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FLORES-CATAPILCO

¿En qué estábamos?...
Cómo decíamos ayer....
Sí, creo que estábamos en
el 58, antesala de la década,
ya sonaban las trompetas,
ya venía la revolución...

Por Horacio Marotta R.

Sí, creo que tu ibas a contar una historia, mencionaste Catapilco o algo así... O algo peor, no me acuerdo muy bien.  Estábamos en que tu tenías 14 verdes años...

Sí, me voy acordando, 14 casi adolescentes años, en una época en que no había mujeres para uno, en que las hormonas se encabritaban, por primera y misteriosa vez, tenías sueños eróticos y amanecías con la cama pringada, poluciones nocturnas que le dicen, hormonas culiadas, que culpa tengo yo, y la verguenza y el miedo, porque la cama no la hacía yo sino mi mamá, y yo no tenía la culpa, a mi no me habían contado nada, era la naturaleza pura, lo juro, gónadas, hormonas, erecciones en sueños, ni siquiera una paja acordada con uno mismo, puro reflejo, y no había como ocultarlo ni evitarlo...

Tiempos difíciles, además, con quién hablarlo, donde informarte, como saber un poco más...

Mujeres no había, al menos para los que éramos pobres, no teníamos empleadas, campesinas, derecho a pernada, Julio comienza en Julio, primas osadas o desvergonzadas...

Aún las mujeres se dividían taxativamente entre las malas y las buenas mujeres, las putas y las serias, las para tirar y la para casarse, y sin plata, por más ganas que uno tuviera, no había como llegar a las malas, que era lo que todos queríamos, para las buenas, aún quedaba mucho tiempo...

Estábamos en la última provincia de la galaxia, perdidos en una isla entre cordillera y mar, en un país conservador, chato, retardatario, cartucho, con doble o triple moral, machista hasta decir basta, con una iglesia católica poderosa y conservadora en lo valórico...

Pero se oían rumores, en el centro de la galaxia estaban comenzando a sonar trompetas de liberación, ya desfilaban las féminas enarbolando sostenes...

¿Por que agarraron con los sostenes? Siempre me lo he preguntado...  Tal vez necesitaban liberar los senos antes que nada, querían que el aire les erizara los pezones, tal vez eran malos, apretados, tal vez fue porque ya no existía el corset ni el cinturón de castidad... Las banderas de lucha fueron los sostenes, vaya uno a saber por qué... 

Además los usaban de bandera, pero yo no vi ninguna foto, ninguna película, al menos en ese comienzo de protesta, en que alguna se sacara la polera o la blusa y dejara sus tetas al aire, o sea, era una protesta insinuada, se liberaban de lo que más les apretaba, querrían que se les movieran al correr, que se insinuaran debajo de las poleras para matar a cuanto macho machista se les pusiera por delante...  A lo mejor les faltó asesoría comunicacional, digo yo...

¿Y si hubieran enarbolado los calzones directamente?, poco higiénico me dicen por acá, demasiado provocador, había que ir paso a paso, todo es una metáfora, no se trataba de empelotarse en la calle, eran minas serias, combatiendo por sus derechos, había que liberarse presa por presa, teta por teta... fabulosas feministas... 

Pero eso ocurría en el centro del mundo y nos llegaba como locuras de gringas locas, nosotros estábamos en otra, éramos un país serio, con otros problemas, con otras prioridades... 

Igual, pasito a pasito, nuestras féminas iban avanzando, aunque no se notara mucho, fumaban, tomaban, bailaban rock en forma desenfrenada y casi impúdica, mostraban los calzones al bailar y les encantaba, comenzaban a apoderarse de las pocas universidades que existían, pintaban, bailaban, cantaban, actuaban, escribían, ganaban premios, dirigían revistas, de enfermeras y chateras se convertían en médicos, de secretarias en abogados o economistas...

Sí, es óbvio, tenían que comenzar por el sostén... Una mujer sin calzones es una mujer entregada, una sin sostén es una poesía, un misterio, una sutileza, una flor rubicunda y excitante... es libre pero no entregada... fabulosas feministas... 

Lo tengo claro, no puedes con tu genio, ya a esos verdes 14 años eras un fauno, un lobo en celo, frustrado, claro, pero esa era tu naturaleza, confiésalo, reconócelo, no se necesita ser sicólogo para entenderlo...

Pero yo era puro, ignorante, pura naturaleza, nada de malicia, muchos apetitos si, lo puedo reconocer... Lo sospeché desde un principio, las mujeres eran un misterio maravilloso, una ecuación perfecta, una obra de arte, una poesía, una flor, una canción desesperada, un desgarro... 

Y mientras mis congéneres se dedicaban a jugar al futbol, a contar chistes idiotas, a presumir conquistas y actividades sexuales que nunca habían tenido, y lo que es peor, nunca reamente tuvieron, yo me dedicaba a la poesía... a emprender un difícil y complicado camino que me llevara hasta el alma de esos seres misteriosos, cálidos, etéreos, malévolos, contradictorios, eléctricos, sensuales, reprimidos, llenos de ganas y sueños, que eran y son las mujeres... 

Malditas tus manías, tus deformaciones, te he dicho tantas veces, quédate en eso, en la poesía, en los recuerdos, a que viene tanta crónica, a quién quieres engañar, tu vena es más sensual y onírica que periodística...  ¡Qué mierda tiene que ver el cura de Catapilco con todo esto!... con los sostenes enarbolados, con tus poluciones nocturnas, con tus sueños inalcanzables, con la poesía y los desgarros, con la vecinita rubia de al lado que nunca te dio ni la hora... 

