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FLORES-AMORES

Blanca y radiante va la novia.
Iglesia llena de flores, familia,
amigos, traje largo, hermanas
hermosas vestidas de madrinas,
mamá hermosa  vestida de
madrina, papá presente
por vez primera.

Por Horacio Marotta R.

Blanca y radiante va la  novia.

Iglesia de Los Leones, mucho antes que fuera de los milicos, estoy  hablando de los sesenta, plena república, país aún civilizado y digno, pobre  pero honrado, patria jóven, reforma agraria, promoción popular, gérmenes,  prehistoria de rupturas terribles que no podíamos ni siquiera imaginar, ni  en el país ni en nosotros.

Yo no fui, claro, cómo iba a ir, pero estuve,  miré desde la vereda del frente, a lo lejos, sentí la pena, la amargura, el  ritual, vi su salida, radiante y blanca va la novia, fotos, arroz para la  felicidad eterna.

Creo que ese día quedó marcado en mi memoria como uno de  los más terribles de mi vida. 

Es verdad, la quería tanto, llore, caminé,  solo, triste, recorrí mil cuadras, mil barrios, mientras ella bailaba el  primer vals, mientras cortaba la torta, mientras tiraba el ramo, mientras se  iba a la cama, por primera vez, porque era virgen, lo sé, llegaba virgen a  su matrimonio, con 18 años recién cumplidos, habiendo pololeado durante  cinco, me lo había contado, puras caricias, calenturientas algunas, pero  nada más, era la época, era su mentalidad, aunque se moría de ganas, nunca  le pregunté cómo había sido esa noche, ese debut. 

Por todo lo que pasó  después, me puedo imaginar que no fue como ella lo esperaba. Blanca, radiante y virgen va la novia, yo intenté cambiar su destino, pero no lo  logré, y sufrí por eso, y aún hoy sufro por eso, que quieres, no he cambiado  mucho, sigo siendo un romántico estúpido, a pesar de todo lo que ha pasado,  a pesar de todo lo que nos ha pasado, todavía recuerdo los poemas que te escribí, que tu aún conservas y que me confesaste habían conmocionado a tus  hijos cuando se los mostraste, contándoles como era tu época, tu juventud, sin tele, sin internet, sin odios, con mucho amor, con muchas ganas, con  personajes maravillosos capaces de escribirte poemas, desgarradores poemas  de amor, desgarradores llamadas de la selva...

Eras tan linda, casi el  prototipo de una princesita de cuento de hadas, tu melenita rubia, tu figura  menuda pero bien hecha, casi una escultura... y tus ojasos verdes,  intensamente verdes, intensamente grandes y relucientes, de vida, de  pasiones ocultas, de ganas, de inteligencia...  

Tu historia era la de  tantas, clase media, padres separados, tu padre se había ido con una más  joven, una secretaria o algo así, dos hermanas más, hermosas todas, tu  madre, joven, linda, trabajadora, esforzada, nunca otro hombre en su vida, demasiado el desengaño, la ruptura, la violencia de saberse engañada, abandonada, desechada, la sublime sospecha de que todos los hombres son  iguales.

Colegio particular femenino, adolescencia pura aunque no exsenta de  ganas, en un momento en que el mundo, tu mundo y el mío, parecía despertar,  parecía que un volcán iba a entrar en errupción, pasaban mil cosas mientras  crecíamos, cambiaba el mundo vertiginosamente, aunque acá en la periferia  las cosas llegaban tarde y lento, los cambios existían pero aún eran  soterrados... 

Pololo temprano, amigo de la familia, buen partido, 4 ó 5  años mayor, estudiante de medicina, buen partido, buena familia, buen  físico, inteligente, criado a la antigua, machista de tomo y lomo, buena  familia, destino señalado, marcado desde los 14, pololeo largo y para  siempre, casi como un matrimonio hindú, pactado, sellado, oleado y  sacramentado antes de que tu crecieras, antes de que él creciera, antes de que conocieras el mundo, y tus ganas, y tus posibilidades, y tus  potencialidades...

Lo peor es que no había nada que cuestionarse, la vida  simplemente era así, eso era lo normal, lo aceptado, incluso lo ideal...  

Las mujeres buenas, o sea aquellas elegibles para ser esposas, eran  entrenadas para ese efecto, a pesar de los cambios, a pesar de las féminas  del primer mundo que marchaban enarbolando sostenes, a pesar de tus  inquietudes, la mayoría pasaba del colegio de monjas directamente al altar,  jovencitas, de 17 o 18 años, se dedicaron desde temprana edad a ser madres,  esposas, dueñas de casa, aburridas pero con harta vida social, con muchas  amigas, deportes, peluquerías, desfiles de modas, viajes al extranjero,  empleadas domésticas traídas del campo, maridos profesionales exitosos y en  próspero escalamiento... 

