ESCANDALOS-UNIFORMADOS8

Se acumulan denuncias
por acoso sexual, e incluso
por violaciones, en el Ejército
y Carabineros, sin que
pase callampa.

Entre 2010 y junio de este año, las ramas de las Fuerzas Armadas y las de Orden y Seguridad recibieron -en total- 284 denuncias, divididas entre acoso sexual, abuso sexual, violación y otro tipo de actos indebidos, donde 103 casos terminaron con sanciones. Es decir, un 36 por ciento.

Carabineros fue la institución que más registró, con 160, seguida del Ejército con 78. A su turno, la FACh reportó 29 y la Armada 17. Dentro de los castigos aplicados, los más frecuentes fueron las desvinculaciones y la imposición de días de “arresto militar”.

Las acusaciones han ido en aumento en los últimos años, en parte por la decisión de las víctimas, como también por el mejoramiento, aunque lento, de los protocolos internos. La única entidad que no dio respuesta a la solicitud realizada a través de la Ley de Transparencia fue la Policía de Investigaciones de Chile (PDI). La institución violó abiertamente el plazo que establece el cuerpo legal sin siquiera enviar los datos solicitados.

De Estados Unidos a Chile, pasando por Europa y Asia, sacerdotes, políticos, actores y directores de cine y televisión, entre otros, han sido derribados de sus posiciones de poder gracias a las víctimas de actos sexuales que se han atrevido a denunciarlos públicamente, como también ante la justicia.

En Chile, los casos más emblemáticos han sido los que han remecido a la iglesia y productores de TV, entre otros. Las Fuerzas Armadas, como también las de Orden y Seguridad, no han estado exentas de este fenómeno.

Entre 2010 y junio de 2018, el Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea de Chile (FACh) y Carabineros han recibido 284 denuncias por acciones de índole sexual contra algunos de sus funcionarios. De ese total, 127 fueron por abuso sexual, 103 por acoso sexual, 38 por violaciones y 16 por otros actos indebidos. Así lo revelan las cifras a las cuales accedió la Unidad de Investigación de Radio Bío Bío a través de la Ley de Transparencia.

La institución más denunciada fue Carabineros, con 160 casos, seguida del Ejército, con 78. Le sigue la FACh, que durante ese período reportó 29 denuncias, y la Armada, con 17 (revisa acá el registro de las cuatro ramas).

La única entidad que no entregó la información solicitada fue la Policía de Investigaciones (PDI). Pese a que el pasado jueves 2 de agosto se le venció el plazo, hasta el cierre de este reportaje, es decir, más de dos semanas después, aún no daba respuesta a la petición. De este modo, la institución liderada por el director general, Héctor Espinosa, burló el mencionado cuerpo legal.

De las acusaciones registradas en el lapso de tiempo, 103 terminaron con sanciones, lo que equivale a un 36% del total. De ellas, 46 fueron por casos de abuso, 27 por acoso, 18 por violaciones y 12 por otras conductas de connotación sexual. Carabineros también encabezó este “ranking”, ya que aplicó medidas disciplinarias en 67 casos, secundada por la FACh y la Armada que registraron 13 cada una, mientras que el Ejército sancionó en 9 casos. Esta última rama castrense, sin embargo, reconoció que no tiene información de lo que ocurrió con el desarrollo de 56 denuncias.

Dentro de los castigos aplicados, el más frecuente fue la desvinculación -también conocido como baja, llamado a retiro o separación del servicio-, registrada en 48 oportunidades.

En este ámbito, Carabineros nuevamente superó al resto, ya que aplicó 32 de estas medidas. Otra acción disciplinaria bastante utilizada fue la imposición de días de “arresto militar” para algunos de los acusados, en 37 veces. El día de arresto, implica una anotación por escrito en la hoja de vida del funcionario e incide directamente en la calificación anual de desempeño. En otras palabras mientras mayor es el número -desde 1 hasta 20- aumenta la probabilidad de que abandone la institución. Al respecto, la policía uniformada, reportó 31.

