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FLORES-SEXUALIDAD

Una nueva provocación.
Para pensar, para debatir,
para abrirnos a otros prismas.

Por Horacio Marotta R.

En Holanda nace el primer partido a favor de la pedofilia
Martes 30 de Mayo de 2006-ANSA


AMSTERDAM.- El primer partido declaradamente pedófilo, cuyo objetivo será permitir la libre pornografía infantil y las relaciones sexuales entre adultos y niños, fue creado en Holanda.

El partido se llamará NVD (Amor del Prójimo, Libertad y Diversidad).

"Educar a los niños significa también habituarlos al sexo. Prohibir hace a los niños aún más curiosos", afirmó Ad Van Den Berg, de 62 años, fundador del partido, en una entrevista que publicó hoy el periódico holandés Algemeen Dagblad.

Entre otras cosas, el partido propone además de la pornografía infantil, la supresión del Senado, de la función del Primer Ministro, y la legalización de todas las drogas.

Esto, que pareciera ser una provocación, (es una provocación, no lo dudo ni lo comparto no se si este partido aun existe) es una noticia más en un día cualquiera, en un mundo lleno de noticias en que crecientemente el tema de la pedofilia, así como otros temas valóricos y de nuestra sexualidad, van adquiriendo relevancia e importancia para el ciudadano común. 

El cable, que tiene 10 años de antigüedad, viene de Holanda, el país que tal vez más he evolucionado en el mundo en el terreno de las libertades individuales, donde ya existe legalizada la eutanasia, el aborto, la mariguana y algunas otras drogas, la prostitución es abierta y regulada como un negocio más desde hace décadas, los homosexuales se casan hace ya muchos años, los militares tienen sindicatos y presentan pliegos de peticiones, el nudismo se practica en forma masiva, los niños crecen sin tabúes ni miedos a sus cuerpos, están cerrando las cárceles por falta de delincuentes y convirtiéndolas en bibliotecas o centros culturales, y muchas cosas más que sería largo de enumerar.

En nuestro retrasado y cartucho Chile estos temas ni siquiera se discuten en alta voz, y cuando a un par de diputados se les ocurre presentar un proyecto para el bien morir de la gente con enfermedades terminales, se arma un alboroto que hace peligrar a la coalición de gobierno mientras la derecha Opus Dei dice que es acabo de mundo.  Está prohibido discutir el tema, ya no legislar, el solo plantearlo es escandaloso.  Claro, también es escandaloso hablar de matrimonio homosexual o de aborto, aunque sea el terapéutico que existió y que lo abolieron los milicos, aunque todo el mundo sepa que se practican cientos de miles al año, que son caros por ser clandestinos para las mujeres con dinero, y miserables para las mujeres pobres, muchas de las cuales mueren o quedan con secuelas para el resto de sus vidas.

Con la pedofilia pasa lo mismo. La doble moral impera en este tema en forma abyecta y los mismos que a diario ponen el grito en el cielo por la protección de la infancia, son clientes habituales de prostitutas y prostitutos impúberes que llenan nuestras ciudades noche a noche. 

En los juicios más emblemáticos, un ex senador de la república, caracterizado por ser un defensor indoblegable de la democracia, los derechos humanos y los intereses nacionales en contra de las mineras extranjeras, purgó una condena de 5 implacables años tras un juicio más mediático que judicial por tocarles el poto a algunas nínfulas, nada más que eso, en un intento por “hacer un escarmiento” por “probar que en Chile todos los ciudadanos son iguales” y que “se hará justicia caiga quien caiga”… 

Aún está abierta esta aberración y hay una campaña por reivindicar a Lavandero, víctima de algunos de sus camaradas, de las mineras trasnacionales que operan en Chile, de fiscales y abogaos corruptos, con la complicidad de un canal de TV y un chanta “periodista” cuyo prontuario ha ido creciendo desde ese entonces.

