COLMNA-NANCY

Por si no saben los Premios
Nacionales nacieron en 1942
con un claro sentido de justicia
social y fue impulsado por la
Sociedad de Escritores de
Chile, al tener claro que los
derechos de autor no daban
para que un escritor tuviese
una vida digna y muchos
convivían en las peores
condiciones humanas, a
pesar de su enorme
capacidad de crear.

Por Nancy Guzmán

En 1940, luego de una larga pelea por derechos, la SECH respaldada por algunos parlamentarios progresistas e intelectuales que ocupaban cargos públicos prepararon un proyecto de ley para otorgar el Premio Nacional a quienes hubiesen aportado a la cultura y el saber de la sociedad desde las letras. El presidente Pedro Aguirre Cerda, del Frente Popular, sensibilizado con el abandono de los intelectuales ordenó redactar la ley, pero la muerte lo encontró sin que se aprobara. 


Fue el gobierno de Juan Antonio Ríos el que promulgó la Ley 7.368 un 9 de noviembre de 1942, y lo hizo en el marco de un homenaje al Movimiento Literario de 1842. El primer Premio Nacional fue de Literatura y entregado a Augusto D’Halmar. 


La ampliación de la Ley otorgaría en 1944 premio en artes, en diciembre de 1953 la ley 11.479 otorgó a los periodistas el Premio Nacional y en 1961 le tocó a Ciencias. La dictadura cívico-militar le entregó Premio Nacional a los historiadores en 1974 y en 1981 en Ciencias de la Educación. 


Con el tiempo se han agregado los premios a las artes de la representación, fotografía y música. 


Como vemos los premios nacen con un claro sentido social de reconocer a quienes aportan con sus saberes y creatividad al desarrollo de la sociedad, pero se irán transformando en pagos a intelectuales o profesionales afines a las políticas de quienes gobiernan.

Hay que recordar que a Gabriela Mistral le entregaron el Premio Nacional a regañadientes por ser una insumisa al poder, después que el Premio Nobel.

La dictadura cívico-militar entregó Premios Nacionales a insignes desconocidos de ayer y de siempre. Uno de ellos fue a Sady Zañartu, autor del Himno del Regimiento Buin.

La Concertación le entregó premios a quienes habían aportado sus esfuerzos a crear e investigar durante la dictadura, pero también le hizo guiños a la derecha y especialmente a El Mercurio, entregándole en 2001 el premio a Tito Castillo, desconocido periodista de ese diario. 


Por eso no es raro que en este gobierno se le otorgue un Premio Nacional en ciencias a un miembro del equipo médico de los Servicios de Inteligencia de la dictadura cívico-militar. Es el pago por servicios prestados.


Otto Dörr es un psiquiatra que no solo fue defensor de la dictadura, sino que fue parte de ella, y de su peor parte.

Este hombre “de ciencia” fue uno de los soportes intelectuales y científicos de Harmut Hopp, hombre de confianza de Paul Schaeffer, y encargado de hacer experimentos con niños chilenos que se atendían en el hospital de Colonia Dignidad.

Dörr era quien daba las indicaciones de las dosis farmacológicas a los “pacientes” de Hopp: niños violados, niños sometidos por el terror. Es posible que haya sido asesor en torturas mentales después del 11 de septiembre, aunque solo se conoce su defensa a estos criminales y su asesoría. Su nominación es tan grave como si a Mengele le hubiesen dado un reconocimiento por sus publicaciones científicas. 


Lo terrible es que ninguna sociedad científica ha protestado por esta grave afrenta.

Solo hay quejas por falta de recursos para investigar o quejas similares, pero no una protesta ética a la entrega de un Premio Nacional a un nazi confeso y cómplice de violaciones a los derechos humanos. 


Tal como decía el spot de la dictadura “Vamos bien, mañana mejor”. Espero que lo urgente no cubra lo importante y logremos reponer principios que el sistema descompone.

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