Cabe acotar que si bien no se precisó cuántos casos fueron derivados al Ministerio Público, las entidades aseguraron que remitieron los antecedentes en todos los casos que podrían haber implicado algún delito.

Otro dato llamativo es el fuerte aumento que han experimentado las denuncias desde 2010 hasta ahora, dentro de las ramas que entregaron información.

Mientras en 2010 se registraron ocho, al año siguiente subieron levemente a 10. El punto de inflexión lo marcó 2013. Ese año, 35 personas se atrevieron a denunciar. En los últimos años, en tanto, el nivel ha fluctuado sobre las 40 e incluso en 2017 el número llegó a 59, mientras que en lo que va de 2018 hay 40.

Para José Andrés Murillo, una de las víctimas del ex párroco de El Bosque, Fernando Karadima y que hoy lidera la Fundación para la Confianza, lo que ocurre en este tipo de entidades radica en el modelo de una cultura organizacional, donde la antigüedad constituye grado.

“Sabemos que este tipo de organizaciones son especialmente asimétricas, donde fácilmente el poder se transforma en un poder abusivo donde no hay una cultura de denuncia interna, donde las personas tienen que probablemente sufrir o vivir situaciones de abuso de manera silenciosa y solitaria. Porque, además, durante mucho tiempo (…) pareciera que predominan culturas donde está más prohibido hablar del abuso que abusar, está más prohibido hablar del abuso que ser víctima de abuso”, afirmó.

Y añadió: “Por lo tanto, que comiencen a haber estas denuncias, más que una mala noticia, me parece una buena (…) porque sabemos que son contextos propicios para el abuso sexual y/o el abuso de poder con connotación sexual. Y el hecho de que la gente esté comenzando a denunciar es una manera también de limpiar o de sanear los mecanismos y las dinámicas de poder”.

Razones institucionales

Uno de los factores que explica la diferencia en la cantidad de denuncias recibidas por cada institución es el tamaño de ellas. Mientras que en Carabineros y el Ejército, que fueron las que encabezaron los registros, su dotación de personal supera las 50.000 personas, la Armada está compuesta por 25.000 efectivos y la FACh con 12.000 efectivos.

Más allá de este factor, las instituciones expusieron distintas miradas sobre el panorama que entregan las cifras a las que accedió este medio. En particular, si la cantidad de casos denunciados en cada entidad es considerado un nivel bajo, medio o alto.

Carabineros, que lideró tanto la cantidad de denuncias como las sanciones aplicadas, no respondió hasta el cierre de esta edición las preguntas formuladas por Radio Bío Bío.

En el Ejército, la jefa del área de Responsabilidad Social Institucional de la Dirección de Personal, teniente coronel Bárbara Ojeda, señaló que “consideramos que las 78 denuncias registradas, tomando en cuenta la cantidad de personal que tiene el Ejército, es un nivel bajo”.

“Es menos del 1%. No obstante ello, el Ejército está preocupado de hablar de estos temas, de visualizarlos, y además de abordarlos con protocolos claros para la acción de las denuncias, el acompañamiento de las víctimas y la educación de estos temas”, afirmó. Respecto a los 56 casos de los que carecen de información, Ojeda indicó que desde 2016 la rama castrense tiene una orden de comando que por primera vez tipifica el acoso laboral y el acoso sexual.

“Anterior a esa fecha, estas faltas existían como faltas administrativas, las que estaban contempladas dentro del reglamento de disciplina. Por ende, tampoco hay un catastro completo respecto a estas denuncias porque eran faltas administrativas”, explicó.

Desde la Armada, en tanto, enviaron una respuesta institucional, aunque no se refirieron directamente a lo consultado.

“La Armada de Chile ha establecido como política la tolerancia cero para casos de connotación sexual o de otra naturaleza, que afecte las relaciones de cualquier tipo entre servidores navales. Por lo tanto, se trabaja de manera permanente para que en lo posible no existan casos de acoso o abuso sexual”, señalaron (ver respuesta completa).

