MUERE-VIGLIETTI8

El compositor de 'A desalambrar'
y 'Canción para mi América'
musicó poemas de escritores
españoles e iberoamericanos.

La noticia tuvo el efecto de un latigazo.

De repente, había que comenzar a hablar en pasado de Daniel Viglietti en Uruguay, Argentina, en América Latina y más allá. Porque Vigliettti, voz esencial del canto popular de esta región, autor de algunas de las canciones que formaron parte de la banda sonora de una época, los años sesenta y setenta, en especial, y, además, guitarrista extraordinario, falleció a los 78 años. Su vida cesó mientras era sometido a una intervención quirúrgica en la capital uruguaya.

Había nacido en Montevideo en 1939. El cuerpo del autor de 'El chueco Maciel' fue velado en el Teatro Solís de Montevideo.  

Viglietti creció en un mundo atravesado por la música. Su madre, Lyda Indart, era pianista y César Viglietti, su padre, guitarrista como el abuelo de Daniel, y a la vez reconocido investigador de la música popular uruguaya. Desde siempre navegó entre dos aguas, la académica y la que, dijo el diario 'El Observador', brota de la tierra misma. Estudio el instrumento con uno de los maestros y compositores más relevantes de América Latina, Abel Carlevaro.

Pronto entendió que esos saberes y técnicas no eran propiedad exclusiva de lo que se puede entender como la música 'clásica'. Lo ayudaron mucho el descubrimiento, al otro lado del Río de la Plata, de Athaualpa Yupanqui, y, también los estremecimientos de la historia. Al despuntar la década del sesenta, y el giro político y cultural que supusieron para la región los acontecimientos en Cuba, el joven Viglietti no dudó: lo suyo sería el escenario, pero para cantar y decir las nuevas verdades sin renunciar a lo heredado. La guitarra se colocó al servicio de lo que en América Latina se llamaría la Nueva Canción. 'A desalambrar', 'Gurisito', 'Milonga de andar lejos', 'Yo no soy de por aquí', llegaron a través de esa voz grave que podía ser ardiente e íntima. 

En rigor, Viglietti se pensó a sí mismo como alguien que era más que un cantante de emergencia. Un intelectual que canta. Intervino en la docencia, la radiofonía y el periodismo. Sus artículos aparecieron nada menos que en 'Marcha', la revista que dirigió Alfonso Quijano, tuvo a Juan Carlos Onetti como secretario de redacción y donde Ernesto Guevara decidió publicar en 1965, a modo de larga carta, su ensayo 'El socialismo y el hombre en Cuba'. En 'Marcha' escribieron también Mario Benedetti, Ángel Rama, Mario Vargas Llosa, y otro de los grandes referentes de la música uruguaya y regional, Coriún Aharonián, recientemente fallecido.

La tensión entre letra y música lo llevó a ir más allá de su propia inventiva y trabajar con poemas de Nicolás Guillén, Federico García Lorca, Rafael Alberti, César Vallejo y Benedetti.

Después del golpe de Estado en Uruguay, y una escandalosa  estancia en prisión, inició en 1973 un largo exilio que terminó 11 años más tarde. Por entonces, se pensaba que era historia cantante de la cultura uruguaya. Su voz era reconocible de inmediato. Su estampa, también. Nunca quedó circunscrito a lo que se llamó 'canción de protesta'. Viglietti era mucho más que eso. Grabó con Joan Manuel Serrat, Víctor Jara, Amparo Ochoa, Isabel Parra, Alí Primera, Chavela Vargas, entre tantos.

El Teatro Solís se abarrotó de gente. José Pepe Mujica fue uno de los que se acercó a despedir al viejo conocido. “Ahora tenemos mucha música, mucho ruido. Y vale: el ruido también entretiene. Pero no es lo mismo una música con mensaje permanente, importante. Por eso hago votos, porque a pesar de todos los desastres de la humanidad, creo en el hombre. Y habrá chiquilines Viglietti que aparecerán para llenar ese escenario vacío. Es un día triste, y lo que podemos hacer es tratar de remover dentro de nosotros lo mejor que nos haya quedado de él”.

Biografía

Nacido el 24 de julio de 1939 en el seno de una familia de músicos —su madre era la pianista Lyda Indart, y su padre el guitarrista Cédar Viglietti—, desde niño entró en contacto con la música clásica y popular. Estudió guitarra con los maestros Atilio Rapat y Abel Carlevaro, adquiriendo así una sólida formación como concertista para luego dedicarse, en los años 1960, principalmente a la música popular.

