INMIGRANTES

Siempre ha sido novedad ver
en Chile turistas extranjeros…
hoy hablamos de inmigrantes.

Por Antonio Espinosa

Como señaló hace ya un tiempo el Padre Felipe Berríos “A los europeos los llamamos extranjeros y a los latinos inmigrantes”, para ilustrar el clasismo chileno frente a personas de otro país. Sin embargo, en esta ocasión, más allá de hablar de nuestro clasismo, quiero hablar de ellos, de los inmigrantes, y su evolución en el tiempo.

Hace un par de décadas, Santiago comenzaba a “congestionarse” con ciudadanos peruanos. Era común verlos en las plazas del centro de la ciudad, en algún parque durante el fin de semana, congregándose como la colonia más grande en Chile. No era extraño verlos trabajar en algún local de comida rápida o “comida al paso”, con su boliche-almacén propio o bien en alguna feria local. Siempre eso sí, en los sectores cercanos al centro de Santiago, sin ir mucho más arriba de Plaza Baquedano.

Luego vino un período donde llegaba mucho argentino, ya no era sólo las vacaciones en las playas de la quinta región, esta vez venían a trabajar. Se vio mucho en los programas de televisión, en los eventos discotequeros, de modas, etc. Provistos de una buena facha, pinta, y bronceados, tanto hombres como mujeres trasandinas copaban la parte oriente de la capital, eso sí, sin bajar mucho de plaza Baquedano al poniente.

Poco después comenzaron a llegar colombianos y venezolanos que, de alguna forma, venían en busca de mejores oportunidades. Había una diferencia, mientras los ciudadanos colombianos llegaban desde el norte de nuestro país y a trabajar en labores muchas veces mal llamado “poco calificadas”, los venezolanos llegaban directo a Santiago y a ejercer su título.

Era común ver Ingenieros venezolanos, médicos, odontólogos, profesionales con un título profesional e incluso posgrado, en el caso de Colombia, era difícil encontrar un profesional, quizás médicos, pero en general se enfocaron a aquellos trabajos donde se les llama “mano de obra”, en los camiones repartidores de Coca Cola, como conserjes de edificios, en ferias, etc., muy parecido al trabajo de los ya ciudadanos peruano-chilenos que a estas alturas son parte de nuestra ciudad y nuestra vida cotidiana.

Posteriormente comenzaron a emigrar ecuatorianos, dominicanos, y haitianos, estos últimos han estado en boca de muchos en los últimos días. Hablemos de los haitianos, que no manejan cabalmente el idioma, que es común verlos en los servicentros cargando gasolina, en construcción arreglando calles, que reemplazaron a los colombianos en los camiones de coca cola y CCU, que han copado cuanta comuna han podido (de Plaza Italia al poniente), Santiago Centro, Estación Central, San Miguel, Cerrillos, Maipú, Pudahuel, Renca, Quilicura, etc.. Incluso han realizado mini colonias y hasta asisten a su propia iglesia protestante, donde cantan y leen la biblia en su idioma nativo.

La ciudad se ha ido adaptando, los colegios se han vuelto multiculturales, es fácil ver a niños colombianos o peruanos que quieren parecerse a Alexis Sánchez, o haitianos a Jean Beausejour. 

El mercado laboral también se ajustó, los inmigrantes con títulos supieron insertarse en el sistema, e incluso ya no es extraño ver a uno de ellos en cargos gerenciales o de jefaturas en las empresas. El indicador informado hace pocos días a cerca de Cesantía o Desocupación, por lo menos en Santiago fue alentador, un 7% de desocupación, mejor de lo que se esperaba para este periodo.

Ahora bien, el tema que más inquieta, y que ha dado mucho que hablar estos últimos días ha sido el de Salud. Se ha hablado de la Lepra, lo que es, y de cómo inmigrantes haitianos están contagiados y han creado el brote extinguido en Chile hace un rato. Se habla del VIH, se piensa existe una correlación entre el gran número de inmigrantes en Chile estos últimos años  y el aumento significativo en el contagio de la población.

Es verdad que en el tema salud, aún tenemos puntos pendientes por resolver.

Hay que ser honestos, todos tenemos responsabilidades, las tiene el Estado con listas de espera en los consultorios y el AUGE, las tenemos los ciudadanos por no ser responsables con nuestra salud, muchas veces no tomando las medidas de prevención necesarias, y con nuestra ideología por no protestar lo suficiente contra el sistema de salud y las Isapres que francamente son un fracaso. Las tienen los inmigrantes, por no ser lo suficientemente cuidadosos con su salud, estén en el país que estén.

En lo personal, creo que bajo ningún punto se puede criticar o hacer juicio moral / social a otra persona, independiente de la nacionalidad que tenga, por estar enfermo. Pienso que las personas no deciden querer estar enfermas de tal o cual cosa, pienso que se les puede regañar por no haber prevenido, pero más allá de eso no. Eso de “aumentar los controles a inmigrantes”, “solicitar exámenes médicos antes de dar visa a extranjeros”, “cerrar la opción migratoria a ciudadanos de ciertos países”, lo encuentro francamente retrógrado, de muy mal gusto, y que habla muy mal de nuestra sociedad. Una sociedad que ha avanzado en lo civil y en materia migratoria, en los años de dictadura militar, los chilenos estuvieron esparcidos por todo el mundo, fueron inmigrantes en Europa, en Norte América, en Sudamérica, y no creo que les hayan hecho juicio moral por llegar enfermos, o padecer tal o cual situación.

Hoy por hoy, los inmigrantes son parte de nuestra sociedad, de nuestra ciudad capitalina, y de los acontecimientos del diario vivir.

Es verdad que debemos mejorar en materia migratoria, pero es verdad también que no podemos juzgarlos moral ni socialmente, sino que solamente recibirlos, apoyarlos y dar una mano en lo que se pueda, así como lo hicieron con nuestros compatriotas después de 1973, y así como podrían hacerlo con nosotros el día de mañana.

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