Desde la rama liderada por el almirante Julio Leiva, añadieron que “cualquier denuncia es relevante para la institución y se adoptan de inmediato todas las medidas posibles para apoyar a la víctima, sancionar al responsable y extraer experiencias para evitar la repetición de nuevos casos similares”.

La FACh, escuetamente, argumentó que ante cualquier denuncia proceden bajo la normativa vigente (ver respuesta completa).

¿Es suficiente con los protocolos?

En el caso del Ejército, en 2016 se creó el primer protocolo para combatir estos temas. “La orden de comando estableció la definición de las conductas, cuáles eran las primeras acciones de mando de quienes estaban en conocimiento de estas denuncias, y cuál era el sentido que tenía la institución de resguardar la integridad de las víctimas y el debido proceso”, relató la teniente coronel Ojeda.

Añadió que se elaboró una cartilla que ha servido para ir cambiando la cultura interna. Dicho mecanismo, por ejemplo, explica a quién se le presenta la denuncia, la canalización de ella, el acompañamiento a la víctima, dónde se interviene en prevención y educación, entre otros aspectos.

En la Marina, en tanto, argumentaron que siempre han existido los canales formales para denunciar. Reconocieron, de todas formas, que desde junio de 2017 se creó “una directiva especial que dicta normas y establece procedimientos a los mandos y servidores navales sobre prevención, protección y control de situaciones que puedan constituir conductas indeseadas relacionadas con violencia”.

La orden mencionada incluye también fórmulas para dar garantías a las víctimas. Entre ellas destacan la inmunidad frente a posibles represalias para evitar la victimización secundaria, como también la reserva de los antecedentes con miras a proteger la privacidad de los o las afectadas.

La FACh, comandada por el general del Aire, Jorge Robles, indicó que la entidad “siempre ha investigado cada una de las denuncias que ha recibido”. Al respecto, remarcaron que a partir de la promulgación de la ley que tipificó y estableció sanciones para el acoso sexual, elaboraron un protocolo para abordar este tipo de materias.

Sumado a los reglamentos internos de cada institución, en mayo de este año el Ministerio de Defensa suscribió un acuerdo de cooperación con el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género que busca promover y velar por el pleno respeto de los derechos. En concreto, su objetivo es implementar las medidas necesarias para combatir y prevenir el acoso y la discriminación arbitraria en las instituciones de la Defensa Nacional.

Además de avanzar en esta área, José Andrés Murillo plantea que es importante para el país tener claridad en cuáles son las situaciones que se tipifican como delitos y cuáles no. “Hay situaciones de acoso sexual e incluso de abuso sexual que no son consideradas un ilícito en Chile”, indicó. Y añadió: “Eso se da en los casos donde no hay uso de la fuerza o intimidación para un toqueteo o un manoseo en la calle, lo que no se considera delito, cosa que me parece errado”.

A su juicio, el aspecto legal debe ir mejorando, porque no sólo es un problema que aqueja a las FFAA y las de Orden y Seguridad, “sino que como país debemos mejorar nuestra cultura y nuestra legislación”. Concluyó que “éticamente, hemos dado cuenta del daño que esto provoca; el daño reputacional, institucional, de clima y que en una cultura donde se respeta a las personas, claramente todo funcionará mejor”.

La respuesta fuera de plazo de la PDI

Después de la publicación de este reportaje, desde la Policía de Investigaciones enviaron la información solicitada a través de Transparencia. Sin embargo, según los plazos establecidos por la Ley, ésta debió haber sido entregada a más tardar el pasado jueves 2 de agosto.

En esta institución, entre 2010 y los primeros seis meses del presente año, se reportaron 37 denuncias por conductas de connotación sexual contra funcionarios, de las cuales 19 fueron por acoso, 13 por abuso y 5 por violación. De todos los casos, 19 terminaron con sanciones: desde amonestaciones hasta desvinculaciones.

Revise acá el listado completo de las denuncias registradas en la PDI.

