PAPA-TEMUCO

La doble posición de la
Iglesia y el Papa ante los
conflictos de La Araucanía.

Por Martín Espinoza C

La iglesia, reconocidamente fraccionada en distintas posiciones valóricas, da cuenta de sus diferencias una vez más a la hora de abordar los latentes conflictos que afectan a la zona sur del país. La homilía de Francisco en Temuco lo confirma: no existe una posición definida de la institución ante las polémicas que han levantado polvo en el sector.

El Papa Francisco llegó a Temuco para oficiar la segunda liturgia papal en territorio nacional. A diferencia de Santiago, la zona sur tiene conflictos latentes más evidentes que, se espera, sean abordados por el Sumo Pontífice durante su breve visita a la capital de La Araucanía.

La titularidad episcopal del obispo de Osorno, Juan Barros, y la vigencia de un conflicto mapuche lejos de resolverse asoman como los temas más espinosos.

Ya lo decía este fin de semana Mariano Puga, SJ, en conversación con Radio y Diario Universidad de Chile: “existen tres iglesias: la conservadora, la reformadora y la liberadora”. Es precisamente la visita a Temuco en la que se alcanzarán a percibir algunas de estas tensiones.

Héctor Vargas es el obispo de la diócesis de Temuco desde 2013 y fue precisamente el Papa Francisco quien lo nombró en ese cargo. Vargas ha dejado en claro que “en La Araucanía tenemos una situación compleja. Por una parte, tiene que ver con una deuda histórica con el pueblo mapuche. Y, por otra, con actos de violencia que han venido creciendo y extendiéndose, con toda la problemática que eso significa”, según señaló a La Tercera a fines de 2015.

En sus pronunciamientos, Vargas ha dejado en claro que efectivamente existe una polarización, pero que el nivel del conflicto que se ha tratado de proyectar no es tal: “No creo que exista una polarización entre el pueblo mapuche y los agricultores o la sociedad civil. Me parece que los puntos de conflicto son de grupos radicalizados”. También se ha manifestado a favor de la búsqueda de soluciones políticas, “no policiales”.

Después de terminada la misa, el Papa Francisco se dirigió a un almuerzo privado “con algunos habitantes de La Araucanía en la Casa Madre de la Santa Cruz” a las 12:45. Se espera que en el encuentro reciba a miembros del pueblo mapuche, pero la identidad de los invitados se ha mantenido en la más absoluta reserva.

Al ser consultado sobre la eventual conversación entre comunidades mapuche y el Sumo Pontífice, Aucán Huilcamán, Werkén de Todas las Tierras, afirmó que “Él conoce cómo se secuestró y se repartió a los niños mapuche por cientos, que fueron entregados a familias no mapuches en Buenos Aires, sabe cómo se encarceló a los líderes de nuestro pueblo, también la participación de la Iglesia en Chile en la “pacificación de la Araucanía” y también conoce cómo fuimos despojados de nuestras tierras, por lo tanto, queremos hacer un llamado al Papa para que reconozca formalmente el crimen de genocidio cometido por el Estado chileno, el Estado argentino y el Vaticano, pero al mismo tiempo, asuma una firme decisión de indemnizar y resarcir a las víctimas”.

Ciertamente, la visita a Temuco no fue una decisión azarosa. Así lo indicó Fernando Montes a Fides: “hemos comprendido que tal elección expresaba el interés del Papa por los problemas que actualmente existen con el pueblo originario de nuestro país”.

Fue el mismo Papa Francisco el que confirmó, a  través de sus palabras en la homilía, las razones de su visita a la ciudad: “Arauco tiene una pena, que no la puedo callar, son injusticias de siglos, que todos ven aplicar”, comenzó citando a la cantautora Violeta Parra. “Con pena y dolor celebramos la eucaristía. Lo hacemos acá, en el aeródromo, lugar en donde tuvieron lugar graves violaciones a los derechos humanos. Esta celebración la ofrecemos por quienes todos los días llevan el peso de tantas injusticias”. A continuación, el Sumo Pontífice se extendió para hacer alusión al conflicto que se vive en la zona.

“Hay que terminar con la lógica de creer que hay culturas superiores y culturas inferiores”. El foco de la alocución estuvo dirigido principalmente a un llamado de unidad. “La unidad que nuestros pueblos necesitan, reclaman que nos escuchemos, pero principalmente, que nos reconozcamos. No significa recibir información sobre los demás, sino de recoger lo que el espíritu ha sembrado  en ellos como un don también para nosotros. Solidaridad como forma de tejer la unidad. Es la única arma que tenemos contra la desforestación de la esperanza. Por eso pedimos, Señor, haznos artesanos de unidad”.

A la hora de hacer referencia directamente sobre el conflicto, el Papa intentó hacer referencia a ambas partes de la confrontación: “Existen dos formas de violencia, que más que impulsar los procesos de unidad, terminan amenazándola. En primer lugar, debemos estar atentos a la elaboración de bellos acuerdos que nunca llegan a concretarse. Bonitas palabras, pero que al no volverse concretas terminan borrando con el codo lo escrito con la mano”, señaló. También fue crítico con los actos de violencia más explícita que han sido ilustrados en los medios de comunicación: “En segundo lugar, es imprescindible defender que una cultura del reconocimiento mutuo. No puede construirse en base a la violencia y destrucción que termina cobrando vidas humanas. No se puede pedir reconocimiento aniquilando al otro, porque esto lo único que despierta es mayor violencia y división. La violencia llama a la violencia. La violencia termina volviendo mentirosa la causa más justa, por eso decimos no a la violencia que destruye, en ninguna de sus dos formas”, declaró.

Con este pronunciamiento, el Papa ofrece evidencia sobre las dos posiciones entre las cuales se debate la iglesia chilena en relación al conflicto en el Wallmapu. Fuera del género homilético, en el almuerzo con representantes del lugar, seguramente habrá profundización en algunos de los puntos, reacciones que no se acabarán con el retorno del Sumo Pontífice a Santiago.

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