HOJAS-CASSIUS

No me atrevería a generalizar,
pero al menos para mí, no es
posible no decir nada sobre la
muerte de Cassius Clay.

Por Enrique Gutiérrez Aicardi

El muchachito afro estadounidense que se abrió paso por la vida a puñetazos y lo hizo literalmente como persona y como deportista y hombre con altura moral e intelectual, virtudes poco comunes en un pugilista.

Por eso murió como Muhammad Ali, un musulmán, fe que le sirvió para expresar su rebeldía y su lucha por la igualdad para todas las razas, todas las religiones y particularmente a favor de los débiles aplastados por los poderosos, especialmente durante una guerra como la que libró el pueblo vietnamita contra tres imperios: El francés (dos veces, antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial); el japonés y el estadounidense, disfrazado de benefactor y adalid de la democracia.

Ali, como mi generación, fue un hijo, en su caso pródigo y valiente, de los años de 1960, complejos, llenos de luces y de espesas sombras, dado que por un lado avanzaba la sociedad y por otro había conciencia de la posibilidad de un holocausto nuclear, absolutamente indescifrables para quienes nos antecedieron, salvo escasas excepciones, cuando las ideas florecían por miles y muchas  verdades, escamoteadas por siglos, se abrieron paso a la superficie, en un momento en que la imparable revolución científico-tecnológica, comenzaba su aceleración, hoy vertiginosa.

Fue la época de tantas cosas diferentes; la Guerra Fría, el sudeste de Asia, los hippies, los Beatles, Fidel Castro, los derechos civiles, el asesinato de los Kennedy, la eclosión de la Democracia Cristiana en América Latina, la conversión del fútbol en pasión de multitudes, en fin, un recuento riguroso es mucho más largo.

      

Para quien lo conoció, dijo Bob Gunnell, portavoz de la familia, "después de 32 años de luchar contra la enfermedad de Parkinson, Muhammad Ali murió a la edad de 74 años" anunciando su funeral en la ciudad de Louisville, en el estado de Kentucky.

Al morir, este hombre que al llegar al mundo recibió un nombre romano, sufrió de problemas respiratorios que lo tuvieron hospitalizado 48 horas. Su salud declinó rápidamente, complicada por el Mal de Parkinson que se le desencadenó en la década de 1980. Dígase lo que se diga, un efecto no solo de los golpes recibidos, sino de los desafíos que le tocó vivir por la lealtad a sus percepciones del mundo y su inconformidad ante las injusticias más groseras.

Ya muerto, en una falsa alabanza, se trata de empeñar su imagen, hablando de “la leyenda del boxeo”, cuando en realidad fue mucho más que eso. Gunnell, que también luchó profesionalmente, comentó que su cortejo fúnebre debe recorrer con el triple campeón por frente al museo y centro cultural Muhammad Ali y después por el bulevar que lleva su nombre hasta llegar al cementerio Cave Hill. "Este funeral- procesión, le llevará por las calles y permitirá a todo el mundo decir adiós", señaló Gunnell.

El alcalde de Louisville, Greg Fischer, ordenó que las banderas estadounidenses ondeen a media asta en todos los edificios gubernamentales de la ciudad hasta que Ali sea enterrado. "Los valores del trabajo duro, convicción y compasión que Muhammad Ali desarrolló mientras crecía en Louisville le ayudaron a convertirse en un icono mundial. Como un boxeador, se convirtió en el más grande, aunque sus victorias más duraderas ocurrieron fuera del ring", destacó Fischer.

Ali que rechazó el servicio militar y no solo por un tema personal, sino en señal de protesta por los jóvenes afroamericanos que eran la carne de cañón en la más dramática de las guerras de liberación nacional del Tercer Mundo.

Ali llegó al box a los 12 años, poco después de que le robaran su bicicleta y cuando un policía de Louisville y entrenador aficionado, Joe Martin, le invitó a un gimnasio donde aprendió a utilizar los guantes.

En uno de los más groseros e hipócritas homenajes que se le rindieron, el miserable de Donald Trump, dio la noticia: "Muhammad Ali ha muerto a los 74 años. Un gran campeón y un chico maravilloso. ¡Le echaremos de menos!". Es el mismo que abomina de los mexicanos y que anuncia su intención, como aspirante presidencial republicano que prohibirá por ley la entrada a Estados Unidos de musulmanes.

Se le olvidó que Cassius Clay se convirtió en la organización religiosa de la Nación del Islam, de la que también formó parte Malcolm X, símbolo del movimiento más radical por los derechos civiles de la década de los años de 1960.

Al menos Clinton reconoció que él vivió "una madurez llena de convicciones políticas y religiosas que le llevaron a tomar decisiones difíciles y vivir con las consecuencias" de sus decisiones.

Otro desfachatado, el expresidente George W. Bush (2001-2009), una guerrita que eludió combatir, describió a Ali como un "luchador feroz" y "un hombre de paz" y recordó en un comunicado cómo le entregó en 2005 la Medalla de la Libertad, el máximo honor civil de Estados Unidos.

Este mundo da para todo.

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