HOJAS-LIDERES

Fue aquella la primera vez en
que me fui de tesis y en las
páginas centrales de aquel Clarín
rozagante de mediados de los
años de 1960, cuando el tiraje
dominical rondaba los 300.000
ejemplares, lo que no es poco decir.

Por Enrique Gutiérrez Aicardi

Fue gracias a la generosidad del Pepe Gómez, quien me permitía escribir un par de notas especiales para la edición del día bíblico del descanso semanal, una forma de aumentarme la soldada sin que el editor propietario, Volpone, se diese cuenta del rasguño a su bolsillo. Aunque hoy, al trasluz de los años pasados, no me cabe duda que Darío Sainte Marie lo consentía pero en estricto silencio.

Al final, hacer público aquel intento de quitarle unos pesos, aunque no en el aire sino mediante un trabajo concreto que siempre se hizo, solo habría significado que otros reclamaran participar de la modesta prebenda reporteril y le habría resultado más caro y dudosa la virtuosidad de los escritos. Aparece como presuntuosa la afirmación, pero así era la realidad. Lo lamento, sin embargo sin culpa estoy yo.

Hubo una que otra de aquellas crónicas que tuvo resonancia y por lo tanto se justificó la travesura realizada con el Pepe. Entre aquellas, un artículo sobre las diferencias que existen entre un  líder de masas y un caudillo político, discusión que hoy renace. El liderazgo es por esencia, democrático, acepta discrepancias y críticas y por encima de todo, dialoga y expone sus razones y proyectos para dar cimiento a sus  apoyos.

El caudillo, por el contrario, exige incondicionalidad y obediencia ciega, se supone dueño de una infalibilidad papal  inexistente y castiga la disidencia con todo el rigor a su alcance.

Esa fue mi tesis, recocido de lecturas y teorías de gente inteligente, pasada por el tamiz de mis humildes experiencias personales.

Hablando en plata, se trataba de un reflejo del enfrentamiento que era evidente al interior del Partido Socialista aquel, el que el viento se llevó, entre Salvador Allende y el chilote contumaz de Raúl Ampuero Díaz.

A Allende, en muchas ocasiones, al presentar sus ideas en congresos y plenos de la colectividad, le gritaron de todo, le tiraron monedas y lo tildaron de cobarde y amarillo. Que yo sepa, muy pocos de los valentones que derramaban epítetos contra el político izquierdista, salieron a la calle a jugarse la vida el 11 de septiembre de 1973, muy por el contrario, se desvanecieron misteriosamente.

Sin embargo, no faltaron los de aquel lote que siguieron farfullando necedades hasta estos días. Pero, regresemos al meollo de la cuestión.

Para mí, Allende era un líder y Ampuero un caudillo, porque vaya que sabía perseguir el caballero cuando uno no le encendía el incienso de la adulación. Ese fue un traje que nunca supe cómo ponerme y en más de una oportunidad, me puse al brinco hasta con el presidente-mártir.

Él era un gran catador y esclarecedor de personalidades y en base a eso, no a otra cosa, digo yo, cuando el comité central del PS me nombró en octubre de 1970, director del desaparecido diario de gobierno La Nación, dijo no. Y fue lógico negarme el cargo que además, en lo personal y sin asomo de resentimiento, no necesitaba para nada; al comienzo en términos económicos y luego en materia de proyección profesional, pues cuando el PS tuvo una importante cadena radial, yo hablaba cada vez que se me daba la gana y exponía mis ideas sin censura alguna, mi pequeño paraíso periodístico que el golpe de Estado me arrebató.

La Nación, con mi ríspida personalidad, no era para mí. Ahí, sobre todo con una coalición de gobierno tan conflictiva como la Unidad Popular (pucha que la Nueva Mayoría salió parecida) se necesitaba diplomacia, aliño humano del que carezco en absoluto y por eso me ha ido como me ha ido, aunque no me arrepiento, salvo cuando me llega el instante ingrato de pagar cuentas.

