STGO-SEGREGADA

Una ciudad en la que hay
comunas con la calidad
de vida de Suiza y otras
con la realidad de África es
una metrópolis fracturada.

Por Rodrigo Guendelm*

Santiago de Chile, mi ciudad adorada, tiene defectos. Grandes defectos. Soy un Santiago adicto, pero también soy consciente de la más grande de las heridas que padece nuestra capital: la segregación.

Una ciudad en la que hay comunas con la calidad de vida de Suiza y otras con la realidad de África es una metrópolis fracturada. Bajos de Mena, en Puente Alto, es el ejemplo más claro de segregación: sus casi 150 mil habitantes viven aislados, con escasas áreas verdes y espacios públicos, sin infraestructura.

Hoy, como consuelo mínimo, tienen comisaría nueva y un parque, pero sigue siendo lo más parecido a un gueto.

¿Ha caminado por la Costanera Sur a lo largo de Cerro Navia? La orilla del río Mapocho tiene kilómetros de vertederos ilegales, cientos de toneladas de basura y las familias están expuestas a condiciones miserables de vida.

Hay varios Santiago en Santiago, y un porcentaje importante de las más de treinta comunas urbanas carecen de servicios que en las más favorecidas parecen tan obvios.

Por eso, quedé impactado cuando me tocó entrevistar hace algunas semanas a Alejandra Celedón, la arquitecta que ganó el concurso para representar a Chile en la Bienal de Venecia 2018.

El proyecto de Alejandra se llama “Stadium” y se inspira en un hecho y fecha particular: el 29 de septiembre de 1979. Ese sábado, 37 mil personas de todo Santiago llenaron las graderías del Estadio Nacional. Pero no se trataba de un partido de fútbol o de un show musical. La razón tenía que ver con la firma de los documentos que los transformarían en propietarios. Eran todos pobladores, gente que venía de 60 poblaciones de 17 comunas de Santiago. Ese día, el Estadio Nacional se transformó en mapa: en vez de tribuna o galería, cada sector recibía nombres como Villa Francia o La Pincoya. Fue el momento en que Santiago “se segrega oficialmente, algo que obedece a 40 años de políticas. Ese día se fija el dibujo de una ciudad que había respondido muchas veces a crisis o a la espontaneidad. Se fija una planta de una ciudad que no había tenido planta. Y eso es lo que hereda esta ciudad tan dividida, tan atomizada, tan segregada”, explica Alejandra Celedón.

El jurado que decidió que esta destacada arquitecta sea quien nos represente en Venecia, subrayó en el acta de selección que la propuesta “articula la historia de la segregación social en la ciudad de Santiago a través de un evento y un edificio”, y que se trata de “una propuesta relevante en términos disciplinarios y sociales que proporciona una lectura de la ciudad a través de un acontecimiento específico”.

Según Alejandro Zambra, escritor que fue invitado a participar en el catálogo de la exposición, se trató de “una maniobra de regulación, la tábula rasa que transformaría a los pobladores también en deudores, con el agravante de que muchos de ellos llevaban ya años pagando por los mismos terrenos que según el discurso oficial recibirían ahora casi de regalo. Pero igual sonaba a ofertón irresistible, a un acto de absoluta e inexplicable generosidad”. Una creativa forma de separar a ricos de pobres, de aislar definitivamente a las poblaciones en vez de haberlas integrado.

Por eso tienen razón quienes defienden lo poco que queda de la Villa San Luis en Las Condes (frente al Parque Araucano) como hito patrimonial. Es la metáfora perfecta de, primero, un intento de integración y, finalmente, la expropiación y la consecuente segregación. “Inaugurado en 1972 durante el gobierno de Salvador Allende, el proyecto recibió a 1.038 familias beneficiadas que vivían en asentamientos marginales. Durante la dictadura militar las familias fueron desalojadas y sus viviendas cedidas al Ejército”, explican en Plataforma Arquitectura. Es cierto, la segregación de Santiago no partió con Pinochet. De hecho, la “Operación Tiza” es de la década del 60 e implicó que muchas familias recibieran un terreno en la periferia de la ciudad.

Pero fue en dictadura cuando la ciudad dividida se institucionalizó, se fijó como política pública y se refrendó con las 37 mil firmas de las personas que llegaron al Estadio Nacional ese 29 de septiembre de 1979.

*Periodista y fundador de @santiagoadicto.

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