HOJAS.DEMENCIAS

En la que ya se puede considerar
mi larga vida, he visto muchas
cosas, pero siempre me llaman la
atención los reiterados casos de
espejismos enajenantes,
generalmente individuales aunque
ahora, en este mundo cambiante,
están apareciendo los colectivos.

Por Enrique Gutiérrez Aicardi

Los meses previos a elecciones, no importa del tipo que sean, son propicios a la demencias temporales.

Un buen señor que contra todo pronóstico y sin base real alguna, se convence que sería un excelente alcalde, otro se mira al espejo y ve reflejado a un futuro tribuno del Congreso.

Y no faltan quienes llegan a sentirse presidentes de la República, tal vez porque su mamá lo pronosticó en la privacidad del hogar, como fue mi caso en mis tiernos años de inicial conciencia. Afortunadamente no me creí el cuento ni ella tampoco, tal vez, tras pensarlo bien.

Nunca tuve pasta para desempeñarme como político repartiendo abrazos y promesas.

Entre quienes recuerdo víctimas de esta enfermedad, no puedo omitir a Orlando Budnevich. Este abogado colorín, de voz estruendosa, decidió en 1961 ser candidato a senador por Valparaíso y Aconcagua, como se elegía en esos años. Decisión que tomó  cuando ya todo el mundo sabía que el derechista y millonario Pedro Ibáñez Ojeda, el creador de los supermercados de corte moderno, era imbatible; al igual que el médico comunista Jaime Barros, el radical Luis Bossay y el demócratacristiano Radomiro Tomic. La gran incógnita era quién ocuparía el quinto cupo por aquella circunscripción.

Uno de los postulantes era Salvador Allende. Dentro de su pequeñez, su camarada socialista y controlador de la maquinaria interna del PS por esos tiempos, Raúl Galvarino Ampuero Díaz, había ideado sacárselo de encima, llevándolo al matadero ciudadano en el puerto, sin reparar siquiera que el Chico era porteño de fina cepa desde 1927 pese a que nació en Santiago y que tenía una sintonía especial con la gente de los cerros que ya lo había elegido diputado en 1937 y que fue jefe de la campaña regional con Pedro Aguirre Cerda en la elección presidencial de 1938. Todos los cálculos previos, basados en las cifras recientes para 1961 apuntaban que lo más posible era que una de las listas más cotizadas, sacara un segundo integrante de la cámara alta.

Especialmente la de derecha o la de los rádicos.

Allende no abrió la boca y regresó calladito a sus viejos barrios de Viña, donde incluso había hecho su servicio militar en el regimiento Coraceros. Budnevich, que era del agónico Partido Democrático, se convenció de que aquel dorado sueño, el quinto cupo, le pertenecía.

Fue producto de su ego bastante crecido y de su errada percepción de que era dueño de un olfato envidiable en todo, pasando por la política. Un mediodía lo discutimos en el viejo palacio de los tribunales. Todo comenzó cuando me pidió ayuda en Clarín para su campaña. No era yo dueño del mando en el matutino, solo un reportero policíaco, y le dije que haría lo posible por echarle una mano.

Decir otra cosa era mentir pues el dueño de la manija, Volpone, estaba con el Chicho, quien además venía de protagonizar la gran sorpresa en la grande de 1958. Se indignó y me acusó de ”socialista”, lo que era una auténtica burrada.

Al final, transamos en una apuesta abultadísima.

La noche de la verdad, Allende salió, incluso con más votos que Barros, a quien se le conocía como el médico de los pobres. Budnevich no tuvo ni los sufragios para ser regidor por La Calera. Nunca cobré aquel dinero.

Generalmente los atacados por este virus recobraban la razón, cuando los cobradores golpeaban a sus puertas, impacientes por recuperar sus haberes.

Tampoco nunca más hablamos de elecciones con Orlando. Otro que sufrió este salpullido mental, fue el hermanísimo, José Piraña, el ladrón del sistema previsional chileno. Me agarré con él en una conferencia de prensa, en 1993, cuando sostenía que iba a vencer por goleada a Eduardo Frei hijo un año más tarde. Incluso hasta trató de ser alcalde de Conchalí, para desde allí saltar a La Moneda. Solo llegó a concejal, cargo al que renunció un poco más tarde, porque no le importaba en absoluto. 

Hoy, la candidatitis aguda afecta a la derecha que intenta convencer a los chilenos de que van a volver a detentar el Poder Ejecutivo y elegirán para empezar, a más de 200 alcaldes. Incluso, a raíz de las impugnaciones a Carolina Tohá por los aportes hechos por SQM al PPD, entre los enfermos apareció el presidente de RN, Cristián Monckeberg, quien aseguró que la oposición recuperará la comuna de Santiago en octubre. Hace unas semanas, antes de caer enfermo, advertía a sus correligionarios que había que andar con cuidado porque el horno no está para bollos y que estos comicios, por la situación de desconfianza general, son imprevisibles.

"Estamos convencidos que esa comuna la vamos a recuperar, tenemos un muy buen nombre como es Felipe Alessandri (concejal RN) y vamos a trabajar fuertemente para que se logre ese objetivo", señaló categórico Monckeberg.  De inmediato saltó la arrabalera Cecilia Pérez, preguntando: ¿Y por qué no soy yo la que postule?

De atrás se asomó Hernan Larraín sosteniendo que la UDI tiene que pensarlo.

No se ve mucha unidad, solo voluntarismo personalista,  tanto que al final acordaron una selección interna con todos los que quieran hacerse famosos.

Pese a esto, el diputado RN  incluso llegó a decir, con absoluta pérdida de la memoria: "Qué bueno que asuman responsabilidad política quienes se ven eventualmente involucrados en situaciones de ilegalidad que se están investigando”, en alusión a la actual alcaldesa. “Y al mismo tiempo, que se lleve adelante la investigación judicial que corresponda, lo que la gente quiere es transparencia, que se sepan las cosas y si hubo ilegalidades confirmadas que se sancionen", una suerte de patada en la canilla a la derecha militarizada.

Es de esperar que no lo diga por la UDI, sepultada en los procesos judiciales y pese a los malos augurios para la derecha, menos de un 20 por ciento de apoyo ciudadano, repleta de enfermos de candidatitis.

ClariNet