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FLORES-MADRES

¿Hay algún título más
emblemático que se le
pueda dar a una mujer
que el de madre?

Por Horacio Marotta R.

Para los conservadores de todos los tiempos, ese no es un título, sino simplemente El rol que debe cumplir toda mujer: Parir y criar a los hijos, rol conservador de la especie, de la cultura, la tradición, la familia y la moral.

Dado que el mundo ha cambiado y las féminas se han rebelado y están en pleno proceso de liberación, obviamente hoy ese rol no es ya el único que interpretan, aunque todavía existan fuerzas conservadoras que quisieran mantenerlas sólo en él. 

Igual el papel de madre sigue teniendo una enorme importancia, para las mujeres, y para nuestra pobre humanidad.  Ellas, las féminas-madres siguen siendo las que educan a los hijos (as), las que los (las) marcan desde su más tierna infancia y, en algunos casos, los acompañan diabólicamente hasta que se mueren. (las madres o los hijos) ¡Mamma mia!...

Hay que señalar, eso sí, que en la generalidad de los casos, las féminas, para adquirir el título de madre, necesitan exprimir a un macho, cosa que como hemos visto en la generalidad de los casos conlleva otra larga serie de complicaciones.

Parece ser común (aunque esto no venga mucho al caso) que muchos hombres amanecen en posición fetal y aferrados al pecho de su pareja.  Esta situación hace pensar a muchos varones que las mujeres prefieren a quienes actúan como niños, cuando la realidad indica todo lo contrario.  Las mujeres no quieren ser madres para sus parejas; quieren que sean los hombres quienes hagan de madres, y por eso reclaman ser escuchadas, mimadas y apoyadas emocionalmente.  Lo malo está en que para la mayoría de los hombres es sicológicamente imposible ser maternal.  Parece ser, según los sesudos siquiatras, que un importante aspecto de la masculinidad es precisamente una rebelión y un rechazo contra las influencias femeninas de su madre.

Las mujeres, en su rol de madres (volviendo al tema),  han sido las sostenedoras y continuadoras del sistema.  A sus hijos los miman, los alimentan, les lavan la ropa, les hacen las camas.  Con ellos se ponen orgullosas si son bien lindos y tienen éxito con las mujeres... pero igual se ponen celosas y son unas brujas como suegras.  A sus hijas les enseñan a ser buenas esposas y buenas madres, es decir a mimar, a lavar, a hacer camas, a cocinar.  Muchas compitan con sus hijas y se sienten terriblemente viejas cuando ellas se convierten en mujeres.  Luego las atacan a mansalva.  Por lo general adoptan a sus yernos y los miman, les cocinan, los comprenden, mucho más que a sus hijas.

Bueno, tratemos de ser un poco más objetivos.  En la fauna hay todo tipo de madres.  Antiguas, viejas, abuelas, jóvenes, modernas, solteras, adolescentes, separadas, viudas,  dueñas de casa, modelos, malas, pérfidas, brujas, rígidas, condescendientes, cariñosas, duras, envidiosas, abusadoras, inconscientes, cansadas, incestuosas, dominantes, castradoras, metiches, compinches, víctimas, trabajadoras, flojas, con jaqueca, con siquiatra, con colon irritable, felices, relajadas, arrepentidas y muchos etceteras.  O sea, el oficio es complicado.

También hay mujeres que nacen, crecen y se desarrollan, sin instinto maternal. 

Antiguamente esas volaban en escoba y por lo general terminaban quemadas en la hoguera. 

Ahora, con los avances de la civilización, son un poco más toleradas, al menos si son intelectuales de éxito. 

Igual es patético encontrarse con aquellas, pobres, que sin tener oficio ni ganas, se ven enfrentadas a parir hijos y soportarlos por el resto de sus vidas. 

Esos hijos, en nuestra sociedad, son carne de siquiatras y sicólogos, que se hacen el pino con ellos.  Eso ocurre nada más que por convencionalismos sociales, porque en realidad son los seres más felices de la tierra.  Imagínense por un minuto lo que sería de nuestras vidas si no tuviéramos madres dedicadas a tiempo completo a meterse en nuestras vidas, desde nuestra más tierna infancia hasta la despedida en el cementerio.  Madre hay una sola. ¡Menos mal!

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