En el otro, están condenados hasta ahora los denunciantes, por mentir… los acusados pueden salir con penas menores en cualquier momento… los usuarios del sistema de corrupción pasaron piola y siguen en sus altas funciones públicas… los niños utilizados en las orgías siguen “trabajando” en lo mismo…  Además, a nivel de prensa, y por tanto de opinión pública, hay una enorme confusión entre lo que es pedofilia y lo que es legalmente estupro, figura legal que entiendo aun está en discusión, al menos en cuanto a la edad mínima en que un menor tiene capacidad de dar consentimiento para una relación sexual.

Todos los estudios hechos indican que los adolescentes inician su vida sexual consciente y plena a edades muy inferiores a las señaladas por nuestra legislación decimonónica, lo que indica que hay varios millones de transgresiones a la ley diariamente.  La sociedad tolera esta situación porque no tiene como enfrentarla.  Cuando se trata de amores entre dos infantes (siempre que no sean homosexuales, claro) la cosa pasa piola, aunque aumente dramáticamente el embarazo adolescente, el SIDA y otras enfermedades venéreas, los dramas, la finalización temprana de la educación, etc.

Las campañas de educación sexual, del uso de preservativos, de hacer conciencia sobre el SIDA, son efímeras, malas, cartuchas, y siempre rechazadas violentamente por los poderes fácticos de la Iglesia todopoderosa y la derecha antidiluviana que padecemos, derecha estrechamente ligada a sectas como el Opus Dei o los Legionarios de Cristo.

La cosa siempre se pone muy espesa cuando hay amores entre un adulto y un menor.  Ahí el juicio siempre es implacable, inapelable, satanizador.  Siempre se supone, absolutamente a priori, que el adulto se está aprovechando del o la menor, se parte de la base que hay engaño, dolo, mala fe, pedofilia, aberración, ejercicio doloso del poder o la influencia… 

Y sin embargo muchas veces no es así.  El amor no tiene edades y puede darse a cualquier edad, por amor, por atracción recíproca, por relación de cariño… 

Las parejas disparejas son muchas en nuestra sociedad y en todas, en la farándula, en la política, en el arte, en la literatura, en el cine, en las clases altas, medias y bajas… 

Un tipo de 30 y una lola de 15 se enamoran perdidamente, la familia de la niña, que por alguna razón no quiere al galán, lo acusa a la justicia y el tipo va preso.  Son 15 años de diferencia, claro, me dirán, él tiene exactamente el doble…  Menem con la Bolocco tenían 40 años de diferencia, la misma diferencia que tenía Chaplin cuando se caso con su última mujer y con la cual procreó y fue feliz hasta después de los 90.

Convengamos, la moral, la ética, las costumbres, lo tolerado o prohibido, son producto de una época, de una estructura económica y social, de un grado de madurez de la sociedad, o de un grado de necesidad, y por ellos son cambiantes, están en constante evolución. 

La historia de la humanidad indica que en épocas de guerra, por ejemplo, las costumbres sexuales se relajan, porque hay mortandad y se necesita mayor procreación para suplir las bajas.  También ha ocurrido después de las hambrunas o de las grandes pestes.  Cuando hay sobrepoblación y la comida no alcanza, las costumbres sexuales se rigidizan, se legisla, se condiciona moral y religiosamente el sexo.

Veamos algunos ejemplos y hagamos un poco de historia, para entender de que estamos hablando.

La sexualidad pasa a ocupar un lugar importante en la civilización con el descubrimiento de la agricultura, pues permitió a las tribus establecerse por períodos prolongados en territorios fijos, con lo que hombres y mujeres pudieron por fin conocer el placer de reproducirse. En ese momento, la humanidad identifica a la mujer (da vida) con la tierra (da frutos). Así nace un culto a la sexualidad femenina que sólo relegarían, las religiones judaica, cristiana e islámica. 

En las culturas helénica y latina el acto sexual llegó a ser una manifestación religiosa. Las orgías dedicadas a Dionisio o Baco, divinidad masculina de la sexualidad, fueron al principio verdaderos rituales del amor. En ellos se ofrecía a los dioses un presente para propiciar sus favores, en forma de fertilidad femenina y terrestre. Con el correr del tiempo esta creencia perdió su base religiosa y se transformó en exceso hedonista. Es especialmente famoso el caso de las orgías romanas, que llegaron a dimensiones monstruosas durante ciertos períodos de su historia imperial. 

