FLORES-MAFALDA

En el 63 irrumpen en nuestra
vida y en las de millones de
jóvenes de todo el mundo, un
grupo de pelucones ingleses,
que revolucionarían la música
popular, los Beatles.

Por Horacio Marotta R.

Nacidos en la pauperizada Liverpool emergían rompiendo esquemas e invitando a todas las rebeliones, sus temas, sus películas, sus conciertos en vivo, las letras de sus canciones, la poesía que cantaban, los nuevos sonidos, todo el conjunto los convirtió en un fenómeno cultural que perdura hasta nuestros días y que ha ido pasando de generación en generación...

Y el 29 de junio de 1964 se publicaba en el diario “Primera Plana” de Buenos Aires, la primera tira de Mafalda, su creador, Quino, la había inventado hacía dos años para una promoción de una marca de electrodomésticos... 

Durante 9 años Quino dibujo casi dos mil tiras de Mafalda, siendo traducida a decenas de idiomas, sus personajes son el reflejo de la vida misma, la protagonista siempre estuvo convencida de la existencia de los reyes magos, porque así se lo dijo su papá, pero no creyó nunca en la paz mundial porque todos los días escuchando las noticias en su radio a pilas, comprueba que es puro cuento, tiene una tortuga que se llama burocracia, contempla las estrellas y quiere ser astronauta, odia la sopa y ama a los Beatles...

Por dios cuantas mafaldas me tocó conocer en mi vida, y cuantos felipes, tiernos, soñadores, pesimistas, sin ninguna fuerza de voluntad, amante del Llanero Solitario y acérrimo enemigo del colegio y las tareas, cuantas susanitas, peladora y chismosa como su mamá, su máxima aspiración en la vida es casarse con un hombre rico, ser una buena esposa y tener muchos hijitos, uno de ellos tiene que ser un médico famoso...¿Control de la natalidad? Nada de eso, ella quiere ser una madre descontrolada, los negros le dan asco y cree fervientemente que los pobres son pobres porque ellos lo desean, y Manolito, el inmigrante bolichero, que sueña con ser dueño de una cadena de supermercados, odia a los Beatles, por ser pelucones, porque merecen mujeres o, peor, mariquitas, o Miguelito que cuando sea grande va a ser jefe, no importa de qué y que a cada rato saca a colación a su abuelo que ama a Mussolini, mientras Libertad es cada día más contestataria y defensora de la clase proletaria, chiquitita de estatura como la cantidad de libertad que existía en nuestros países en esos tiempos y el fabuloso Guille, la nueva generación que irrumpe, ama la sopa, le carga bañarse, disfruta rayando las paredes, come tierra de las macetas y propugna la teoría que peinarse con peineta pincha las ideas...

La Mafalda se empata, o es un espejo, tal vez esa sea la definición, con Charlie Brown, que también comenzó a acompañarnos en esos años. 

En 1969, al editarse el primer libro de Mafalda en Italia, Umberto Eco escribió el prólogo:

“Charlie Brown es norteamericano, Mafalda es sudamericana.  Charly Brown pertenece a un país próspero, a una sociedad opulenta a la que busca desesperadamente integrarse mendigando bienestar y solidaridad. 

 

Mafalda pertenece a un país lleno de contrastes sociales que, sin embargo, quiere integrarla y hacerla feliz.  Pero Mafalda resiste y rechaza todas las tentativas. 

 

Charlie Brown vive en un universo infantil del que, en un sentido estricto, los adultos están excluidos (aunque los chicos aspiren a comportarse como adultos). 

 

Mafalda vive en una relación dialéctica continua con el mundo adulto que ella no estima ni respeta, al cual se opone, ridiculiza y repudia, reivindicando su derecho de continuar siendo una niña que no se quiere incorporar al universo adulto de los padres. 

 

Charlie Brown seguramente leyó a los ‘revisionistas’ de Freud y busca una armonía perdida.  Mafalda probablemente leyó al Che.  En verdad Mafalda tiene ideas confusas en materia política.  No consigue entender lo que sucede en Vietnam, no sabe por qué existen pobres, desconfía del Estado pero tiene recelos de los chinos.  Tiene, en cambio, una única certeza: no está satisfecha.  A su alrededor, una pequeña corte de personajes más “unidimensionales”:

 

Manolito, el chico plenamente integrado a un capitalismo de barrio, absolutamente convencido de que el valor esencial en el mundo es el dinero.  Felipe, el soñador tranquilo.  Susanita que se desespera por ser mamá, perdida en sueños pequeño burgueses.  Y después, los padres de Mafalda, resignados, que aceptan una rutina diaria (recurriendo a su paliativo “Nervocalm”), vencidos por el tremendo destino que hizo de ellos los guardianes de la Contestataria.

 

Nadie niega que las historietas (cuando alcanzan cierto nivel de calidad) asumen una función cuestionadora de las costumbres.  Y Mafalda refleja las tendencias de una juventud inquieta que asume aquí la forma paradojal de disidencia infantil, de esquemas psicológicos de reacción a los medios de comunicación de masas, de urticaria moral provocada por la lógica de la Guerra Fría, de asma intelectual causada por el hongo atómico.  Ya que nuestros hijos van a convertirse -por mérito nuestro- en otras tantas mafaldas, será prudente que la tratemos con el respeto que merece un personaje real”...

No se a cuántos más, pero a mi Mafalda me ha seguido durante toda la vida, la heredó mi hija, que es harto Mafalda, pero también es Charlie Brown, también goza igual que yo con Snoopy. Ahora también la heredó mi nieta que es más Malfada aún que su madre.  En general he sido un amante de las historietas, desde el mítico Okey de la infancia que uno esperaba con ansias todos los viernes para seguir las series.

Y Quino ha sido y es un rompedor de bolas, un ácrata que no hace concesiones, y en la medida que se ha ido poniendo viejo, que nos hemos ido poniendo viejos, que nuestro mundo se ha ido poniendo viejo, que nuestros sueños se pusieron viejos, Quino se pone más y más negro, más y más pesimista, agrio, abandonó Mafalda en 1973, sus últimas creaciones llegan al alma, no sé si hacen reír, más bien hacen pensar, y llorar, por eso es un genio... Y lo reivindico aquí, reivindico a Mafalda y a Susanita, a Raquel, la madre de Mafalda como mujeres relevantes en este colage cada día más caótico, como partes importantes del rompecabezas que pieza a pieza se ha ido construyendo en esta gloriosa y a la vez nefasta segunda mitad del siglo veinte... y comienzos de este veintiuno…

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