No sé como explicártelo, es que todo se mezcla, intuyo que en alguna parte hay un orden, una ecuación, que este país se fue construyendo y destruyendo bajo algún tipo de fórmula, rara, algebraica, logarítmica, atómica, qué se yo, está por descubrirse, y no seré yo quién lo haga, pero es como un rompecabezas gigante que se fue armando, pieza a pieza, a veces lento y a veces rápido, intuyo que cada pieza era importante, que nada ocurrió por azar puro, que todos nosotros nos fuimos armando pieza a pieza, a veces lento y a veces rápido, a veces fácil y la mayoría de las veces difícil, muy difícil...  que somos los que somos porque ocurrieron todas esas cosas, porque existieron todos esos personajes, porque se fue trenzando una historia, armando un cuento, parche a parche, canción a canción, poema en poema, discurso en discurso, que pequeños quiebres que en su época no merecieron mucho la pena, ahora, mirados a la distancia, adquieren nuevas dimensiones... 

El cura de Catapilco, gran figura de la picaresca chilena, se dio el lujo de torcer la historia, y paso a la historia, aunque yo soy ignorante, no sé en que terminó, o al menos si lo supe alguna vez, ahora no me acuerdo, ameritaría que alguien hiciera una investigación periodística de su vida, en qué invirtió la plata, como terminó. 

Fue un personaje efímero pero no por eso menos importante...  la historia yo la conocí después, seis años después, contada por sus protagonistas directos, por sus mentores, por sus inventores, los inventores del cura, en 1964, ya periodista, ya trabajando en el Comando de Salvador Allende... 

Catapilco es un pueblito al interior de Zapallar y Cachagua, un poco más al sur de La Ligua, chiquitito, como Cochihuaz, como Chuchunco, como tantos otros, era 1957, región agrícola, latifundista...

El párroco, llamado Antonio Zamorano Herrera era como un evangélico de hoy, sotana raída, buena labia, gran orador, demagogo insigne, izquierdista, Robin Hood, predicaba contra la extrema riqueza y la extrema pobreza, la injusticia, precursor de la iglesia renovada, de la teoría de la liberación, de los curas obreros, pero no en versión intelectual sino en versión popular...

Por esas cosas del destino, fue elegido diputado y llegó a nuestra Cámara, con gran horror de la jerarquía que si no lo expulsó, al menos lo suspendió, de la derecha que se dedicó a bromear y a denostarlo, con gran sorna de los radicales, masones y laicos, con una cierta inquietud en los sectores más derechistas de la democracia cristiana y con ciertas espectativas por parte de la izquierda socialista y comunista... 

Fué allí, en la izquierda, que un grupo de periodistas, amigos y asesores de Allende, inventaron que el cura de Catapilco podría llegar a jugar un gran rol en la historia política chilena. 

Se venía la elección presidencial de 1958, Ibañez se iba con la cola entre las piernas y los partidos se aprontaban a recuperar el espacio perdido durante los seis años de fallido populismo. 

La emergente Democracia Cristiana había levantado la candidatura de Eduardo Frei Montalva, su líder indiscutido y carismático. 

Los radicales a un Senador llamado Luis Bossay Leiva, que no calentaba a nadie. 

Salvador Allende, después de su primera casi solitaria aventura del 52, aparecía ahora como un candidato potente, apoyado por una primera gran coalición de izquierda, una especie de revivido Frente Popular... 

La derecha, reiteradamente derrotada y que no gobernaba el país prácticamente desde comienzos del siglo 20, levantó la candidatura del hijo del glorioso León de Tarapacá, el ingeniero y empresario Jorge Alessandri Rodriguez, el apellido y la historia del padre, ya le daban muchos puntos a favor, su ascetismo, su figura casi monacal, solterón empedernido, tomador de agua mineral, su experiencia empresarial a la cabeza de la Papelera, una de las empresas exitosas de la época, lo convertían en una figura que iba mucho más allá de la derecha tradicional y retardataria. 

Allende tenía a su favor que los sectores populares venían en alza, que los sindicatos estaban poderosos, que los estudiantes estaban movilizados, que había un gran descontento, en su contra, el apoyo comunista que para muchos seguía siendo el cuco, en medio de una inmisericorde guerra fría, con los norteamericanos dueños de las minas del cobre, principal riqueza del país...

Así, como les contaba, este grupo de asesores inventó que si el cura de Catapilco se presentaba de candidato a la presidencia, atraería a los sectores católicos progresistas que le faltaban a Allende... 

En términos simples, se trataba de que don Antonio tuviera fondos para armar una campaña, recorrer el país con un discurso progresista similar al de Allende, pero con el plus de ser católico, cura, quitarle votos a Frei y a Alessandri. 

Zamorano estuvo de acuerdo.  El plan era que tres días antes de la elección, él se retiraba y le pedía a sus adherentes que votaran por Allende y, en retribución a sus servicios, además de pasar a la historia, obtendría un billete para asegurar su futuro... 

El pequeño error de la estrategia consistió en que llegó un alto enviado de la derecha a la modesta casa de Zamorano y triplicó la oferta, haciendo que el curita nunca se retirara... 

Sacó 31 mil votos en todo el país, exactamente mil votos más que la diferencia de 30 mil con la que Alessandri derrotó a Allende en 1958, convirtiéndose en Presidente de Chile... 

Antonio Zamorano Herrera, párroco de Catapilco, cambió la historia de Chile, o tal vez no, tal vez sólo la postergó, o la torció un poquitito, lo justo nada más para que toda nuestra generación de 14, en 6 años, cumpliera 20, y gran parte de ella, merced a las frustraciones y contradicciones que se agudizaron, se radicalizara, junto a la juventud de todo el mundo que irrumpió en la historia, masivamente en esa década maravillosa que fueron los 60...

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