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HOJAS-IBANEZ

Para algunos pensadores,
poquitos, las ideologías de
centro tienen mucho de
concesión a las posiciones
encontradas de la política,
las conservadoras o de
derecha, o las progresistas
y de izquierda.

Por Enrique Gutiérrez Aicardi

Lo que parece muy obvio, pero no es tanto; es decir, como lo cantó Víctor Jara, es un sector de brumas y sorpresas, donde anidan y en cantidad, los que dudan y no aceptan verdades pétreas ni menos consienten en dogmas revelados (algunos hasta no creen en exceso en sí mismos), dado que se trata de un sector que no desea o se niega a ser encasillado acá o allá, que reconoce, sin decirlo, que no son chicha burbujeante de Villa Alegre, empero tampoco, limonada de Cerro Navia.

Esa frase es un certero y gráfico diagnóstico, de acuerdo a un antiguo dicho campesino de esos que le achuntan medio a medio, además de que este sí es absolutamente nuestro, sin lugar a dudas.

Como las agüitas de culén, desaparecidas en el vértigo creado por la llamada industria refresquera (esa que agarra nuestra agua, le pone azúcar y gracias a polvitos mágicos que le incorpora, nos la vende a precio de licor fino), poco se bebe ya la limonada, sometida por las colas, pero como nadie es profeta en su tierra, eso es algo que ocurre universalmente, salvo en los inventores de los líquidos de colores, Estados Unidos y Canadá, donde parece que no todos son lesos, pese a comer mucho pan con queso pero tomando muchas jarras de aguas cítricas caseras, felices y contentos.

Curiosamente o tal vez por esa cualidad de hijo de vidriero, transparente y descolorido, es que los electorados de centro son generalmente la mayoría y reciben los versos de amor de los extremos no tan extremos, porque le patean el hígado a los que lo son más, aquellos que sostienen que avanzan sin transar y terminan convertidos en espejos con patas exigentes, que le niegan el pan y el agua a los que no son igual que ellos, algo que no es posible.

Como la naturaleza, la política necesita de biodiversidad. Cuando esta pasa a la reserva sin sueldo, se cae en la dictadura y sus excesos. Nosotros tenemos ejemplos recientes y trágicos. En la primera mitad del siglo XX, el centro fue representado por la tolerancia masónica, su respeto al pensamiento ajeno, al menos en su doctrina aunque no siempre en la práctica, y su convicción de que la luz no la hace Endesa o como se llame ahora, sino la discusión, el cotejo de las verdades individuales, pasada por el cedazo del sentido común.

Cuando aquellos gobiernos de centro-izquierda se desgastaron en la lija de la corrupción y se vieron apresados por la pelea entre los quiltros grandes, el capitalismo a la manera estadounidense y la URSS, terminaron en el pantano del gobierno de Gabriel González Videla (1946-1952), del que todos salieron embarrados. Dos décadas más tarde, el centro permeado por el miedo a lo desconocido y los intereses personales enanos, abrió el camino a la salvajada ultra capitalista y cuartelera, sembradora de cementerios y panteones sociales y económicos.

Claro que esta vez fue otro centro, aquel refugiado en el cristianismo y su idea motivadora del perdón; en otras palabras, que está dispuesto a condonar al adversario por sus supuestos errores, siempre y cuando este acepte que ha vivido en el error. Si no lo hace, debe enfrentarse al rigor. Sensación primitiva, o tal vez pedestre de nuestra parte, pero que en todo caso terminó en el infierno (una palabra que encaja perfectamente en esta arista de la digresión) del pinochetismo y su brutalidad miliquera.

Jibarizado el centrismo masón, pero en realidad conviviendo de mala gana y mayormente a los codazos con la versión más tibia -socialdemócrata- del marxismo desvanecido al interior de los partidos Por la Democracia y Socialista, el socialcristiano en su versión PDC, es el que la rifa en nuestra realidad y surge este socialcristianismo que se vierte por muchas ranuras, como el contralor vacilante del péndulo de nuestra praxis gubernamental y legislativa.