Ahora, retornando al tema de líderes y caudillos, este me resurgió con fuerza cuando el presidente de la Cámara de Diputados, Osvaldo Andrade, decidió formar una nueva corriente en los lóbregos intestinos del socialismo actual, tras su renuncia a la facción denominada Nueva Izquierda, que nada tiene de nueva y menos de izquierda. Estoy convencido que en realidad son densas aguas negras donde pululan tiburones peligrosos como el subsecretario del Interior, Mahmud Aleuy y el ex senador Camilo Escalona.

Este último es el caudillo de esta mentirosa Nueva Izquierda, un tipo que no se mide y públicamente mendiga por boca ajena, un cargo parlamentario, porque todos los que obtuvo los perdió por su desprecio hacia los requerimientos de sus electores. Algo parecido le pasó a Ampuero el siglo pasado. En cambio Allende, donde lo pusieron con la aviesa intención de que perdiera, ganó la elección y no lograron borrarlo del mapa.

Además, es para llorar cuando se habla de las razones del quiebre entre dos que fueron, al parecer, cómplices cercanos, pues se indica que Andrade resintió la crítica de Escalona a su ex esposa Myriam Olate por su millonaria pensión en Gendarmería y se remontan a la última elección de mesa del PS, donde si bien Andrade respaldó a su ex amigo, no lo hizo en forma ardiente. Algo natural si se piensa que solo eran negocios, nada ideológico de por medio.

Asimismo, según El Mercurio, desde distintos sectores (sería bueno saber de qué pokemones se habla) le han pedido a Andrade que arme un nuevo liderazgo que reagrupe el entorno dizque socialista y que impulse a la colectividad. Esto, dado que en su periodo como jefe del PS no solo incorporó a las distintas tendencias a la directiva, también obtuvo buenos dividendos electorales.

El diputado Manuel Monsalve expresó al respecto que "yo apoyé a Isabel Allende y tengo un compromiso con su conducción, pero hoy no estoy participando en ningún sector (dejó hace más de un año la Nueva Izquierda) y creo que al PS le hace falta lo que se está proponiendo, que haya mucho diálogo y deliberación política. Le tengo mucho respeto y aprecio a Osvaldo, fue un buen presidente de partido y falta un espacio colectivo dónde hacer política al interior del PS, algo que él comparte". Para mi gusto, tarde lo descubre, aunque más vale que lo haga con atraso a que no se dé cuenta nunca. 

La sobrinísima Denise Pascal Allende, dama de la antigua guardia, opinó por su parte que "muchos de los que veníamos de la Nueva Izquierda estábamos agobiados dentro de esta. Cuando las personas terminan siendo caudillos en vez de juntar voluntades para poder cotejar diferentes ideas dentro del partido, uno termina agotándose. Entiendo al diputado Andrade, yo hace un tiempo más largo que me salí de ahí. Voy a acompañar a Andrade en buscar algo más que una tendencia, en cohesionar el partido y no estar constantemente autocriticándonos sino más bien construyendo caminos para mejorar la vida de la gente”, aseveró la parlamentaria con varias reelecciones a la espalda, lo que habla de buena sintonía con sus electores, pontifico yo.

Como se perfila, aunque a nivel bastante rasca, la imposición de los caudillos y la luz lejana de los liderazgos, siguen en fricción. Y eso no es malo. Allende y Ampuero peleaban por ideas y teorías, en el fondo sobre el método más eficaz para llegar al poder y como mantenerse en este. Los de ahora, por temas menores, con mucho personalismo y protagonismo disfrazado, pese a eso algo pillizcan los de abajo porque los que mandan tienen que dar algo para no sucumbir. En o político, claro

Los tiempos cambian y los usos y costumbres, les van detrás. Es humano y contra eso, nadie la talla. A mi vez, me consuelo pontificando, dando por sentado que en mis escritos impera la verdad. Lo concreto es que suerte de por medio, de vez en cuanto le achunto. Para pesar de mi entorno, jamás en lo billetesco. 

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