Durante esa década desarrolló una intensa actividad como autor-compositor, cantor, docente y locutor en radio, que se inscribe en una creciente movilización popular en Uruguay. Participó en el semanario Marcha, y creó y dirigió el Núcleo de Educación Musical (Nemus). Su primera obra discográfica fue "Impresiones para canto y guitarra y canciones folclóricas" de 1963, a la que le seguirán cinco producciones más hasta 1973.

Su obra adquirió un carácter radical de fuerte contenido social y de izquierda, con letras asociadas a las luchas populares en Uruguay y en Latinoamérica. En el marco de represión de los movimientos de izquierda que precedió al golpe de estadocívico-militar de 1973, Viglietti fue preso en 1972. La campaña por su liberación desde el exterior fue encabezada por nombres como Jean Paul SartreFrançois MitterrandJulio Cortázar y Oscar Niemeyer.

En 1973 comenzó su exilio en Argentina, que después continuaría en Francia, país donde vivió por 11 años.

Durante el exilio retrajo su capacidad de composición, todas las canciones de entonces solamente se publicaron a su regreso, en un disco grabado en vivo, "no por casualidad" titulado "Trabajo de hormiga". No obstante, continuó un intenso trabajo periodístico y radiofónico, y sobre todo recorrió el mundo en giras musicales solidarias, llevando su canto y denunciando la dictadura en el Uruguay y varios países de Latinoamérica.

Su exilio terminó con su regreso a Montevideo el 1 de septiembre de 1984, donde fue recibido por miles de personas en un recital que recordó como "el más emocionante en 40 años de carrera". Desde entonces editó y reeditó numerosos trabajos entre los que se destaca, en particular, el titulado A dos voces con Mario Benedetti en 1985, reflejo discográfico de numerosos recitales realizados junto al gran poeta uruguayo durante el exilio compartido por ambos.

Durante muchos años fue imposible encontrar sus discos anteriores a la dictadura, debido a la compra del sello Orfeo por multinacionales de la música con otros intereses y a los contratos leoninos que lo ligaban al sello. Recién en 1999, después de un largo juicio, Viglietti logró recuperar sus derechos.

Remasterizados por él mismo, sus discos de los años 1960 y 1970 fueron entonces reeditados en CD por el sello Ayuí / Tacuabé.

Paralelamente a su actividad como músico, realizó una intensa tarea de investigación, preservación y difusión de la música latinoamericana. Durante años construyó un extenso archivo musical al que denominó "Memoria Sonora de América Latina", que incluye, además, entrevistas a músicos y escritores realizadas en un lapso de 40 años de trabajo.1​ Desde 1994 realizó el programa radial "Tímpano"2​ por Radio El Espectador de Montevideo, que fue retransmitido en Argentina, Venezuela y Francia, donde incluía grabaciones de su archivo y entrevistas nuevas. Desde 20043​ llevó adelante el programa televisivo "Párpado"4​ por TV Ciudad.5

El 7 de octubre de 2015 recibió de manos de Silvio Rodríguez el premio "Noel Nicola", otorgado por el Proyecto para la Canción Iberoamericana Canto de Todos, el festival de canción de autor Barnasants de Cataluña y el Instituto Cubano de la Música en su primera ocasión, en la "Casa de las Américas" de La Habana, Cuba, la misma CASA donde se celebrara en 1967 el Encuentro Internacional de la Canción Protesta en el que Viglietti participó entre muchos músicos del mundo.6​.

Falleció el lunes 30 de octubre de 2017, mientras era sometido a una intervención quirúrgica78​.

Su obra

Su obra musical se caracteriza por una particular mezcla entre elementos de música clásica y del folclore uruguayo y latinoamericano. Desde "Hombres de nuestra tierra", su segundo disco a dos voces con Juan Capagorry, inicia un trabajo compartido con escritores, musicalizando luego poemas de Líber FalcoCésar VallejoCirce Maia, los españoles Rafael Alberti y Federico García Lorca, el cubano Nicolás Guillén entre otros.

Entre sus composiciones más conocidas están A desalambrar, Canción para mi América, Milonga de andar lejos y Gurisito. Su obra tiene proyección mundial, siendo interpretada por cantantes de varias nacionalidades, como Víctor JaraAmparo OchoaIsabel ParraJoan Manuel SerratAlí PrimeraMercedes SosaChavela Vargas y Soledad Bravo entre muchos otros.