Eso nos hace constatar que la derecha de la Democracia Cristiana se encuentra en plena ofensiva por sobrevivir, inventando en primer término una lucha contra los comunistas, acusándolos de intentar acelerar una muy discutible izquierdización de la coalición en el poder.

La suposición se dio a conocer en forma grosera, a través de las páginas del ultraconservador matutino El Mercucho, donde el ex ministro del Interior, Jorge Burgos, puso en duda la mantención del bloque oficialista en un nuevo régimen.

Sobre la marcha, el senador Ignacio Walker afirmó: "La Nueva Mayoría no tiene posibilidades de proyectarse hacia un próximo gobierno, dado que perdió su coherencia como coalición debido al voto negativo del Partido Comunista en contra de proyectos emblemáticos del Ejecutivo”, como si muchos parlamentarios DC no hicieran lo mismo cada vez que les da la gana.

Veleta de vientos revueltos, Walker matizó afirmando que ni él ni su partido son “anticomunistas" y que no se arrepiente de haber impulsado el bloque actual.

Hablando por el PC, Guillermo Teillier, destacó la intención de los suyos de seguir adelante en la búsqueda de proyectar al bloque político de cara a un nuevo periodo presidencial. Su colega, Hugo Gutiérrez, tiene inquietudes serias y dice que "me preocupa que Burgos diga con tanta certeza que este es el último gobierno donde el partido Comunista es parte. Me preocupa, porque espero que no esté pensando en aplicarnos la misma receta que a los mapuches: La represión y el exterminio".

Suena duro y tal vez exagerado, sin embargo tras ver lo que pasó entre 1973 y 1989, tal vez no esté de más curarse en salud, aunque la píldora se pase con una limonada.

Sin embargo, el baile no ha cesado. Al no florecer la hiedra del anticomunismo, Genízaro Arriagada, ex ministro de Eduardo Frei hijo, inventó algo más sabroso y carnudo: Una lucha bestial en un partido dividido entre quienes postulan llegar a la primera vuelta presidencial con candidato propio y quienes abogan por participar de unas primarias oficialistas, lo más democrático y sensato.

Inteligente él, pero enfermo de progringuismo, cree que su colectividad debe restarse del proceso eleccionario de la Nueva Mayoría, pues "la casi unanimidad de los dirigentes que conozco creen que en la primaria, el ganador puede ser incierto, pero algo es seguro, que la DC va a ser la gran derrotada y, peor, agravando su pérdida de identidad". Se pasó el Genízaro y ya desatado, agregó que “en ese marco, la idea de ir con un candidato propio a la primera vuelta creo que ya es imparable".

Y como ni él mismo cree lo que augura, consultado por la eventualidad de alinearse con Ricardo Lagos, una frase para el bronce: "Ese es otro escenario, que destruye los anteriores". Como sintió vergüenza intentó racionalizar: "Estoy describiendo lo que puede ser un efecto dominó: Lagos decide ir, el PPD lo proclama, la DC decide hacer lo mismo y tanto en el PS como en el PR no hay fuerzas para resistir, por lo que se suman. Algo muy inusual y que consiste en que un grupo de partidos, cada uno en su estilo, deciden abandonar sus ansias de competencia para respaldar lo que consideran una alternativa republicana superior. Difícil... pero no impensable", completó.

En resumen, como estableció inexorable Jorge Tarud si no hay limones no se puede hacer limonada, aunque él dijo que sin la DC no existe la centro izquierda. Elemental, ñato, porque hoy el centro-centro, como lo definiría Fra-Fra, es la DC, aunque cuídese, porque para allá van el PS y el PPD.

En cuanto al PR, que descanse en paz en alguna viña del señor, porque allá en el cielo, no se cultivan limonares.

ClariNet