Quince o veinte años después, la mayoría estaban  convertidas en una Alice de Woody Allen...  Algunas, como tu, mientras el  pololo terminaba la carrera, optaban por alguna escuela universitaria y entraban a un nuevo mundo, entraban a un mar de contradicciones, a un mar  embravecido que podía causar quiebres absolutos o simplemente ser un  paréntesis en la vida previamente diseñada... 

Creo que en tu caso no fue ni lo uno ni lo otro, aunque las apariencias a veces engañen. 

No hubo  quiebre.  Blanca y radiante va la novia. 

Pero hubo semilla, que fue  germinando muy lentamente, que de alguna manera cambió tu vida y tu destino, porque te convertiste en otra, adquiriste confianza en ti misma,  conocimientos, desarrollaste sensibilidades, fuiste consciente de tu  inteligencia y tu capacidad y, aunque nunca me lo confesaste, te arrepentiste  siempre, hasta hoy, de no haber sido capaz de quebrar la historia allí  mismo, de no haber optado por la inseguridad y la aventura frente a la  crónica de un fracaso ya anunciado, ya casi previsto, ya casi contado por  tu madre, un libreto repetido y repetible... 

Entraste en mi vida en una  etapa demasiado especial, crecimos juntos, primer año de universidad, curso  masivo, más mujeres que hombres, tu eras tal vez las más hermosa de todas,  al menos para mí lo eras, una princesita de cuento, y yo era un romántico,  pasaba por una etapa introvertida y solitaria, nos hicimos amigos y  compinches a pesar de las diferencias, me elegiste a mi tal vez porque no  era el fauno conquistador de caricatura, que eran la mayoría, tu estabas  enamorada de tu novio, ibas a casarte, tenía ya tu vida decidida,  necesitabas un amigo, un compinche, un hermano, un camarada de correrías,  alguien que te abriera mundos y sueños, pero nada más, aunque te morías de  ganas que alguien te abriera, te calara como una sandía madura que eras,  apetitosa sandía llena de ganas e ilusiones, habías decidido llegar pura y  virgen a tu matrimonio ya concertado... 

Y yo era una especie de ser etéreo,  romántico, feo de alguna manera, no competía con la belleza y perfección de  tu novio, no iba a revolverte las hormonas antes de tiempo...  amigos,  hermanos, compinches, ese fue el pacto nunca explícitamente declarado pero  claramente establecido, aunque tu sabías de sobra que a mi me gustabas, que  inexorablemente me iba enamorando de ti, que era inevitable, tu mantuviste  el pacto y nunca flaqueaste, o casi nunca, y cuando lo hiciste siempre  saliste dignamente, dando explicaciones que tenían que ver con el momento especial, con la emoción, con la ternura que yo te provocaba, y no rompamos  nuestra amistad, sigamos como hermanos que es la única forma de seguir, si  no, esto lo vamos a tener que terminar acá... y yo siempre elegí continuar  como hermano, porque me resistía a perderte, a perder el trozo de tu vida  que me tocaba, el espacio de tu vida en que yo era importante, acepté todo,  todas tus condiciones, sabiendo que acumulaba dolor y pena, desgarro en el  alma, pero me conformé con tener el pedacito de vida que tu estabas  dispuesta a entregarme...

Crecimos juntos, paradójicamente nos hicimos tan  amigos y compinches que hicimos un camino juntos, hiciste conmigo todo lo  que con tu novio no podías hacer, él era un científico, pragmático, mateo,  lleno de pega, desinteresado en todo lo que no fuera su carrera, obnubilado  por el éxito y la prosperidad, claro, él era responsable, era un buen  proveedor, tenía su futuro asegurado, tenía su futuro planificado, tenía su  futuro hipotecado, tenía su futuro escrito, ya había leído el libreto, era  parte de un sistema, de una historia, que estaba cambiando pero a él no le  importaba... a nosotros sí, y mucho... 

Nos tocó vivir una época de gloria y  esperanza, comienzos de la intensa década de los 60, una universidad  republicana, libre, pensante, profunda, cambiante, unos profesores  maravillosos, genios, lumbreras, privilegio, riqueza, discusión, apertura,  encuentro con el mundo, atadura de mil cabos sueltos que venían de las  inquietudes pasadas, de mis vivencias acumuladas...

Para tí era todo más  nuevo y por eso también más maravilloso, tus ojasos no dejaban de quedar  maravillados y muchas veces vi correr lágrimas de emoción por tu mejillas...  