Ejército y casos sexuales sin información:

"No tenemos un catastro completo"

La teniente coronel Bárbara Ojeda Laffert, jefa de Responsabilidad Social Institucional de la Dirección de Personal, cuenta que recién en 2016 se definió claramente el acoso laboral y sexual dentro de la institución. Por lo tanto, afirma, desde ahí en adelante han comenzado a desarrollar un cambio cultural dentro de la rama castrense para prevenir y enfrentar estos temas. Antes de eso, simplemente los casos de acoso, abuso sexual y violación eran considerados como faltas administrativas, las que de todos modos tenían sanciones disciplinarias y en los casos que podían conllevar delitos, eran derivados al Ministerio Público.

Luego de que la Unidad de Investigación de Radio Bío Bío accediera a través de la Ley de Transparencia a las estadísticas que revelaron 284 denuncias de acoso sexual, abuso sexual, violaciones y otros actos indebidos, contra funcionarios de las Fuerzas Armadas y las de Orden y Seguridad, desde 2010 a junio de 2018, se le enviaron preguntas a casi todas las ramas.

Excepto a la Policía de Investigaciones (PDI) -que no dio respuesta a lo solicitado dentro de los plazos establecidos en la ley-. En ese contexto, la única rama que accedió a responder las consultas por medio de un vocero fue el Ejército.

La teniente coronel Bárbara Ojeda Laffert, jefa de Responsabilidad Social Institucional de la Dirección de Personal, unidad encargada de estos temas, entregó la visión de la rama castrense (ver denuncias en el Ejército).

La uniformada, si bien reconoció que existen más de 50 denuncias respecto de las cuales no existe información, explicó que de todos modos se han implementado protocolos para enfrentar estas situaciones. También abordó la vergüenza que sienten los hombres para denunciar, y del cambio cultural que están viviendo en esta institución donde prevalecen los valores jerárquicos.

El Ejército es la segunda institución que más denuncias ha recibido. ¿Estiman que este registro es bajo, medio o alto?

Consideramos que para las 78 denuncias que entregó la institución en la respuesta de Transparencia, tomando en cuenta que tiene más de 40.000 integrantes, es un nivel bajo. Es menos del 1%. No obstante ello, el Ejército está preocupado de hablar de estos temas, de visualizarlos, y además abordarlos con protocolos claros para la acción de las denuncias, el acompañamiento a las víctimas y la prevención y educación de estos temas.

Dentro de la respuesta el Ejército admitió que no tiene información de qué ocurrió con 56 casos denunciados. ¿Cuál es el motivo?

El 2016 tuvimos una orden del comandante en Jefe de la época, Humberto Oviedo, que fue la primera vez en que se habló de forma clara sobre el tema, con una definición hacia el interior de la institución de lo que es el acoso sexual y el acoso laboral. Anterior a ello, estas faltas existían, pero como faltas administrativas, que estaban contempladas dentro del reglamento de disciplina, donde se establece que entre los funcionarios nos debemos guardar respeto recíproco y consideración. Por eso no hay un catastro completo con respecto a estas denuncias porque antes se tipificaban solo como faltas administrativas y no como acoso o abuso. De todos modos, eran sancionadas con medidas disciplinarias y si eventualmente podían implicar un delito, se enviaban los antecedentes al Ministerio Público. Además, antes tampoco existía una canalización expedita de la información. Pero hay nueve denuncias de abuso y violación, previas a 2016, que terminaron siendo sancionadas En esos casos se evidenció que eran faltas administrativas y según el criterio de cada calificador directo se sancionó.

¿Crearon protocolos para prevenir que vuelvan a ocurrir este tipo de hechos?

Tras la orden comando de 2016 que tipificó el acoso dentro de la institución, se formuló una cartilla que delimitó cuáles eran los procesos a seguir para la canalización de la información. Esta cartilla está basada en la protección y acompañamiento de las víctimas, en el debido proceso, el respeto, la prevención y en la educación. Y a partir de eso, comenzamos a elaborar protocolos. Ahí definimos que cuando exista un incidente en tal unidad, esa unidad depurará la información y la pasará a otra para ver el tema jurídico. Luego de eso se derivará a la Dirección del Personal, organismo que se encargará de alimentarse de toda esta información para entregársela a los medios y al Ministerio de Defensa.

