HOJAS-LEGIONARIOS

El fallecido diputado sanmiguelino,
Mario Palestro Rojas, al inicio de
nuestro lento regreso a la
democracia, decía que el Partido
Socialista resurgía como una
simple Legión Extranjera.

Por Enrique Gutiérrez Aicardi

Indudablemente Mario, que fue mi amigo, se refería a que el PS de la transición postergó a los suyos en aras de recoger los saldos y retazos de otras colectividades sin preguntarles por su pasado, tal como se hizo por décadas en ese cuerpo militar francés, una suerte de poderosa superpolicía colonial que hoy París, usa especialmente para mantener su presencia en el África subsahariana, donde en el siglo XIX y la primera mitad del XX, era quien roncaba.

La comparación de Palestro, que le costó su militancia y al PS le significó su posición de izquierda, era afortunada por los hechos mondos y lirondos -a él lo echaron dirigentes que de socialistas no tenían nada, que venían del radicalismo, la Democracia Cristiana o de quizás dónde-, pero lo que Mario no sabía ni yo tampoco hasta hace poco, es que Chile tiene lazos discretos y acotados pero estrechos con la Legión aquella, esa de los soldados con una gorra blanca tan característica.

  

Incluso desde el 2011, se conmemora en Santiago una de las peores derrotas legionarias, cuando Napoleón III intentaba en 1863 imponer a México un emperador austriaco, Maximiliano.

Lo que se podría traducir como el Círculo de Amistad de los Viejos Legionarios que se reúne cada 30 de abril en un poco publicitado Mausoleo de los Veteranos Franceses en el Cementerio General de Recoleta.

Recuerdan el combate, ese día en que un destacamento mexicano inferior en armas pero superior en efectivos, aniquiló a una compañía europea, pequeña pero dotada hasta con artillería, de la cual los soldados de Benito Juárez carecían.

El contingente mexicano quería apoderarse de un tesoro que en 64 carretas se enviaba al puerto de Veracruz, víveres y tres millones de francos en oro y otros metales.

El coronel Pierre Joseph Jeanningros, al mando de la Legión Extranjera en el país del norte, fue informado por sus espías de lo que tramaban los defensores del suelo mexicano y mandó a la 3ª compañía, fuertemente armada, a detener a los patriotas en el poblado de Palo Verde.

Iba al mando de dicha compañía el capitán Jean Danjou, hombre con una mano de palo, la suya la perdió previamente en Argelia, compuesta por una batería de cañones, 62 soldados de infantería y tres oficiales, es decir, Danjou y los tenientes Maudet y Vilain.

Los mexicanos, con viejos fusiles de una sola bala y mucha caballería dotada de machetes, atacaron con vigor pese a los cañonazos que recibieron. Danjou se refugió en una construcción de la hacienda Camarón, rodeada por un  muro de tres metros de alto.

Los mexicanos lograron incendiar el edificio y al mediodía Danjou murió de un balazo en el pecho, mientras que el teniente Vilain dejó este mundo dos horas después. No obstante, sus soldados continuaron resistiendo a pesar de quedar solamente un puñado sin heridas. A las cinco de la tarde se mantenían en pie 12 legionarios a las órdenes del teniente Maudet. A las 18:00 se quedaron sin munición y los supervivientes cargaron a la bayoneta, en un rasgo de rabia y soberbia por haber sido derrotados por mestizos e indígenas.

Al final, estos les perdonaron la vida y les dejaron ir llevándose incluso la mano de palo. Para Francia, tan escasa en victorias militares tras los heroicos tiempos de la Revolución y de Napoleón I, esta escaramuza trágica fue una confirmación de los mitos de la Legión, hombres fieles a su juramento, valientes y dispuestos a perder la vida antes que el honor, un hermoso cuento de hadas.

La Legión nació en los años de 1830, conformada por la hez de Europa -por eso no había preguntas sobre el pasado de sus voluntarios, los que daban cualquier nombre al enrolarse-, mercenarios destinados a hacer el trabajo sucio de las conquistas coloniales galas, aceptándose a asesinos y truhánes de toda calaña, algo que se mantuvo hasta el siglo pasado. Por eso, pasaron por sus filas desde republicanos españoles derrotados por el franquismo (los únicos decentes) hasta soldados del ejército hitleriano necesitados de refugio ante los crímenes cometidos en Europa. 

