EUTANACIA

No quiero para mí tantas
desgracias.
No quiero continuar
de raíz y de tumba,
de subterráneo solo, de
bodega con muertos ateridos,
muriéndome de pena.
P. Neruda

 

Por Alicia Gariazzo

Les pido perdón por ser majadera y reiterar que en Chile nuestros próceres e inefables economistas, tienden a analizar los problemas de manera estática ignorando causas y consecuencias. Por ejemplo, para hablar del sistema de pensiones se dice que estas son bajas y solo se discute acerca de la forma de generar recursos para aumentarlas. Se habla del anciano pensionado, jamás de las familias. Nadie se refiere a que el viejo traspasará sus necesidades a hijos o parientes o que, lisa y llanamente, quedará en situación de calle viviendo de la caridad pública.

 

Tampoco el análisis considera el fenómeno paralelo a las bajas pensiones, cual es el aumento de la longevidad y la disminución de nacimientos. En 2025 los chilenos entre 15 y 59 años constituirán un 61% de la población y los mayores de 60 un 20%, con una esperanza de vida de 80 años, siendo así Chile el tercer país más longevo de América Latina. Diversas instituciones, como CELADE, el INE y las Encuestas CASEN, concluyen que los mayores de 60 en 2050 llegarán a 7,1 millones. El INE informa que los nacimientos disminuyeron en un 2,5% entre 2014 y 2015 y también los matrimonios. Los divorcios han superado el número de matrimonios. Estamos corriendo el riesgo de que la pirámide demográfica se invierta y ello multiplicará la gravedad de la situación.

 

Por otra parte, es necesario destacar, que junto al crecimiento de la población anciana también lo hace el porcentaje de no valentes, es decir de postrados en cama, que en 2000 ya era de 62,2% entre los mayores de 60. La discapacidad y las enfermedades mentales son mayores en la vejez y, por tanto el costo de mantención de los longevos será aún mayor para las familias. Una persona postrada necesita, como mínimo, una cama especial, masajes, cambio de pañales, comida y medicinas en la boca o vía sondas, aplicación de enemas cuando su estado de postración no les permite obrar en forma natural, corte de uñas, baño y lavado de pelo. Esto requiere de una persona o enfermera por doce horas diarias, suponiendo que el enfermo pueda dormir solo. El costo de una enfermera de día, por 8 horas, es como mínimo de $10.000, es decir en esta se gastarían como mínimo $450.000  mensuales, más la comida, sin contar las noches y los fines de semana. Trabajo aparte es la mantención de la higiene del espacio donde se encuentra el enfermo, la limpieza y cocina que lo circunda, generalmente hecho por hijas o nietas que, a su vez, deben dejar de percibir ingresos para dedicarse a este cuidado.

 

Si una Pensión Básica Solidaria de Vejez, PBSV, para mayores de 65 años, es de $103.000 y la de un viudo, o viuda, inválido total, oscila entre $66.000 y $112.000 podemos tener un escenario de la familia que rodea al adulto mayor de 80 no valente. Los indigentes y pobres urbanos carecen hasta de la infraestructura más elemental para cobijarlos, con casetas o casas de 30m2 con filtraciones de agua, termitas, rodeados de basurales tóxicos, delincuencia y drogadicción. Los de mejores ingresos, con más espacio en sus viviendas, carecen de las posibilidades anímicas y, también económicas, para darles la protección y cuidados requeridos por las tensiones y exigencias de la vida moderna.

 

Tampoco los analistas consideran que muchos adultos longevos pertenecen a una generación que se casó joven, por lo que será común ver a nonagenarios cuidados por hijos septuagenarios, cuando los tienen vivos. Esto es grave, solo pensando en las edades, sin hablar de las pensiones. En otras palabras, viejos pensionados tendrán a cargo a sus padres viejos y pensionados.

