BUTOH

¿Acaso no soy
hija de esta tierra?...

Atravieso el territorio de los huesos de mis ancestros y me hablan sus vidas y muertes...


Soy la vida que vuelve y pregunta:

 
¿Dónde está mi raíz? ...


Para llegar al vacío primero voy desnudando pieles, historia, memoria...
Así escucho el silencio vestigio del tiempo:


Han venido mis huesos de esta tierra, mis pies danzan lejos del cemento y un caudal de vertientes diversas; sangre roja, azul, dulce savia estrellada desciende del wenumapu! 


¿Dónde está el abrazo de mi Ñuke? 


¿Hacía donde viaja mi Püllü?.


Si, es cierto; wingka, mestiza, kiltra devengo destilando preguntas y paciencias...


Pero, acaso ¿no soy hija de esta tierra?!

Pamela Gómez G.

El butoh es conocido por nacer en Japón, en el tiempo de la bomba atómica. La era feudal se había extendido hasta fines del siglo XIX. La cultura campecina quedó grabada en la retina del sol naciente. El cultivo de la tierra formó parte de la vida comunitaria que compartieron los primeros butokas. Así son nombrados quienes interpretan esta danza teatral creada por Tatsumi Hijikata hace 6 décadas.

Butoh en Chile

Carla Lobos es la pionera en Chile, es la mama butoh, llena de fuerza, amor y claridad. Su último montaje llamado La Crueldad del Corazón incluye palabra hablada, algo nuevo en esta danza que se apoya en el gesto y la imagen. Lobsang Palacios no deja a nadie indiferente, su danza es auténtica, conmovedora y libre: le gusta la calle como escenario político. Italo Tai tiene una variada trayectoria escénica y logra que la elegancia se dibuje más allá del estereotipo grotesco del butoh. Andrés “Gato” Gutiérrez entrega propuestas siempre refrescantes y de sensibilidad plena. Agradezco que ha organizado numerosos encuentros de butoh autogestionado y al alcance de todas y todos. 

Marco Marcel es un artista generoso que explora la sensualidad siguiendo los pasos de Hijikata.

Belén Espinoza Peña ha participado en variedad de obras, destacándose el homenaje que hace a su abuelo Jorge Peña Hen, creador de las orquestas juveniles y silenciado por la caravana de la muerte. 

Natalia Cuéllar es dueña de una técnica exquisitamente perfecta.

José Vergara, solidario y crítico, entre sus montajes ofrenda “Flores Negras” a los 81 hombres jóvenes pobres que murieron horrorosamente quemados debido a la negligencia de Gendarmería de Chile, en la Cárcel de San Miguel (a propósito de la televisada “ola feminista”, que no se cuestiona la sociedad carcelaria y militarista, base del patriarcado).

Emerson se ha convertido en un auténtico mago, no se sabe si gracias al butoh o a su propia existencia. Puede hacer aparecer el crujir de las hojas a través de siluetas felinas en el plenilunio con sólo dar un paso.

Butoh, Tierra y Reforma Agraria

Dijimos que el butoh nació después del prolongado feudalismo japonés, con una fuerte presencia campecina. El cuerpo humano estaba modelado por la vida en el campo, tal como afirma Verónica Cohen: “ El origen de las formas corporales en el butoh se encuentran en los cuerpos campecinos, el cultivo del arroz, el trabajo directo con la tierra y la estancia con los animales determinan la expresión en las festividades rituales en Japón.

Hay una búsqueda profunda de la identidad, la nostalgia por nuestras raíces nos hacen retomar nuestra cultura popular. Tatsumi Hijikata consideraba que el sentido del butoh era recuperar el cuerpo que nos había sido robado”.

Recuperar el cuerpo robado para recuperar la tierra robada, es la impronta que podemos cosechar en estas latitudes.

Cuando se quiere hacer pasar a la justicia social por utopía trasnochada pasada de moda, hablar de Reforma Agraria suena como algo abandonado en el siglo pasado. Es paradójico que lo que lleva el nombre de “reforma”, sea impensable en estos días. Mejor dicho, es pensado como “terrorismo”. Tierras que una vez fueron colectivizadas, hoy están en las manos sangrientas de militares y empresas forestales.

El año pasado se cumplieron 50 años de la Reforma Agraria, un aniversario que pasó sin pena ni gloria. José Aylwin encabezó un acto conmemorativo donde se expuso que tal iniciativa buscaba modernizar la economía y aumentar la productividad de las tierras que el latifundista no podía cultivar… no daba abasto con la magnitud de sus territorios, porque estaba más preocupado de violar a las hijas de sus peones. No había comida para los campesinos o para las jóvenes que violadas fueron embarazadas y tuvieron que emigrar a la ciudad. Nuevas formas de pobreza fueron creadas. No era sólo la economía, era una cultura la que buscaba ser transformada con el nombre de Reforma Agraria.

Hoy todo eso se ha olvidado. Estamos tan desconectados de la tierra, que un acuerdo tan nefasto como el TTP, que privatiza las semillas, fue firmado en Chile por ministros de 11 países, con el carnaval del mismísimo “día de la mujer” como telón de fondo, el 8 de marzo de este año.

El Butoh y los Campecinos

Ahora nos referimos el trabajo de dos intérpretes de butoh inspirados en sus ancestros campecinos:

Pamela Gómez y Juan Lagos.

Juan Lagos lleva años investigando junto a “Atemporero”, un ser que nace, crece y muere una vida dedicada a la tierra, una vida atemporal. Un ser enfrentado a la contradicción de trabajar una tierra que no le pertenece, que se niega a ser un temporero, un atemporero.

