HOJAS-ANDANTES

Una cosa es liar los bártulos, cerrar
la puerta por fuera, desviar los ojos
al cielo y cruzar la frontera, tratando
de encontrar nuevos horizontes y
probar suerte en otras tierras,
cercanas o lejanas. Otra, muy
diferente, que te echen, porque
sabes que si te quedas, te matan,
como le paso a tantos
bajo la dictadura.

Por Enrique Gutiérrez Aicardi

Los más suertudos de estos condenados por pensar y que intentaron aferrarse a ciudades como Santiago o Concepción, evitaron las balas, pero fueron torturados, humillados y casi en su mayoría, al final igual se fueron de PLR, como se decía en aquellos años cuando el siglo XX se iba consumiendo entre suspiros,  sangre y exilios en esta América del sur, tan nuestra y tan ajena.

Entre aquellos que hicieron premonitoriamente las maletas porque el ambiente opresivo de una ciudad pequeña y una sociedad pérfida, egoísta, elitista y discriminadora, instalada en todo el territorio, se les hizo insufrible, estuvo un locutor de voz gruesa, surgido en Limache y que tenía que trotar para encontrar anunciantes avaros que le permitieran mantener un programita en algunas pequeñas estaciones porteñas.

Sus apellidos eran Arellano Herrera, el nombre, me parece que Renato, tal vez Guido, aunque los dos más me suenan como el que recibió uno de sus consanguíneos, así que en la duda abstente.

Lo importante es que se fue a Mendoza en los años de 1950, cruzó la cordillera en el tren que salía de Los Andes y se arranchó en Cuyo, que le abrió las puertas de par en par. Pudo desarrollarse frente al micrófono a sus anchas y sin tener que dárselas de publicista. Era famoso al otro lado de la cordillera, aunque no más allá de la pampa.

Como contaba su hermano menor Hugo, que tuvo la primera emisora limachina y fue un abnegado regidor de aquella municipalidad, que no conoció horas de descanso y siempre estaba listo para ir donde le reclamaran los vecinos, la colonia chilena residente le bautizó, por molestar, como el Che Moscacha, un doble sentido que no captaban los argentinos, dado que en nuestros países, la misma palabreja significa cosas muy diferentes, como el ají que es chile para los mexicanos y la guagua, una simple micro, para los cubanos.

El Hugo, tras ser apresado en 1973 por la soldadesca insurrecta y maltratado en lo que fue la base aeronaval de El Belloto, que hoy campea en los cerros de Concón, fue a parar a Luxemburgo, el pequeño país entre Alemania y Francia, donde educó a sus hijos y Huguito, el mayor que había perdido un ojo al tratar de defender a su padre, se transformó en un importante funcionario de los organismos paneuropeos.

La diáspora que hoy con frivolidad se trata de olvidar, nos llevó por todo el planeta, en una mezcolanza  de expatriados políticos, económicos y no pocos pata e’perro, esos compatriotas que salen a verificar, sin rumbo ni horario, si es una verdad comprobable que el mundo es ancho y ajeno.

El fenómeno produjo al menos tres efectos principales en los afectados. Entre ellos estuvieron lo que arriesgaron todo por volver, algunos arreglados previamente con los mandamases europeos y enviados, billetes en el bolsillo, a domesticar el izquierdismo subyacente; y otros, los mecha dura, a la buena de Dios y por su cuenta, a ver que se podía recuperar de nuestras buenas costumbres sociales del pasado.

El segundo gran segmento lo componen los que no se atrevieron a volver, por múltiples razones, desde una buena pega hasta una desconfianza severa hacia los uniformes, ambas razones humanamente válidas; y el tercer escalón, son aquellos que van y vienen, que no se sienten ni de allá ni de acá, simples galeotes de las dudas emocionales que sin poder encontrar lealtades ni descubrir raíces, añoran algo eternamente, como un castigo divino, desgarrándose por lo que acaban de dejar atrás y que cuando regresan, a uno u otro lugar, sus ideas y sus amores quedan anidados en el otro, una tortura que he conocido en algunos amigos, incluso en mis hijas mayores, y que no se lo deseo a nadie, entre los decentes por supuesto.

He visto como lo sufren con igual fuerza, colombianos, centroamericanos, argentinos, uruguayos, peruanos, bolivianos, venezolanos, cubanos; en fin, por todas estas latitudes, escasos son los que se libran de esta mecánica perversa del echar de menos lo que tienen por un instante y que no es más que un presente efímero, fugaz como lo es el tiempo, la saudade la llaman los brasileños. Una forma de ayudarles, un poco, ha sido permitirles votar desde el extranjero y poder así, aunque en la distancia, buscar influir en la decisión de los asuntos importantes de la patria lejana.

En nuestro país en un  temor que no me parece muy fundado, la derecha peleo dos décadas por impedir este sufragio que no necesariamente es izquierdoso, finalmente cedió y este 2017 los chilenitos que andan sueltos por allí, si les pica la comezón política, podrán sufragar. El gobierno realizó durante este transpirado enero, saltando entre las llamas de los incendios forestales, un llamado a estos exteriores para que participen activamente del proceso de implementación del voto casi extranjero, el cual debe estar habilitado para las próximas primarias presidenciales del 2 de julio.

Doña Michelle Bachelet realizó incluso un encuentro de chilenas y chilenos internacionales que se juntaron en el Congreso Nacional, y sostuvo que es fundamental difundir las distintas alternativas de la ley que fue promulgada a fines del año pasado, aunque reconoció que las condiciones para aplicarla, como siempre nos pasa en todos los ámbitos, no son las mejores.

"Por fin podemos decir que estamos listos. Es verdad, no es perfecto, Chile no es un país que tenga consulados en cada ciudad, en ninguna parte del mundo, por lo tanto, tenemos que trabajar en las condiciones que tenemos y la Cancillería  ha estado haciendo lo mejor posible para que esto sea una realidad", aseveró.

Luego añadió: “Por eso, es fundamental difundir cómo va a ser este proceso, para que nuestros compatriotas diseminados por el mundo sean parte activa de nuestra democracia. Eso quiere decir de nuestros procesos de elecciones, pero también de la deliberación frente a desafíos como la próxima Constitución”, tendrá acogida en al menos 29 Estados.

Dijo que el proceso de inscripción electoral ya está en marcha, pero camina a la sombra del fantasma de la abstención. Es de esperar que estos compañeros de terruño, se convenzan que en el peor es los casos es mejor votar que chuparse el dedo.

Creo que el Ché Moscacha, de respirar y pese no haber sido profeta por estos lados pero sí allá, habría estado de acuerdo conmigo.

ClariNet