FLORES-MUJER-CISNE

Erase una vez un patito feo,
o mejor dicho una patita fea.

Por Horacio Marotta R.

Nacida en una familia donde los hombres dominaban y mandaban, hombres que tenían sus conceptos de belleza y de inteligencia, sus parámetros sobre el rol de una patita… O sea, rodeada de patos bellos y elegantes, ella nació rompiendo la estética esperada.

Nuestra antiheroína se desarrolla con esfuerzo. Como sentía el mundo hostil, fue desarrollando en soledad una vida interior profunda y original, en tiempos violentos y aterrorizantes.

Como se sentía fea, fue haciendo notar su inteligencia. Como le costaba tener compañía, fue haciéndose independiente y autónoma.

Como no tenía certeza de sus talentos, fue haciéndose experta en evitar conflictos. Como no sabía de qué manera hacerse querer, desarrolló una gran bondad.

Pero también su inseguridad la convirtió en un poco soberbia y sus miedos la convirtieron en convencional.

Así paso su adolescencia, entre las enormes cualidades desarrolladas en la sobrevivencia y los defectos y limitaciones de sus miedos atávicos.

Hasta que, como en el cuento, se convirtió en cisne.

Claro que la vida no es un cuento, y paso que en la vida real, ella nunca pudo creer que de verdad era bella.

Eso es lo que lo hace excepcional, maravilloso. Porque un cisne que nace entre iguales, no desarrolla las condiciones y los dolores del cisne que nace entre patos. Para siempre, estará marcado por las dudas de su propia identidad.

Y es esto lo que marca la historia de esta mujer, de tantas mujeres, de una en particular. Hizo una gran carrera profesional, tuvo un lindo matrimonio, crió hijos adorables, y mientras todo en la vida le resultaba bien, ella vivió esperando la catástrofe, el fin de los sueños…

Hay angustia porque no se sabe cómo superarlo… ¿Cómo superar la duda existencial constante de no saber donde estoy y donde quiero estar?

La mayoría de la veces la respuesta está en los ojos de los otros y no en sí misma. Es la mirada del otro la que les asegura su propia identidad. Yo creo que es casi imposible describir el cansancio que esto significa en quienes lo sufren.

Es difícil convencerse íntimamente que lo que somos, gracias al esfuerzo y a la sobrevivencia, no está prestado, ya es nuestro.

A veces es terrible comprobar que nuestra paz interna se construye como una colcha de retazos, un "patchwork", juntando cuadritos, a veces medio  desilachados, pegando lo que está separado, lenta y pacientemente, hasta que la colcha es colcha y no un montón de trapitos sueltos…

Recién entonces, aunque la mirada de algunos diga que somos patos, no importa, porque fuimos casi patos, pero ya somos cisnes…

Esta es una historia inconclusa… Nuestra heroína está por terminar su colcha.

Es probablemente uno de los seres más lindos que pisa la tierra… pero ella aún no lo sabe cabalmente, no lo asume cabalmente…

Y aunque la mirada del otro se lo diga, se lo cante, se lo escriba en una servilleta de bar, se lo susurre al oído, en medio de caricias… mientras ella realmente no lo asuma, la historia no termina...

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