Lo que más  sorprende de la ética griega es que se preocupaban más de su propia conducta moral o ética, y de la relación que mantenían consigo mismos y con los otros, que de las cuestiones religiosas. ¿Qué ocurre tras la muerte? ¿Intervienen los dioses, o no? Estos son asuntos de poca importancia para ellos, ya que no estaban relacionadas con su ética. Además, esta ética no iba ligada a un sistema legal. Las leyes que regulaban la conducta sexual no eran muy numerosas ni tenían demasiada fuerza. A los griegos lo que les interesaba era constituir una ética que fuera una estética de la existencia.

En este período se consolidó también la exaltación del potencial sexual masculino, a través de las imágenes divinas como Zeus y, especialmente Apolo. La mitología grecolatina está llena de las aventuras eróticas de estos personajes, el primero padre de los dioses y el segundo, su hijo predilecto. La gente veneraba a Apolo como un dios pleno de belleza física y espiritual (era, en cierto modo, el protector de las artes), así como de fortaleza y valor. De su imagen surgió el concepto de belleza apolínea, que marca hasta la actualidad, el prototipo del hombre viril y sensual. Su relación de conquistas divinas y humanas sólo se compara a la de su padre Zeus. Pero Apolo se acerca más a la simpatía de los mortales porque sus aventuras amorosas no siempre terminaban bien. Cuando, por ejemplo, engañaba al feo Vulcano con su esposa, la bellísima Afrodita, ambos fueron descubiertos y expuestos al ridículo por el marido. 

Una costumbre de aquellos tiempos, fue la prostitución sagrada. Con la que las mujeres atraían favores de las diosas protectoras de su pueblo. La mujer debía ofrecer su virginidad y fertilidad a la diosa Venus o a algún de sus equivalentes, a través de la unión con un sacerdote o un extranjero; el forastero, en este caso, debía pagar a su vez con una ofrenda en especie o en metálico para costear los cuidados del templo de la diosa. Esa costumbre ritual degeneró en la simple venta del cuerpo femenino. Era natural que estos excesos ocurran en pueblos dominados por las concepciones helénicas y latinas, cuando las guerras o el desgaste de la sociedad alteraban las costumbres y causaban una profunda ansiedad por disfrutar placeres. Entre los múltiples descubrimientos e invenciones de estas culturas no podía faltar la educación sexual. 

Griegos y latinos conocían la importancia de desarrollar una sexualidad plena; buscaban, por lo tanto, cumplir el ideal de la vida sexual. Educaban a sus niños en el conocimiento de las funciones sexuales. Procuraban exaltar el erotismo. Las consideraciones grecolatinas sobre la sexualidad permitían, asimismo, conductas que otras culturas condenarían y perseguirían como por ejemplo, la noción de hombría que se manejaba en la época grecolatina no excluía las conductas homosexuales que no constituían gran menoscabo para la virilidad.

Las historias cuentan ejemplos de homosexualismo desde los dioses mitológicos, como Zeus, hasta los grandes guerreros, como Alejandro Magno.

En la sociedad helénica estas conductas recibían poca censura. Nadie pensaba tampoco que la virilidad de estos personajes disminuyera por sus prácticas, siempre y cuando no afectaran su desempeño en las continuas guerras.

La cultura romana no cambió esta visión pues muchos romanos la adoptaron gozosamente para excitar sus rutinarios placeres. Pero la introducción de la moral estoica, en plena época del Imperio, condujo a varios pensadores y gobernantes a condenar las conductas homosexuales. Las imágenes de desenfreno y perversión sexual con que se identifica a griegos y romanos sin embargo, resultan exageradas. 

