DIAMELA-ELTIT

La autora de Lumpérica y
exintegrante del grupo
CADA fue distinguida con
el máximo galardón literario
que entrega el país.

Con 69 años y una docena de títulos publicados desde comienzos de los 80, la académica de la U. de Nueva York es la quinta autora en obtenerlo y desplaza a Hernán Rivera Letelier, Germán Marín y Roberto Merino.

Ensayó silenciosamente. En libretas de bolsillo y frente a su máquina de escribir, y pronto sus palabras echaron chispas.

No fue su primer libro, sin embargo, ese conjunto de ensayos al que tituló Una milla de cruces sobre el pavimento (1980) el que echó a correr su nombre entre las nuevas voces literarias del Chile de fines de los 70. Recién en 1983, con la publicación de Lumpérica, su novela debut, Diamela Eltit (1969) hizo su aparición en la escena artística local, en pleno régimen militar.

Años después, la alumna de Nicanor Parra y exintegrante del grupo (CADA), donde compartió filas con el poeta Raúl Zurita y los artistas Lotty Rosenfeld y Juan Castillo a fines de los 70, contaría que mientras hacía los últimos ajustes al texto, sabía que su manuscrito caería en manos de un censurador a quien desconocía. “Escribí con un censor al lado, en el sentido más simbólico del término, porque sabía que mi libro iba a dar a esa oficina de censura”, le dijo Eltit a Michael Lazzara de la Universidad de Princeton, en 2002. Su libro fue publicado a los pocos meses con apenas algunas variaciones, pero su denuncia contra la violencia en los años más álgidos del régimen permaneció allí, camuflándose entre palabras.

Este mediodía, la escritura política de Diamela Eltit (69) fue distinguida con el Premio Nacional de Literatura.

Desde su creación en 1942, solo cuatro autoras lo habían obtenido: Gabriela Mistral (1951), Marta Brunet (1961), Marcela Paz (1982) e Isabel Allende (2010).

Tras obtener otros reconocimientos, como la Beca Guggenheim (1985), el Premio Iberoamericano de Letras José Donoso (2010) y el Municipal de Literatura de Santiago en 2017, la también autora de Mano de obra y Jamás el fuego nunca acaba de sumarse a la selecta lista de escritoras galardonadas, y en tiempos del #MeToo y la reivindicación feminista.

Tras desplazar a otros ocho candidatos, entre los que figuraban Hernán Rivera Letelier, Enrique Lafourcade, Carlos Franz y Roberto Merino, Eltit recibirá una mensualidad equivalente a 20 UTM ($ 940 mil) y cerca de $ 20 millones por el premio que, por primera vez, acaba de entregar el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio.

A pesar de que en las últimas semanas Eltit concedió una serie de entrevistas a diversos medios locales, la autora y esposa del político socialista Jorge Arrate había decidido no presentarse. “Yo no voy a hacer ninguna campaña. Además eso tensa mucho”, señaló hace unos meses.

Sin embargo, y al igual que como ocurrió en 2014 con Pedro Lemebel, las redes sociale ayudaron a impulsar su candidatura: en Facebook, el grupo “Diamela Eltit al Premio Nacional 2018”, creado por Eugenia Prado y Malú Urriola, logró sumar en cuestión de semanas una treintena de videos en apoyo a la también académica de la Universidad de Nueva York, quien vive algunos meses del año en Santiago y el resto en EEUU.

Ensayos, columnas y novelas, además de conocidas colaboraciones, como El infarto del alma, el libro documental y que la reunió junto a la fotógrafa y también Premio Nacional, Paz Errázuriz, engrosan su prolífica producción literaria. Siempre atenta a la contingencia, sus historias reflexionan sobre los postergados y los abusos de poder, como en Mano de obra (2002), Impuesto a la carne (2010), Fuerzas especiales (2013) e incluso en su más reciente novela, publicada este mismo año: Sumar.

La historia muestra a un multitudinario grupo de vendedores ambulantes decididos a marchar para luchar por sus derechos. “Una marcha múltiple, la más numerosa del siglo XXI (…) Es que ya estamos absolutamente cansados de experimentar toneladas de privaciones. Hastiados de los golpes que nos propinan las oleadas de desconsideración y de desprecio”, narra el titulo recientemente publicado por Seix Barral.

“Siempre he tenido una mirada sobre ciertos espacios y esos espacios, en general, son más border”, declaró la autora en una de sus últimas entrevistas a La Tercera. “Yo nunca he escrito para ganarme el premio. La escritura es algo más personal, es un desafío, es algo urgente. El mundo no está hecho para que escribas literatura, entonces también es un desacato. Pero yo soy obediente y trabajo. Tampoco me he puesto en el lugar de ganar dinero con la literatura, no postulo, por ejemplo, a fondos públicos. Me mantengo con lo que trabajo, nunca estuvo en mi horizonte la idea de los premios. Creo que la escritura salva la vida, porque la vida me parece muy burocrática, lineal, no la encuentro demasiado atractiva. Mi premio es escribir”.

La escritora fue escogida de manera unánime por un jurado que presidió la ministra Consuelo Valdés y que también fue integrado por el rector (s) de la Universidad de Chile, Rafael Epstein, en reemplazo de Ennio Vivaldi; el rector de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE), Jaime Espinosa, en representación del Consejo de Rectores; la profesora titular de la Universidad de Chile, María Eugenia Góngora, por la Academia Chilena de la Lengua; y el poeta Manuel Silva Acevedo, ganador del último galardón.

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