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SENAME8

Las declaraciones realizadas el día
12 de abril por la Directora Nacional
de SENAME, Marcela Labraña, en
relación a la dolorosa noticia del
fallecimiento de una niña de 11 años
al interior de un centro de protección
del mismo servicio, debido a un paro
cardiorespiratorio reflejan, más que
un pesar, una defensa institucional
que se levanta tal como los muros de
esos centros de protección. Murallas
que hacen inalcanzable para la mirada,
pero que queda a la vista, cada tanto,
bajo la forma de hechos trágicos.

Por Miguel Morales*

Señalando que se hizo “todo lo posible”, se detalla cualcheck list los protocolos de acción seguidos, la presencia de personal de salud, la supervisión constante de la medicación recibida por la niña durante años, las crisis de angustias vividas y “contenidas” por el personal del hogar, con el único fin de señalar que todo se encuentra en regla y que no hay nada que cuestionar ni cuestionarse.

Por el contrario, que lo ocurrido tendría relación con su “estrés postraumático”, sus crisis de angustia, su historia de abuso sexual y el delicado estado emocional de la niña, desencadenado tras la inasistencia de un familiar cercano a una visita.

No es que se trata aquí de restar importancia a las acciones necesarias ante una emergencia, ni de la implementación requerida para estos casos, sino que problematizar cuando éstas se utilizan únicamente como forma de resguardar cualquier duda ante alguna responsabilidad institucional, y se transforman en un modo de actuar por parte de una institución que debiese tener como norte la protección. Sin embargo, en este caso, la característica de la explicación agrava la falta.

No hay que ser ingenuos, ahondar en lo erróneo e insólito de las declaraciones de Labraña, al dejar traslucir una relación de causalidad entre un estrés postraumático y un paro cardíaco, sería dejar de lado pensar en el gesto negador: situar en la misma niña, a propósito de su sufrimiento y de su historia familiar, las causas por las que su corazón dejó de latir, corriendo un tupido velo sobre las características de su sufrimiento que, acallado por los psicofármacos, habló en reiteradas ocasiones sobre lo que tuvo que enfrentar durante 7 años en una institución de estas características, producto de la injusticia social, la desigualdad y la violencia que caracteriza las historias familiares y sociales de los niños y niñas que SENAME procura proteger.

Christophe Dejours, psicoanalista que ha investigado la relación entre trabajo y sufrimiento señala que, la banalización del mal pasa por diversas etapas y, cual psicofármaco, anestesia progresivamente la reacción de indignación frente a situaciones de injusticia social, desarrollando lo que llama una “tolerancia a la injusticia”. Sin embargo, como construcción humana es un proceso que puede detenerse e interrumpirse, a condición de asumir una responsabilidad. No deja de ser llamativo que aparezcan los mismos trabajadores de estas instituciones denunciando la precariedad de las condiciones de vida de los niños y niñas que allí viven. Cabría también preguntarse por las características de las condiciones laborales que en estas instituciones existen.

Es por esta razón que señalar que “se hizo todo lo posible” va en la vía totalmente contraria a la de un ejercicio responsable que como sociedad y sus instituciones debiesen realizar. Ante la muerte de una niña que vivió más de la mitad de su vida en instituciones de protección y que encontró un desolador final, cuando su corazón no pudo más, no podemos quedarnos tranquilos, sino que más bien deben forzarnos a una reacción, ya que,  lo que nuevamente falló, fuimos nosotros como sociedad.

*Psicólogo. Mg. Psicología Clínica UCH. Estudiante Doctorado en Historia PUC.

Los tristes antecedentes de la niña fallecida en el Sename

La niña estaba en la red de protección del Sename desde los cinco años.

La menor, de 11 años, que murió en el Sename se habría descompensado debido a que el pasado domingo esperó a un pariente que debía ir a visitarla pero nunca llegó.  La niña se encontraba desde los cinco años en la red de protección de la institución y en 2014 quedó en el centro Galvarino, para alejarla de los abusos sexuales de su papá.

Esa triste situación significó que la niña tuviera severos cuadros de angustia, los que eran tratados con fármacos. Estos tratamientos fueron completamente avalados por la directora del Sename, Marcela Labraña.  Según ella, el pasado domingo los cuadros de angustia habrían crecido por la espera del pariente que nunca llegó.

“Tenemos que entender que estamos hablando de una niña de 11 años, cuando a un hijo uno no lo va a buscar al colegio, se pone ansioso, imaginen a una niña que está esperando todo un mes o mucho más tiempo y esa persona no llega. Eso genera un estrés”, dijo la directora.

En un comunicado entregado por el Sename, la institución contó que el lunes la niña se vio bastante afectada por el tema y esto se manifestó en un llanto persistente, pero “aproximadamente a las 20 horas tuvo una agudización de su crisis. El personal de turno, más el equipo profesional que se encontraba en el centro, activaron los protocolos de urgencia en forma inmediata. Recibió atención directa de los auxiliares paramédicos del Sename”, situación que no fue suficiente ya que la niña murió de un paro cardiorespiratorio.

El presidente de la Asociación Regional Metropolitana de Trabajadores y Trabajadoras del Sename, René Sáez dijo que lo que le había pasado a la menor era que tenía una “carga extra de fármacos”, señaló a emol.com.

Esto ya que según Sáez, a la menor se le habría entregado una pastilla de emergencia ante la crisis, el fármaco sería llamado SOS y se aplica a personas que ya están siendo parte de un tratamiento. Pese a estas declaraciones, aún se espera la autopsia de la menor, ya que aclarará qué fue lo que le causó la muerte.

Juez de familia presentó querella en contra de quienes resulten responsables

Sigue sumando dudas el caso de Lissette, de 11 años, que murió el pasado lunes en el centro del Sename. El juez del Cuarto Juzgado de Familia de Santiago, Pedro Maldonado, se querelló en contra de quienes resulten responsables por la muerte de la pequeña.

Según las informaciones oficiales entregadas por el Sename, la niña habría muerto por un paro cardíaco, sin embargo, su madre, el psiquiatra Rodrigo Paz y ahora el juez de familia Pedro Maldonado, se mostraron dudosos ante esta versión.

En la querella el juez señala “Esta acción de la que se sospecha es plausible, toda vez que la edad de la niña hace poco probable que haya experimentado un paro cardíaco sólo por la tensión y estrés que le causaba el estar alejada de su familia” contó 24horas.cl.

En el texto también se señala que podría haber un consumo de medicamentos afuera de lo prescrito por especialistas, “hay una duda bastante razonable de que la descompensación cardíaca se haya producido por la ingesta de medicamentos fuera de la prescripción médica ordenada, lo que a la postre pudo haberle causado el fallecimiento”.

Según la directora del Sename, Marcela Labraña, los detalles científicos de los analisis realizados al cuerpo de Lissette por parte del Servicio Médico Legal, deberían estar listos en dos semanas, con ello se aclarará la muerte de la niña.

ClariNet