La religión judía fue de las primeras en reprimir la sexualidad, particularmente la de las mujeres que eran considerabas simples objetos sexuales. En el Antiguo Testamento, la función de la mujer era procrear, perpetuar, y servir a los hijos. El cristianismo cambió esta visión pero al pasar a ser religión oficial del imperio romano se convirtió en una fuerza política y represiva. El cristianismo designó la sexualidad como algo impuro, elevando la virginidad de la mujer como el bien más sagrado. El islamismo reprimió aún más ferozmente a las mujeres, y continúa esa injusta práctica hasta nuestros días. Lo prueban los velos y pesados rodajes que les obligan a llevar en los países donde es la religión oficial.

En el Oriente, la sociedad buscaba el conocimiento y el desarrollo de las funciones sexuales. En la India son famosos los libros sagrados del erotismo hindú, como el Kama Sutra, que enseñan las maneras de convertir el goce de la sexualidad en una experiencia casi mística.

Esto no quiere decir que en estas culturas el desarrollo de la sexualidad triunfara. Las conveniencias políticas y las concepciones machistas mantenían gran número de costumbres atroces y represivas contra las mujeres y las clases más humildes.

Entre los peores aspectos de sus ideas sexuales, por ejemplo, se encuentra la costumbre del suti. Por ella, la viuda de un hombre debe incinerarse viva en la pira funeraria de su esposo. Esta práctica, afortunadamente, fue virtualmente erradicada por los cambios sociales que ese país experimentó en este siglo. 

En Occidente, la represión político-religiosa de la sexualidad y sus manifestaciones se mantuvo hasta bien entrado el siglo XX. Sin embargo, entre el siglo XVIII y el actual se dieron diferentes cambios en la mentalidad social.

Algunos fueron espectaculares y otros poco perceptibles. Pero todos marcaron el camino hacia la revolución sexual, que ocurrió en la década de 1960 y desembocó en las actuales concepciones sobre este tema. 

Por ejemplo, a finales del siglo XVIII el Marqués de Sade introdujo en Francia, entre otras cosas, una nueva visión del placer sexual. Esta fue malentendida en su tiempo, como mera incitación a la perversión y al crimen. Inclusive en la actualidad recibe aún interpretaciones equivocadas. 

Podríamos agregar muchos más elementos, hablar de la poligamia, del incesto (practicado comúnmente por las dinastías faraónicas e incluso por gran parte de las monarquías europeas),  de las costumbres sexuales incas o aztecas antes de la llegada de los españoles y de cómo ellas fueron ferozmente reprimidas, de las costumbres polinésicas, de las tradiciones esquimales y laponas, muchas de las cuales se extienden hasta nuestro días y que en occidente son consideradas como bárbaras e incivilizadas.

¿Y como avanzamos? ¿Cómo madura una sociedad? ¿Qué hacemos cada uno de nosotros día a día por alcanzar mayores grados de tolerancia, mayores grados de libertad, menores grados de injerencia del estado sobre nuestras vidas cotidianas, teniendo en cuenta que la mayoría de nosotros no creemos ya que la ética esté fundada en ninguna religión, ni deseamos que exista un sistema legal que regule nuestra vida privada?  Yo no tengo la respuesta, pero encontré esta cita de Foucault que a lo mejor sirve de partida a una discusión más seria sobre el problema:

“Contamos con todo un tesoro de procedimientos, técnicas, y conceptos que han sido creados por la humanidad. No es que podamos reactivarlos, pero al menos podemos emplearlos como instrumentos para analizar la realidad actual y cambiarla. Desde luego, no podemos elegir el mundo griego en vez del nuestro, pero comprobar que algunos de nuestros principios éticos estuvieron ligados en cierto momento a una estética de la existencia puede constituir un análisis histórico útil. Durante siglos hemos estado convencidos de que existían relaciones analizables entre la ética personal que rige nuestra vida cotidiana y las grandes estructuras políticas y socio-económicas. Hemos pensado que no podíamos cambiar nada de nuestra vida sexual o familiar sin que eso trastocara la economía, el sistema democrático, etc. Considero que deberíamos desembarazarnos de esa idea de que existe una relación necesaria entre la ética y las estructuras sociales, económicas o políticas. Esto no significa, naturalmente, que no existan relaciones, pero se trata de relaciones variables”.

ClariNet