Discografía

Álbumes de estudio

 

Canciones folklóricas y 6 impresiones para canto y guitarra (Antar PLP 5024. 1963)

Hombres de nuestra tierra (junto al narrador Juan Capagorry. Antar PLP 5045. 1964)

La patria vieja. Segunda parte 1815-1816 (junto a Alberto Candeau. Antar - Sodre PLPS 5052)

La patria vieja. Tercera parte 1817-1820 (junto a Alberto Candeau. Antar - Sodre PLPS 5053)

Canciones para el hombre nuevo (Orfeo1968)

Canciones para mi América (edición francesa. 1968)

Canto libre (Orfeo ULP 90.537. 1970)

Canciones chuecas (Orfeo ULP 90.558. 1971)

Trópicos (Orfeo. 1973)

Trabajo de hormiga (Music Hall. 1984)

Por ellos canto (Orfeo. 1984)

A dos voces (junto a Mario Benedetti. Orfeo. 1985)

A dos voces (junto a Mario Benedetti. Orfeo. 1987)

Esdrújulo (Orfeo, 1993)

A dos voces volúmenes 1 y 2 (junto a Mario Benedetti. Orfeo CDO 047-2. 1994)

Devenir (Ayuí / Tacuabé2004)

Trabajo de hormiga (2008)

Álbumes en directo

En vivo (1978)

Sencillos

]

Nuestra bandera / Esta canción nombra (Orfeo 90010. 1969)

Me gustan los estudiantes / A desalambrar (Orfeo 90011. 1969)

Nostalgia de mi tierra / Yo nací en Jacinto Vera (Orfeo 90039. 1970)

Reediciones y recopilaciones

A desalambrar (EMI 16584. 1970)

Canciones con fundamento (Diapasón DP-99330)

Seis impresiones para canto y guitarra (Ayuí / Tacuabé am26cd)

Hombres de nuestra tierra (con Juan Capagorry. Ayuí / Tacuabé am28cd)

Canto libre (Ayuí / Tacuabé am34cd)

Canciones para el hombre nuevo (Ayuí / Tacuabé am35cd)

Canciones chuecas (Ayuí / Tacuabé ae212cd. 1999)

Trópicos (Ayuí / Tacuabé ae226cd)

A dos voces (con Mario Benedetti. Ayuí / Tacuabé ae238cd)

Esdrújulo (Ayuí / Tacuabé ae312cd)

Trabajo de hormiga (Ayuí / Tacuabé ae334cd. 2008)

Colectivos

4. Festival des politischen Liedes (1974)

Compañero presidente (1975)

Rote Lieder 70-76 (1977)

19. Festival des politischen Liedes (1989)

Zehnkampf - Festival des politischen Liedes 1970-1980 (1980)

La mémoire chantée de Régine Mellac (1984)

¡El Che vive! (1997)

Referencias

Volver arriba↑ Rubén Yizmeyián (9 de setiembre de 2004). «Con el uruguayo Daniel Viglietti (entrevista)». Consultado el 4 de agosto de 2014.

Volver arriba↑ Radio Espectador (12 de abril de 2004). «Tímpano». Archivado desde el original el 27 de abril de 2014. Consultado el 4 de agosto de 2014.

Volver arriba↑La República (Uruguay) (5 de junio de 2004). «El parpado de Daniel Viglietti». Consultado el 4 de agosto de 2014.

Volver arriba↑TV Ciudad (5 de junio de 2004). «Párpado». Consultado el 4 de agosto de 2014.

Volver arriba↑ La Ventana, Casa de las Américas (1 de diciembre de 2006). «Daniel Viglietti: de vuelta a Casa». Archivado desde el original el 2 de abril de 2015. Consultado el 4 de agosto de 2014.

Volver arriba↑«El cantautor uruguayo Daniel Viglietti recibe el premio "Noel Nicola" en Cuba». www.efe.com. Consultado el 2017-10-31.

Volver arriba↑Falleció Daniel Viglietti a los 78 años de edad.

Volver arriba↑«Murió el cantautor uruguayo Daniel Viglietti». 30 de octubre de 2017.

Enlaces externos

 Wikimedia Commons alberga contenido multimedia sobre Daniel Viglietti.

