RAFAGAS

“Ha pasado tanta agua
bajo los puentes” desde
aquellos años en que me
tocó trabajar políticamente
desde el exterior, que
utilizaré despiadadamente
las tijeras.

Por Nelson Villagra

Tal vez lo he dicho antes, con Edgardo Enríquez (Simón), nos habíamos conocido ocasionalmente en Chile, sin haber tenido nunca un encuentro personal. Y en esa primera ocasión en La Habana me pareció un hombre simpático, de humor sarcástico, muy propio de todo mirista. Posteriormente ratificaría su consecuencia revolucionaria y su coraje para enfrentar la adversidad.

Durante los informes que intercambiamos, el compañero Simón no disimulaba que

tenía curiosidad por evaluarme como militante, y por qué no, como persona. Era lógico y necesario. Yo hice lo mismo con él.

En la reunión de La Habana, estuvieron presentes el “trosko” Fuentes, a quien también había conocido ocasionalmente en Chile, y el Patula (no recuerdo su nombre), un simpático compañero de las huestes fundadoras del MIR en Concepción.

Cuento corto: considerando que París aún “seguía siendo París” – su capacidad de irradiación -, se decidió mi traslado a esa ciudad desde la cual me haría cargo además de la tuición de otros tres países. Sería “el rostro chileno del MIR”. Agradecimos a los compañeros brasileños su aporte durante los meses anteriores, y por supuesto continuamos contando con su colaboración.

Reitero, el pueblo democrático chileno contó con una solidaridad internacional tan masiva y generosa que a mi juicio lo deja en deuda hasta el presente. Hube de visitar varios países de Europa durante los seis meses que estuve en París, como así mismo posteriormente durante los 10 años que residí en La Habana. 

Si en Chile no se pudo llegar a un cambio democrático más radical en 1990, no fue por falta de solidaridad internacional, sino por las debilidades de nuestras fuerzas populares nacionales, pese a sus sacrificados y heroicos esfuerzos.

Y cuando menos lo pensaba, apareció el Cine en mi camino...

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