Esas maravillosas clases de Roque Esteban Scarpa, con más de 120 alumnos en  el salón de actos del Pedagógico...  fleto él y todos sus ayudantes, se  dedicaba a pelear con las mujeres, ironizaba, las trataba mal, las insultaba  a menudo, pero sus clases eran una maravilla... nos abrió mil mundos, nos  tocó un año en que andaba absolutamente fijado con Tomas Mann, Montaña  Mágica hasta el cansancio, bello libro, bello escritor, pero también  Huxley, Herman Hesse, Camus, Faulkner, Sartre, Simon de Bouvar, Heminway y  tantos otros...

Yo trataba de motivar tus hormonas leyéndote los ritos de  iniciación sexual de los aztecas en El Corazón de Piedra Verde de Salvador de  Madariaga...  Y las clases de filosofía entre Rivano y Millas, o la cátedra  de America Latina del maestro Manuel Eduardo Hübner... fué un privilegio...  salíamos con la boca abierta, comentábamos todo, leíamos juntos, nos  atragantábamos de comentarios... 

Pero había mucho más, poemas de Nicolas  Gullén terriblemente compartidos, análisis profundos de si Neruda o De  Rokha, y que pasaba con Huidobro o la Mistral, y los poetas malditos  norteamericanos... y mucho teatro, Marat Sade, El círculo de Tiza  Caucaciano, Esperando a Godot... Y mucho cine, desde De Sica y su ladrón de  bicicletas, pasando por Fellini y su Dolce Vita, barroco, delirante,  surrealista, hasta Antonionni y su desconcierto, soledad e incomunicación,  Bergman, el nuevo cine inglés, Tom Kourtney y la inolvidable Julie Kristie,  que se parecía un poquito a ti, en lo dulce, en la sonrisa, en sus ojos  profundos, perro mundo, il sorpaso, Gassman, Pontecorvo y su Batalla de   Argel...

Y Carmina Burana gozado hasta las lágrimas tomados de las manos y  dándonos el primer beso... y nunca más, me emocioné, eso es todo, sigamos  como amigos y hermanos, pero gracias igual, te quiero mucho, no sé que haría  sin ti, ven a mi casa mañana para que estudiemos juntos... 

Y conferencias,  poesía, museos, y yo dale mandarte cartas y poemas, diciéndote por escrito,  para la posteridad y el recuerdo, todo lo que me estaba vedado decirte cara  a cara, todos los días con ganas de besarte, de abrazarte, de hacerte el  amor, y a lo más un abrazo apretado al despedirnos, un besito robado en  medio de una situación límite, alguno que otro bailecito apretado en alguna  fiesta de la escuela en que no se admitieran parejas externas...

Contemplarte en tu recatado bikini en algún paseo, sacarte miles y miles de  fotos, algunas de las cuales, por milagro, aún conservo... así como tu  conservas mis poemas...  

Fueron casi dos años, hermosos años, de un amor  puro y platónico, pero intenso e imborrable... 

Creo que nunca conocí a tu  novio y si así fue, no lo recuerdo para nada. 

Tengo claro que tu nunca le  hablaste de nosotros y que tu madre y tus hermanas tampoco, porque por huevón  que fuera, alguna preocupación habría demostrado... Igual supongo era  consciente que tenía la sartén por el mango, el libreto ya escrito y se  sentiría seguro...

Igual creo que nunca logró conocerte ni le interesó  conocerte, ni compartir tus inquietudes y descubrimientos, tus ganas de  volar que eran tan contrapuestas a sus ganas de quedarse para siempre en  tierra firme, contable, constante y sonante, segura e inamovible. 

Y según  el libreto, él se tituló y se casaron... blanca y radiante va la novia... y  te retiraste de la escuela, te convertiste en señora, joven pero señora,  partieron a Aysen (en la época republicana de que hablo cada médico que  egresaba, automáticamente tenía trabajo en el Servicio Nacional de Salud, y  normalmente, salvo pituto enorme, debía ir a ejercer a provincia... y  mientras más lejana, mejor el sueldo y más corto el período de  relegación)... 

Por la simpleza de la naturaleza o porque te botaste a  madre italiana sin serlo, te dedicaste a ser madre a tiempo completo y  aportaste, en muy corto tiempo,  tres retoños a la humanidad...

Sí, ya se,  eras católica observante, esa parte no te la cuestionaste nunca, o sea,  tuviste suerte de no tener siete o más... 

Yo me quedé vagando con tu  recuerdo en mi memoria, escribiendo nuevos poemas ahora sin destino, letras  de tangos desgarradores... y mientras me ahogaba de llanto por dentro, opté  por una fachada rupturista, sarcástica, bohemia, por primera vez en mi vida  comencé a ahogar las penas en alcohol, entré en la noche de la cual no saldría nunca más...

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