Textos, imágenes y audio sobre Daniel Viglietti y su última visita a Montreal (mayo de 2007) • Québec Noticias

Cancionero y discografía de Daniel Viglietti

Don Ata no está muerto, sí dormido (por Daniel Viglietti)

Daniel Viglietti: Canción para mi América, de la serie 'Cuando el canto es poesía' (Por Juan Carlos Roque, Radio Nederland)

Entrevista con Daniel Viglietti (Duración: 48 minutos) Por Juan Carlos Roque, Radio Nederland

Daniel Viglietti desde España: un abrazo en Sol mayor

Daniel Viglietti canta, "la lucha sigue". De la revista mexicana Proceso

Che, Guía y Ejemplo: - Canciones de Daniel Viglietti dedicadas al Che Guevara

Bibliografìa de Daniel Viglietti y tapa de sus discos

Crónicas de Daniel Viglietti

Daniel Viglietti: “La canción no soluciona nada,

pero puede encender chispitas en la oscuridad”

Dos semanas antes de su muerte, el cantautor uruguayo concedió una entrevista a Radio Universidad de Chile en la que habló de sus vínculos con el país, su relación con la familia Parra y la contingencia política en América Latina, entre otros temas.

En la noche de este lunes falleció el músico uruguayo Daniel Viglietti (Montevideo, 1939), mientras era sometido a una intervención quirúrgica.

El cantautor, de 78 años, se había presentado el pasado 16 de octubre en el Teatro Nescafé de las Artes y en el marco de esa actuación, visitó los estudios de Radio Universidad de Chile para una conversación en la que se refirió a diferentes temas.

La entrevista, que a la postre sería una de sus últimas apariciones públicas, se realizó en la mañana del pasado jueves 12 de octubre, en la primera edición de Radioanálisis, conducida por el periodista Patricio López. Estos son los principales pasajes del diálogo y el audio completo se puede escuchar acá.

El vínculo con Chile

Chile es una referencia muy importante en mi memoria afectiva desde hace mucho tiempo y siempre que retorno, no todas las veces que quisiera, pero ahora se ha dado después de bastante tiempo, siempre siento una respuesta cariñosa, solidaria de la gente, sincera. Eso le importa al cantor, porque son los oídos receptivos del otro lado de la canción los que le dan sentido a lo que uno hace, le dan camino a la ruedita modesta, pero sin embargo tenaz, que es el canto popular o el nombre que quiera dársele, porque mirá que hemos tenido nombres.

Me hubiera gustado traer ya un disco nuevo, pero no ha salido todavía. Planeando un trabajo nuevo se me ha ocurrido dejar atrás una cantidad de denominaciones que no las inventó uno, pero que vinieron, y llamar a lo que uno hace canciones humanas. En un mundo con tantos rasgos de inhumanidad, que pueden ir desde el bombardeo de aparatos no tripulados sobre poblaciones indefensas, civiles, so pretexto de investigar dónde hay armas químicas, todo eso indefendible que ha pasado en Irak, Afganistán, Siria, todas estas guerras terribles; bueno, es algo que nos choca, nos duele, entonces la canción, que no puede solucionar nada, porque es muy frágil, sin embargo yo creo que como un instrumento de una cultura puede ir esclareciendo, encendiendo chispitas en la oscuridad.

Cuando en el año ‘61 escribo esta canción (“Canción para mi América”), ya llevaba unos cuatro años de camino como cantor. Puede sorprender un poco esa relación temática con lo indígena, porque en Uruguay el exterminio fue brutal frente a etnias indígenas que no alcanzaron un desarrollo tan fuerte o intenso como en otras áreas de América Latina, pero existían los charrúas, los chanaes, los arachanes. El exterminio fue muy cruel, entonces es de esa situación que surge la necesidad, en mí, de expresar esa búsqueda de lo indígena. Dar la mano, ayudar a la causa indígena e ir descubriendo, con el paso del tiempo -son muchas décadas desde que hice la canción- que son los indígenas los que nos dan la mano a nosotros, los que no lo somos. Nos dan la mano de sus luchas, de su afirmación de identidad. Sabemos de toda la resistencia. Aquí en Chile, por ejemplo, es notoria la situación del pueblo mapuche, compartida con zonas de Argentina.

Para ir al origen de mi relación con Chile, me llegó un rumor de que (la habían cantado) los hijos de Violeta Parra. A ella la conocía por algunos pequeños discos que habían llegado a Uruguay y me había fascinado su trabajo de recolección, aparecían esas canciones que ella recogía de intérpretes campesinos, todo eso. Y de pronto los hijos de Violeta han cantado una canción tuya en Chile. Gran sorpresa, porque había mucha incomunicación entre los chilenos y los uruguayos.