“El campo, tremendo lugar. Es como la guata de mi mamá, el útero, la placenta, por eso me siento tan bien en el campo, tan tranquilo-, como que el tiempo se detiene, se detiene a mi favor, los vientos soplan a mi favor, esta todo dado para que me sienta bien. Me crié ahí de guagua, Mi mamá es de ahí también.

Además que en el campo está la comida, ahí está la vida. Cuando las personas se van a la ciudad, se despojan del campo y se vuelven como un almácigo, plantado en el cemento. Y ahí se queda, no crece. Es limitado el crecimiento en la ciudad por eso mismo, muchos unos arriba de otros, físicamente,

Visualmente, saturación de ruido...entonces uno queda apretado en el almácigo no más. No en la tierra, en el cemento,” enfatiza Juan Lagos gesticulando con sus manos.

El campo sostiene, acuna y nutre. En el despojo emerge la fragilidad. El butoh explora los sentidos, los matices de la vida y la muerte que no son oposición, sino que espacios sensibles. El butoh no representa algo. Encarna.

Pamela Gómez encarna a su abuela y lo relata asi:

“La Kela, memoria de mi ancestra viva Raquel Herrera, raíz fundamental, vientre materno del Chile profundo, una danza que brota de la tierra y en gran medida es uno de los asideros de la cultura e idiosincrasia de la conformación del Chile social del siglo XX.”

Para ella, la identidad y la ancestralidad son ejes fundamentales en su obra.

“Este trabajo  que se llama “La Kela”, es un trabajo autobiográfico, es la historia de  mi abuela, es una historia colectiva, muy transversal, en relación a la identidad femenina popular, de un Chile que viene  del mundo  campesino, y sufre esa transmutación, esa transculturación de su cuerpo y de su identidad, y también tiene que ver con el abandono, la soledad, la fuerza de lo  femenino, la precariedad, la falta de  protección.

En este caso es la historia de mi abuela, pero sé que  todas tenemos una abuela Kela, que viene del campo, que llegó a la ciudad muy desprotegida, que fue madre soltera, que no sabía leer ni escribir. En algún momento todos los que tenemos una arraigambre en el mundo popular chileno tenemos esa abuela y eso es lo  que trabajo con el butoh en específico.”

A desalambrar, a desalambrar! Cantaba Victor Jara. Hoy sabemos que Pedro, María, Juan y José representan al pueblo que sufrió la contrareforma agraria, la venganza de los latifundistas.

Pamela aclara: “El butoh siempre  trabaja desde  un cuerpo que es reprimido por otra cultura, la usurpación y la violentación de una cultura sobre otra. Siento que eso es  evidente dentro de nuestra identidad, si bien el butoh nace en Japón, en el contexto de una guerra, una invasión cultural política de  occidente en oriente, acá se trata de observar  cuales son nuestros genocidios, no los de Japón, porque no estamos en Japón, independientemente de que el butoh haya nacido  allá. “

Entendiendo que la contrareforma agraria se vive como auténtica guerra en el territorio mapuche, le pregunto:

¿Cómo abordas la lucha del pueblo mapuche a través del butoh?

Siento que ese es un gran tema del cuerpo en crisis, que tiene mucho que ver con el territorio. Yo trabajo con los ejes de  territorio. Este cuerpo-materia que tenemos también es  nuestro territorio y este territorio en el que yo vivo, es un territorio  frontera.

Yo soy de Concepción, de la  región del Bio Bio, somos la frontera con el  wallmapu, entonces creo que estamos justamente en esa  crisis, estamos viviendo el butoh en esa crisis.

Todos sabemos  que lo que está pasando desde  el estado chileno hacia el pueblo mapuche es violentación, es muy claro, muy nítido, y nosotros tratamos que  con nuestra danza, con nuestro cuerpo-territorio que es nuestra trinchera, el lugar desde  donde podemos protestar y hacer llegar a la persona que ve, que recibe la danza, la sensibilidad espiritual del mapuche. Siento que si uno  no  comprende la sensibilidad espiritual del mapuche, tampoco comprende la política en torno al territorio del mapuche y sabemos muy poco de eso.  

También he realizado un trabajo  sobre la educación artística en territorio lafkenche, en Tirúa, por dos años, y eso tiene que ver con una transversalidad de la vida, eso te ayuda con tu trabajo artístico y al mismo  tiempo tu como educadora artística también trabajas con los niños, esto de ser artista tiene que ver una  responsabilidad y tiene que ver con la vida también. Estamos en ese proceso”.

 

Han pasado más de 40 años desde el golpe.

 

Chile abortó su incipiente industria en pos de un modelo exportador de materias primas.

 

Es tan cínico el discurso del progreso, ya que no les interesa a los despojadores el verdadero desarrollo industrial, porque ello implica trabajadores especializados que podrían sindicalizarse.

 

Es mejor olvidar que los cordones industriales de la industria textil estaban bien organizados.

 

Mejor sin sindicatos, mejor saquear y secar la tierra con la minería y las plantaciones forestales.

 

Hay un tiempo para permanecer en estado de shock y también hay un tiempo de recuperarse, recuperar el cuerpo y recuperar la tierra para que haya vida nutriente.

 

Hay mucho por hacer, hay mucho que se está haciendo.

 

El butoh, despacito, dentro nuestro, está plantando semillas de Tierra y Libertad.

 

 

ClariNet