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RAFAGAS

En el intento de resumir mis
recuerdos y olvidos, los
recuerdos han insistido en mi
memoria, obligándome a
contar varios otros contextos
de mi estadía en Roma.
De manera que he “rebobinado”
la cinta, como en las
antiguas películas.

Por Nelson Villagra

Viajé de México a Roma vía París, en donde estuve algunos días, a la espera de informes, reuniones, y probablemente a la espera de recibir dinero y documentos que llevaría a Roma.

A comienzos de 1974, en París, dirigía el MIR un compañero brasileño, Marco Aurelio García (compañero que posteriormente fuera un asesor importante del presidente Lula en Brasil). Marco Aurelio era un intelectual brillante, simpático y acogedor. 

Debo reiterar que la Jefatura Exterior del MIR estaba a cargo del compañero Ruy Mauro Marini, también brasileño. En Europa - dos o tres países – igualmente representaban al Partido compañeros de nacionalidad brasileña. Compañeros de los cuales el MIR estaba muy reconocido por su colaboración.

Dicha situación derivaba de la decisión partidaria: “El MIR no se asila”. De manera que quien lo hiciera quedaba automáticamente expulsado. Al respecto, el Partido hubo de reconsiderar con flexibilidad el problema. Los expulsados, en el exterior dispersos en variados países, a la altura del mes de mayo de 1974, eran muchos más de lo que pudo imaginar la Dirección Interior del MIR.

En vista de lo cual, Ruy Mauro, dispuso una pragmática solución: organizar los GAM (Grupo de Amigos del MIR). A dichos grupos podían pertenecer tanto miristas chilenos expulsados (sin delitos graves en contra del Partido), como amigos extranjeros. 

Los GAMs respondían a las políticas del MIR, pero no pertenecían “orgánicamente” al Partido (¡un abogado especialista en divorcios no lo habría hecho mejor!). Era necesario sin duda aprovechar la potencialidad de trabajo que suponía la existencia de numerosos compañeros miristas en el exterior, muchos de ellos con larga experiencia militante y capacidad organizativa y elaboradora, con la debilidad, eso sí, que al momento del golpe no tenían prevista la infraestructura de su seguridad en Chile (debilidad más o menos generalizada en las bases partidarias). 

Los GAMs sirvieron además para aglutinar y organizar la potencialidad solidaria que ofrecieron numerosos nacionales en diversos países. De tal manera que la fórmula de Ruy Mauro resultó un magnífico aporte.

En aquel paso por París, camino a Roma, alojé en el apartamento de nuestro jefe brasileño, Marco Aurelio, quien vivía en el barrio – quartier - de Vincennes. 

Era la primera vez que yo estaba en París. En aquellos tres o cuatro  días que permanecí allí, alcancé a conocer lo que mis obligaciones me permitieron: edificios, estaciones de metro, la torre Eiffel, desde lejos; el Sena, inevitablemente; en fin, la solidez de los edificios parisinos y su estilo, que recordaban – disculpando mi chauvinismo - las calles 18, y calle París de Santiago de Chile. 

Cuánta historia, cuántos intelectuales, artistas, revolucionarios, maravillas y atrocidades habían formado esa ciudad… Antes que Colón llegara a América, antes que Almagro o Pedro de Valdivia se pusieran a matar a los pueblos originarios en mi país, aquí en París se había fundado una Universidad...

En esos días que estuve en París, tenía como vecinos a unos compañeros miristas chilenos expulsados orgánicamente – a la sazón “ayudistas” -, a quienes visité una tarde. En esa visita sucedió algo curioso, que invita a la infidencia. Estábamos recién acomodándonos en el pequeño salón del apartamento en donde vivían - creo, dos parejas -, cuando uno de los compañeros que ejercía de dueño de casa le dijo a su compañera:

-Oye, (¿?), váyanse a comprar algo para atender aquí, al Chacal. (Creo haber dicho en párrafos anteriores que en el MIR siempre me llamaron Chacal, tanto así que no recuerdo mi “chapa” partidaria. No tenía sentido utilizarla).

-¿Y qué podría ser?, dijo la compañera.

-Algo, pus, qué sé yo… Algún cognac, o whisky, jamón, algún queso de los buenos…, en fin, tú sabís…

Mientras las compañeras se preparaban para salir, y suponiendo yo que todos los miristas vivían en el exterior al tres y al cuatro (así había sido mi experiencia en Tegucigalpa), no pude por menos de comentarle al compañero:

-¡Por lo que veo, ustedes están muy bien aquí en París!

-¿Por qué decís, tú? Aquí, todos andamos a salto´e mata…

-¿Sí, pero y todas esas cosas que acabái de encargar?

-¿Eso…? No, pus Chacal. Eso es a cuenta de lo que Europa nos debe. Las cabras son expertas en el “choreo”…

-¿Tái bromeando?

-No, es así. Solamente que nosotros lo hacemos, estrictamente, para atender a las visitas. De esa manera no se cumple aquello de “tanto va el cántaro al agua…”

Pronto sabría que muchos compañeros chilenos en el exterior resolvían sus problemas de consumo extra de esa manera. Y no fueron pocos a quienes se les pasó la mano, con feas consecuencias. Así fue como años más tarde, en Estocolmo, aparecieron unos letreros en los mercados y tiendas que obligaron a los partidos chilenos a tomar serias medidas disciplinarias. Los letreros decían:

“SI VES ROBAR A UN CHILENO, DÉJALO…”

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