Cuando vengo a Chile, en el ‘65, vengo integrando como suplente un coro para una obra que se iba a hacer en el Festival de Coros de Viña del Mar. Esa situación casual, prácticamente, hace que una vez terminado el festival en Viña yo me venga a Santiago, a la calle Carmen 340, y me encuentre en un mediodía, algo así, nada menos que a Violeta en su sencillez, en su franqueza, en su carisma. Estaba con un plato de sopa y nos pusimos a charlar. Desde el comienzo ella ya tenía la capacidad de acercarte ideas, de aconsejar de alguna manera, con mucha apertura, hablando de la canción, y a través de ella inmediatamente trabé contacto con los hijos, que se volvieron muy amigos míos. A Ángel e Isabel los frecuenté mucho en ese y otros viajes y allí es que nace mi relación con Chile, a través de la versión de ellos de esa canción (“Canción para mi América”), una excelente versión. Me es muy duro ahora nombrar a Ángel, que se nos ha ido, pero siempre he sentido que el dúo es un tercer personaje. Cada uno vale por sí mismo, pero hay un tercer artista que es el dúo y es uno de los dúos, realmente, valiosísimos de América Latina, cuando han ejercido su duplicación, que no ha sido siempre. En aquel momento yo tuve la suerte de que cantaran “Canción para mi América” y más adelante que cantaran “A desalambrar”, que es otra de mis canciones más conocidas y la hice en el ‘66. Más adelante también tuve el privilegio de que cantaran “Por todo Chile”.

También alguna vez visité a Violeta Parra en la Carpa de La Reina, ahí fui con Ángel alguna vez, me acuerdo clarito. No le fue fácil el camino a Violeta, como se sabe, eso está expresado en los libros que trabajó muy profundamente Isabel, en la película que también hizo Ángel. La lucha fue dura para Violeta y ella tuvo un tesón, una pasión de cantar y compartir la canción, de vivir la relación con el pueblo como una criatura que tenía que alimentar y desarrollar. Esparció una semilla increíble, porque tenía un talento muy especial y su música, con tantas raíces que venían del folclor, era original de todas maneras y su letras tienen momentos maravillosos. Cuando me preguntan cuál es mi canción preferida de Violeta, yo digo “Volver a los 17”. Una canción como esa tiene una gracia, está tocada por una cosa muy especial de esta mujer tan creativa, siempre desbordándose de sí misma. Cuando digo desbordándose, también me acuerdo de sus bordados y arpilleras, de su trabajo como artista plástica, y vuelvo a decir la importancia del trabajo de recolección que hizo Violeta.

Bolivia y el Che

Irrumpió una invitación que de alguna manera fue como un cortecito en mi presencia en Chile, que fue ir a Bolivia, porque había una fecha emblemática, como todo el mundo sabe, o si no lo sabe un niño que escuche esto: había un hombre que se llamaba Ernesto Guevara, que quería cambiar el mundo incluso para que fuera más justo con los niños y luchó y dio la vida por eso. Cayó, yo siempre digo, como caen las semillas. Eso ha pasado con el Che, ha pasado con Camilo Torres, con Carlos Lamarca en Brasil, con Miguel Enríquez aquí y nada menos que con Salvador Allende, seres que caen y caen como semillas, no son una caída elemental sino que son una siembra.

Saltamos a Bolivia, a lo que fue todo ese encuentro en La Higuera, allí donde fue capturado y luego asesinado Ernesto Che Guevara, toda una operación montada por los poderes de siempre, por los poderes que se sabe que vienen de la CIA, de los intereses de Estados Unidos, de terminar con el ejemplo de alguien que se revelaba con una coherencia consigo mismo. Lo que pensaba, él lo hizo. Ahí fue una multitud de gente y se mezclaron las generaciones, porque yo había estado hace diez años en una ceremonia similar de otro aniversario, pero ahora se desbordó el lugar, fue una cosa imponente. Vino este presidente emblemático para hablar del hoy por hoy, no solo hablar de historia. Vino Evo Morales, intervino, estuvo muy presente y cuando uno piensa en estas experiencias de progresismo, de socialismo, con sus avances e imperfecciones, uno se da cuenta de que América Latina también ha vivido de los sacrificios que ocurrieron, que nada fue en vano.

