice incluso un marrueco diminuto. Él cuando vio al niño con ese blue jean hecho de su chaqueta casi se vuelve loco, se lo quiso comer a besos. A mí también.


Ha pasado tanto tiempo, linda nuestra vida a pesar de esos tropiezos que muchos como nosotros pasamos. Mis amigas me aconsejaban diciendo que él debía ir vestido con un traje oscuro. 


“Tendrás que ponerle el terno más elegante que tenga”, decían, en realidad no eran consejos, sino más bien mandatos. No le hice caso a nadie, partí a comprar una chaqueta de mezclilla igual a la que él llevaba cuando lo conocí para que con ella puesta cerraran su urna.
MARTÍN FAUNES AMIGO 
www.martinfaunes.com