EL-SIMPLISMO

Salir a gritar a la Plaza Italia
porque ganó un Oscar una
buena película realizada por
una empresa cinematográfica
de nuestro país, me eriza la piel,
me preocupa y desanima,
al mismo tiempo.

Por Nancy Guzmán

Ustedes se preguntarán la razón de mi urticaria y desazón, si por primera vez alguien de Chile logra un galardón en la próspera industria del cine hollywoodense. 


Es por eso. Hollywood es una industria decadente que ha tenido que colgarse de la creatividad, los contenidos nuevos y la versatilidad actoral que proporcionan cineastas y actores venidos de otras latitudes, esos que antes bailaban con una canasta de frutas en la cabeza o hacían papeles de pérfidos o delincuentes de poca monta.

Así que no es raro que le dieran el premio a la mejor película extranjera a una que ya venía con varios galardones y que trataba un tema vendedor: la transexualidad en una sociedad conservadora.


La segunda razón es la simpleza de pensar que una película que trata la transexualidad significa que el país ha cambiado de switch y se ha vuelto sensato, respetuoso de la diversidad sexual, amplio de criterio y otros tantos atributos positivos que nos harían mejor como sociedad.

Les aseguro que si hoy cualquier chileno o chilena va a buscar trabajo y expresa en sus atuendos la transexualidad nadie lo o la contrata.

Le aseguro que si en algún colegio con pasado y presente vinoso contrata una profesora trans, los padres van a quejarse por la moralidad y educación de sus hijos, algo que no harían si contratan a un ex DINA a cargo de la seguridad del establecimiento. 


La tercera razón es que la política sea una farándula ramplona e irrespetuosa.

Me preguntó por qué en estos cuatro años no se puso urgencia al proyecto de Ley de Identidad de Género y ahora que el Oscar muestra una realidad que todos conocemos demasiado, el duopolio se desespera por salir a mostrar su cara trans (pero política), al decir que aprobarían la ley, aunque con condiciones, que seguramente terminará siendo un engendro como gran parte de las legislaciones donde la derecha impone su criterio reaccionario, contrario a la vida y a la libertad humana.


La cuarta razón es que la Presidenta se adjudique o lo adjudique a su mandato este triunfo de un cineasta, hablando de haber corrido los cercos.

La verdad es que quienes corrieron los cercos son los movimientos sociales, los jóvenes y viejos que dijeron ¡basta! Y comenzaron a abrir las ventanas y puertas para el aire nuevo entrara a un país anquilosado por el terror heredado de la dictadura y un duopolio que profitó de él, y de lo que ella se aprovechó para proponer en su segundo gobierno, pero sin llegar a concretarlo en su totalidad por el temor y la presión de la derecha. 


La quinta razón es que no soporto el oportunismo de Rolando Jiménez, quien jamás ha tocado el tema de la transexualidad ni le interesa la difícil condición que deben soportar quienes nacieron con un cuerpo distinto al que determina su cerebro y deben enfrentar una discriminación que acarrea sufrimiento y soledad, ahora se aprovecha el Oscar para salir en la TV para referirse a quienes sacó de su organización. 


Debo decir que no he visto la película, que me han comentado que es muy buena y se merece los galardones obtenidos. Bien por el director, la actriz y todos quienes trabajaron en ella.

Es valioso que la transexualidad tenga visibilidad y que eso nos lleve a normalizar todas las formas de vida posible y que las políticas públicas apunten a crear en el sistema de salud programas para que quienes quieran cambiar su cuerpo les sea posible, que quienes quieran cambiar su nombre lo hagan sin tener que ir a la justicia, que las leyes laborales sancionen drásticamente la discriminación y el maltrato por su sexualidad, que se impida y sancione la mofa a la transexualidad o la homosexualidad en la TV, etc. 


Como no creo que una película cambie la historia de un país y si creo que la puede cambiar la pertinaz protesta social contra un sistema basado en la injusticia y la discriminación, llamo a todas las mujeres que creen que es posible cambiar el mundo a participar de la primera huelga feminista y clasista internacional este 8 de marzo.

ClariNet