Uruguay, el Frente Amplio y la renuncia de Raúl Sendic

Fue un golpe muy amplificado por el lente de ciertos medios de comunicación. Hubo cosas que ocurrieron y es de lamentar que hayan ocurrido, pero nunca con la dimensión que se les ha dado cuando se habla casi de una conmoción nacional. No es el caso.

Lo que ocurrió con el hijo de un guerrillero histórico, que fue Raúl Sendic, dio fruto también a toda una manipulación en la información internacional, una visión muy exagerada de algo que era bastante nimio, que no tendría que haber ocurrido. Fue un descuido, una ingenuidad, un mal manejo de ciertos pasos que dio el vicepresidente, pero él tuvo la claridad de renunciar y de hacer sus planteos. Creo que el tiempo irá desentrañando. En este campeonato de las corrupciones que está ocurriendo en América Latina, realmente hay cosas terribles que no son comparables, para nada. Yo creo que el camino sigue, que el Frente Amplio ya ha hecho su propio proceso interior con todo esto y ahí ha estado presente el propio Raúl Sendic para hacer sus descargos. Y bueno, la historia continúa.

Ya estamos en un tercer ejercicio, entonces también hay que pensar que un nombre emblemático como el de Sendic, algo histórico muy fuerte, porque fue uno de los fundadores de los Tupamaros, el tratar de complicar ese nombre histórico también fue parte del asunto. El futuro irá aclarando todo esto.

En el tercer ejercicio que estamos viviendo de gobierno frenteamplista, por supuesto que hay problemas, hay desafíos y cosas en las que se avanza y cosas que se demoran. En materia de Derechos Humanos habría que hacer mucho más de lo que se ha hecho. Los DD.HH. y la lucha contra la impunidad son mi bandera. Cuando me preguntan en qué sector político me ubico, yo digo que en el reclamo que estamos haciendo por los detenidos desaparecidos. A veces puedo llegar a decir, no solo en mi país sino en muchos países, que los gobiernos éticos son los de los familiares de desaparecidos. Ese es un proceso en el que siempre soy solidario, siempre participo y con mi palabra. Cuando salgo al exterior, reafirmo esto.

Los gobiernos progresistas en Latinoamérica

Aquí en el continente no estamos frente a una guerra física, afortunadamente, y esperemos que no ocurra, pero son los misiles de la comunicación. Hay una operación de funcionamiento de los medios de comunicación, con honrosas excepciones. Estoy hablando de una de ellas cuando estoy en esta radio, pero en general hay todo un operativo de desinformación, de intoxicación, de ataque a los frentes populares, a los ritmos que tengan de progresismo, desde el progresismo tímido, un poquito balbuceante, a movimientos más fuertes e intensos. Yo creo que esta guerra es grave. Aunque no es comparable con la guerra que hiere los cuerpos, es la guerra que aliena las almas de la gente, las ideas, que confunde.

Los ciclos a veces son penosamente largos, pero los pueblos van desentrañando de a poco cuál es la verdad en todo esto y yo manejo un optimismo que no tiene nada que ver con una cosa mística, sino racional, de que vamos no a retomar todo lo anterior, porque hacer fotocopias del pasado sería inconducente, pero vamos a retomar nuevas formas para seguir avanzando. Las nuevas generaciones, los muchachos de 15 ó 20 años, los estudiantes, trabajadores, campesinos, van a ir amasando el pan de nuevos caminos, de nuevas búsquedas frente a esto que ya es insoportable, toda esta deuda externa eterna que sufren nuestros países con los imperios, con los centros. No solamente los yanquis y esta cosa grotesca y peligrosísima de Trump, sino también con los poderes dentro de Europa, que también juegan su rol.

Yo creo que hay que pensar en el trabajo que haga cada uno en su frente. Yo con un pedazo de árbol, como los jacarandá que he visto estos días por las calles de Santiago, con una guitarra; otros con un micrófono, otros con una cámara, otros con el rol que juega una universidad como esta o como otras universidades públicas. Así como denuncio y digo esto de los misiles, señalo que el antídoto frente a eso es la educación, un campo fundamental. Para eso, hay que conseguir apoyos y tenemos que salir del desequilibrio infame de que los ejércitos tengan más apoyos económicos que los ministerios de Educación, que es casi una constante en América Latina.