 

Esto llevará a algunos a quemarse a lo bonzo como ocurrió en 2003, en el norte de Chile. En Antofagasta, Emilio Cerda Sidgman, de 77 años, se quemó vivo con bencina. También se autoeliminó el matrimonio del dentista Nicolás Vásquez de 79 años y su esposa, la profesora Hilda Césped de 81,  por no poder costear sus enfermedades. Como suele ocurrir, esto apenas se comentó y, seguramente, debe haber muchos casos similares que nadie conoce.

 

Debido a este somero análisis, surge clara la necesidad de preocuparse de la población chilena como un todo. No solo en relación a los ingresos que perciben las grandes mayorías, sino a las condiciones de vida, el tamaño de la familia, las nuevas formas que estas están asumiendo y dentro de ellas la carga que implican viejos y discapacitados. Ojalá surgiera un tipo de familia extendida que pudiera compartir el cuidado de los más vulnerables en las diferentes etapas de su vida.

 

Para ser coherentes con los planteamientos guía de nuestros políticos: “dar facilidades a los empresarios para que inviertan y creen empleo”, debería legalizarse la eutanasia. Constituiría una manera limpia y digna de no arruinar la vida de hijos y nietos. Estoy segura que ninguna madre o padre que realmente ame a sus hijos, o parientes más cercanos, si está bien mentalmente, querrá que sus hijas, yernos, o nietos le cambien los pañales, los laven o los ayuden a defecar. Acceder a un suicidio legal y aceptado familiarmente sería lo más sano.

 

El Gobierno ha propuesto, en el marco del  Chile Solidario, que en comunas pilotos se analice las necesidades de ingresos, equipamiento, vivienda y salud de los adultos mayores y ha creado el Servicio del Adulto Mayor. Pero ello es considerado como un complemento de los ingresos obtenidos por el trabajo.

 

Será necesario que el Gobierno, los candidatos a diversos cargos, consideren que las fuentes de trabajo tienden a disminuir. La agroindustria ya no contrata trabajadores permanentes por sus características de estacionalidad y la externalización  ya se ha instalado en las grandes empresas incluso en el caso de la manufactura que en Chile también ha enviado a subcontratistas en China. Probablemente esto se intensificará con un TLC con China. Por otra parte la tecnología digital reemplaza gran cantidad de empleos masivos a todos los niveles.

 

Por tanto, la tendencia es que el porcentaje de ancianos que contará con una pensión, será proporcionalmente menor en el futuro. Expertos en la materia (OCDE, 2003) señalan que las pensiones en Chile tenderán a bajar. Siendo ya bajas, la salud, aún para los jubilados que cuentan con las más altas pensiones, será de difícil acceso. Nadie habría esperado años atrás que un dentista y una profesora se vieran impedidos de costear sus tratamientos médicos, como fue el caso del matrimonio Vásquez.

 

Por eso, la solidaridad es imprescindible, principio que los cristianos dominan, ya que Cristo predicó hasta su muerte sobre la ayuda del más rico al más pobre, al enfermo, al necesitado. Pero como esta no es espontánea y no sirve entregada individualmente,  sería necesario que nuestros gobernantes, desde una visión de país, que supuestamente los ha llevado a ocupar el lugar en que se encuentran, pensaran en formas de impulsar y legitimar el trabajo voluntario de los jubilados.

En las comunas, a través de las Municipalidades u otras organizaciones, como la del Ombudsman, si alguna vez se crea, se debería impulsar el trabajo solidario. Por ejemplo que los ancianos autovalentes pudieran compartir el cuidado de niños pequeños en locales proporcionados por la Municipalidad con trabajo voluntario. Que los jóvenes pudieran visitar o ayudar a enfermos adultos mayores. Que muchas PYME pudieran disminuir impuestos al entregar productos que los adultos mayores necesitan más baratos.

Chile se ha caracterizado por impulsar modelos políticos y sociales. Es el momento, con el fracaso del neoliberalismo extremo, que Chile comience a diseñar una economía social y solidaria, porque Moya no puede seguir pagando todo. Puede llegar a enojarse mucho.

ClariNet