¿Qué están haciendo en materia de prevención?

Estamos interviniendo algunas áreas de la organización en cuanto a educación y prevención. Entre ellas, la Escuela Militar, la Escuela de Suboficiales, las instancias de aprendizajes que son los cursos básicos y los cursos avanzados, además de la Academia de Guerra y la Academia Politécnica. Junto con ello, hemos difundido la cartilla a 8.700 personas a lo largo de todo Chile, en todos los regimientos, donde no solo les hemos enseñado los procedimientos, sino que también desde la psicología y desde el comportamiento; qué cosas se pueden hacer y cuáles no y cómo actuar frente a estos temas. También les explicamos que el acoso es una falta que tiene sanciones administrativas, mientras que el abuso es delito, por lo que además de tomar medidas disciplinarias también se enviará el caso al Ministerio Público.

¿Consideran que desde 2016 están viviendo un proceso de cambio cultural en estos temas?

Claro. Después de la orden de comando, estuvimos cerca de un año viendo cuáles eran los alcances legales y disciplinarios; se citó al Ministerio de la Mujer y a diferentes unidades del Ejército para que fuera un equipo multidisciplinario que recogiera todas las inquietudes y fuera mirado de forma integral el tema. Lo importante de todo esto era el cambio de paradigma que teníamos en la institución. Somos una institución jerarquizada, que tiene un conducto regular establecido y que opera para todas las cosas y en todo momento. Y esta cartilla da la prerrogativa de saltarse el conducto regular.

¿Por qué permite saltarlo?

Porque en las denuncias hay información personal y sensible que no tiene porque ser vista y conocida por todos los superiores de la persona denunciante, por lo que necesita de un resguardo para asegurar el debido proceso. Esto funciona así: una persona tiene un incidente, lo reporta por escrito a través de un formulario, se lo pasa a su calificador directo si es que no está involucrado en la denuncia, tras lo cual él tiene 24 horas para pasárselo al comandante de la unidad. Si este último está involucrado, el calificador directo lo derivará al segundo comandante o subdirector y esa persona se lo pasará al superior de quien ha realizado el acoso.

¿Todo esto va dirigido tanto hacia las mujeres como a los hombres?

En toda la institución, las mujeres somos solo un poco más del 10%. Y no porque lo mediático haya identificado con la mujer este tema nosotros vamos a dejar afuera a los hombres, porque ellos también están expuestos a ser víctimas. De hecho, hemos detectado que muchos hombres no se atreven a denunciar por vergüenza, por estigmatización y prefieren quedarse callados.

¿Ven que hay diferencias en cómo se tratan estos temas en el mundo de los oficiales respecto de los suboficiales?

No vemos diferencias en temas de rangos, porque además la cartilla opera para todo tipo contractual de la misma forma, sin distinción: desde un alumno de una escuela, pasando por empleados civiles, hasta el comandante en jefe del Ejército.

¿Quiénes los han asesorado en esta materia?

El Ministerio de la Mujer y el Ministerio de Salud. Yo soy jefa de la unidad encargada del tema y hemos asistido a cursos, charlas. De todos modos, es importante decir que somos la primera institución a nivel estatal que tiene protocolos claros sobre el tema.

¿Hay alguna coordinación con las otras ramas de las Fuerzas Armadas y con el ministerio?

Hace algunos meses, las ramas de las Fuerzas Armadas en conjunto con el Ministerio de Defensa firmamos un protocolo con el Ministerio de la Mujer y Equidad de Género, el cual aterrizamos en nuestra institución. Junto con ello, le reportamos las estadísticas de las denuncias al ministerio y conversamos con las otras ramas de las Fuerzas Armadas, ya que tenemos mucho más años que ellos en estos temas. Por ejemplo, desde 1974 que tenemos a mujeres en nuestras filas. Ellos están recién partiendo y están acostumbrándose, mientras que para nosotros ya es algo normal.

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