RAFAGAS

El rodaje del Chacal estuvo
lleno de anécdotas, tantas,
que tal vez llenarían un libro
ellas solas. Solamente
recordaré una, aunque
me llena de tristeza:

Por Nelson Villagra

Sucedió la mañana en que llevaron al lugar de rodaje a las muchachitas que serían las víctimas en el film. Eran niñas campesinas de la zona. Como habíamos descubierto que la vaguada del río comenzaba recién desde el mediodía, todo el equipo llegábamos a la orilla del río en la mañana para preparar el plan de rodaje esperando la niebla.

Recuerdo que yo estaba calentándome cerca de una pequeña fogata en cuclillas, con mi vestuario de personaje. Vestuario  que me lo puse desde el primer día de rodaje y no me lo saqué hasta el cambio de aspecto en la Cárcel. Las moscas solían acompañarme alrededor y no resultaba conveniente abrazarme. 

Aquella mañana vi de lejos a las muchachitas. Miguel y Shenda Román hablaban con ellas. Desde allá lejos me señalaban. De pronto Miguel me hizo señas que me acercara al grupo. Pensando que me llamaba para comenzar el ensayo tomé el cuchillón que utilizaríamos en el rodaje de la secuencia y caminé hasta el grupo. Cuando todavía me faltaban unos tres metros para llegar, las muchachitas retrocedieron espantadas rompiendo en llanto.

Claro, el Chacal en aquellos campos era para ellas el equivalente al “viejo del saco” con el cual nos metían miedo a los niños de la ciudad. Las chiquitas se habían criado con el temor de encontrarse un día por los caminos con “el Chacal”, cuchillón en mano, dispuesto a despedazarlas (los diarios de la época transformaron a Jorge en un despiadado monstruo).

Fue difícil convencerlas esa mañana que no les pasaría nada, y que yo era un actor solamente. ¿Un actor? ¿Qué era un actor para ellas...?

-Me toman fotografías, les dije, son sólo fotografías – yo sonreía intentando cara de inocente -. Miren, esta es mi señora, agregué señalando a Shenda. Yo tengo hijos chicos con ella, igual a ustedes, ¿cierto Shenda?

-Claro que sí, se llaman Panchito, Peruchito, Alvarito… (Los diminutivos harían mayor efecto, pensó Shenda). Otro día les voy a mostrar sus fotos. Lo que vamos a hacer ahora es de mentira. Es como jugando…

Al mediodía de aquella mañana, mediando largas conversaciones, las niñas se habían calmado, aunque el temor de nuestras “brillantes actrices” siempre estuvo latente en ellas, sobre todo en pleno rodaje. 

Hacia las 3 de la tarde comencé a matarlas... 

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