El último concierto en Santiago

Es una ocasión de que haga un recorrido y que a la vez desalambre el repertorio. Hay canciones que son ineludibles, como esa que menciono, pero también que pase por otras etapas del canto hasta el hoy por hoy y en un ambiente en que todo se escucha, que permite una sutileza en el trabajo que es muy característica de los recitales así y que no excluye mi trabajo de tantas veces frente a públicos masivos, actos al aire libre. Esto permite un contacto muy personal con el oyente y me gusta hacer ese trabajo.

Ojalá muchos vengan a descubrirme. Están los que ya me conocen y siento ese aprecio. Se me acercan y me dicen “yo me llamo Ana Clara por tu canción”, “yo me llamo Martina por tu otra canción”, pero también me importa muchísimo el que venga con los oídos vírgenes, a ver qué pasa con este uruguayo que está cantando estas canciones. Eso me importa mucho.

Daniel Viglietti, el trovador que iluminó mil batallas

 

Con todo lo que aún falta para desalambrar, con la enorme necesidad que tenemos de hallar esos “Trópicos” que nos ayuden a contener nuestras alegrías y nuestras tristezas, justamente ahora, Daniel Viglietti ha decidido partir y dejarnos un poco huérfanos de sus enormes trovas.

Hijo dilecto de las mejores tradiciones libertarias del Uruguay, comenzó a entonar sus “Canciones para el hombre nuevo” precisamente un año después que el Guerrillero Heroico fuera asesinado en Bolivia, y mientras en las calles de Montevideo, las balas policiales tronchaban la vida de un estudiante cuyo nombre se hizo bandera: Liber Arce. Así, anticipando lo que muy pronto sería el Pachecato y la figura tilinga de Bordaberry que le abrirían paso a la cruel dictadura, Daniel desgranó poemas que se pasaban como mensajes urgentes, de boca en boca, alumbrando de estrellas tupamaras el cielito oriental. Esto ocurría sin dudas porque “la senda está trazada” porque "la marcó el Ché” ya que en el abajo y a la izquierda de aquellos años de plomo, “el chueco Maciel” se defendía a balazos en el Cantegril para demostrar que eran tiempos de no poner más la otra mejilla.

Daniel fue acompañando con su poética forma de ver la vida lo que otros habían puesto en marcha para apurar el camino. En las calles se elevaba la épica de una lucha desigual contra el poder y eso era más que contagioso.

Raúl Sendic padre era referencia de una manera de hacer política, y el flaco Viglietti traducía esas enseñanzas para que se enredaran entre las cuerdas de su guitarra. Así, "bajo un sol trafoguero” homenajeaba al combate y a los combatientes, entonando esa "llamarada” que musicó aquel estudiante de Agronomía llamado Jorge Salerno, caído luego en la toma de Pando junto a Jorge Zabalza y Alfredo Cultelli. Tres valientes decididos a hacer lo que había que hacer para que el mundo cambiara.

Después se vino la noche, y mientras el tupamaraje eran hundido en los calabozos, la orientalidad que logró sobrevivir tomó el camino del exilio. Allí también marchó Daniel, sin bajar las banderas ni doblar la espalda ante la adversidad.

De esos días difíciles se agrandó su internacionalismo, poniéndole otra vez, música a las gestas de la Patria Grande. De allí el estremecido grito de “Por todo Chile” y tiempo después “El sombrero de Sandino”, en homenaje a la Nicaragua sandinista. Pero la lista se hizo enorme ya que el cancionero abarcó a Cuba Socialista, Colombia guerrillera, México y el zapatismo, Venezuela Bolivariana y todo aquel rincón del planeta donde los pueblos se erguían frente a los poderosos.

Hace muy pocos días, lo pudimos ver brillar como en sus años juveniles, trepado a un escenario en el Vallegrande boliviano, recordando los 50 años de la siembra del Che. Compartía el mismo espacio de dignidad y compromiso con Evo y los guerrilleros Urbano y Pombo. Entre un público entusiasmado y el hondear de las Whipalas, te acompañaban en los coros miles de campesinos y campesinas que apenas te escucharon trovar supieron de qué se trataba eso de “la tierra es tuya, es nuestra y de aquel”.

Te fuiste como llegaste Daniel, con la guitarra como escudo y tu coraje cantor. Muy pronto, seguramente, volverás a entregarnos tus versos junto a Violeta, a Zitarrosa y El Sabalero, mientras Benedetti leerá poemas que vayan anunciando las victorias pendientes.

ClariNet