   

A la derrota en Veracruz se le llamó Camerone y ahora se la recuerda hasta en nuestro país con la presencia de legionarios que viven en Tahití, las marchas del orfeón de la Escuela de Suboficiales de Carabineros y los voluntarios de la Cuarta Compañía de Bomberos, la Pompe France de nuestra capital. ¿Quién se lo iba a imaginar?

Debo confesar que tuve unos soldaditos de plomo con el uniforme azul y blanco y a los 17 años, cuando me peleé con mi madre viuda y me quedé en la vil calle, contemplé la idea de unirme a la Legión, donde seguramente mi siempre escaso estado físico me habría impedido ingresar, pero luego deseché la idea y seguí a medias estudiando, a medias trabajando y soñando de tiempo completo con un vasto surtido de delirios de grandeza que nunca dejaron de ser ilusiones.

Sin embargo, otros compatriotas sí han logrado vestir aquel uniforme de dudosa gloria. Incluso en estos años se publicó en el Austral de Temuco el siguiente relato: "Conversamos con un temuquense que en pocos días emprenderá viaje al viejo continente para formar parte de la emblemática Legión Extranjera y que por un tema de seguridad -que él solicitó-, llamaremos sólo Fernando".

"Cuando llegue a París, me harán lo que se denomina la introducción a la vida militar. Te enseñan las costumbres, el idioma. Esta instrucción dura cerca de cuatro meses. Luego te destinan a algún lado, como la Guyana Francesa, cercana a Venezuela; Córcega, puede ser incluso dentro de París o en África, entre otros lugares del globo, y debes seguir haciendo cursos", comenta Fernando.

"Al comenzar, los efectivos reciben un sueldo de 700 euros mensuales y si es destinado a otro lugar, la suma puede elevarse a los 1.700, ahora, si las misiones son más arriesgadas, pueden pagar hasta el triple de esa suma, obteniendo la jubilación a los 15 años de servicio".

-¿Por qué te vas a la Legión Extranjera?

“-Es una forma de comenzar de nuevo, las cosas acá en Chile no han resultado bien y allá es una buena forma de poder trabajar, y en cierta forma es una vida entretenida y de tener seguridad en el futuro".

-¿Cuáles son tus expectativas?

“-Hacerlo bien, ya que ellos te hacen test psicológicos para determinar para qué eres bueno, puedes hacer muchas cosas ahí, desde músico hasta informático, fotógrafo, mecánico, etcétera”.

Dicen que ya no aceptan malvivientes, solo alocados que necesitan y están en condiciones de corregirse, aunque aún pueden llamarse como se les dé la gana.

Uno que no se cambió el nombre es Patricio Santos Hernández, carne de patíbulo, que hizo las cosas al revés. Ingresó en la Legión y luego se transformó en estafador, dueño en Chile de una pirámide llamada AC Inversions. La jueza del Octavo Juzgado de Garantía, Ely Rothfeld, tuvo el honor de acuartelarlo en la cárcel por sus travesuras.

Santos, que es un diablo matrero, captaba clientes contándoles cuentos sobre el cuerpo militar. Este malhechor nació y vivió en Pedro Aguirre Cerda hasta los 12 años, cuando su madre, huyendo de varios fracasos sentimentales, se lo llevó a Europa, de donde él, al final, se alejó apresuradamente tras algunas pillerías. No mas llegando al terruño instaló su fraudulenta empresa y sus primeros clientes, víctimas mejor dicho, en su gran mayoría fueron conocidos y familiares de Pedro Aguirre Cerda.

Presumido y ostentoso, a la modesta casa de su suegro en la población José María Caro, en Lo Espejo, llegaba en un Audi R8. Cuando presintió que le iban a echar el guante llevó a su esposa e hijos al aeropuerto de Santiago y los embarcó a Buenos Aires. Curioso, pero no recurrió a otros veteranos de la Legión, que como hemos visto no son tan escasos por estos lados y si es menester, los importan de la Polinesia.

Historia poco edificante la de Santos y una confirmación de que a la Legión no solo llegan los que van motivados por el honor, algo que no se confiesa pero que como de mercenarios se trata, de perros de la guerra para decirlo rápido, no es humanamente normal que ocurra. 

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