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NO-QUEDA

Es hora de asumir
responsabilidades.

Por Juan Andrés Lagos

Todo indica que la desafección ciudadana hacia el Gobierno derechista se mantendrá en el tiempo.

Sin embargo, también es un hecho que, de acuerdo a las encuestas más creíbles, si ahora fueran las elecciones presidenciales, sería Presidente de Chile Joaquín Lavín. Tanto por adhesión ciudadana, tanto porque su sector muestra claras señales de unidad en esa dirección.

Chile tiene una tendencia a reducir su universo de participación electoral. Es una de las más graves expresiones de la fatiga de un sistema precario en estándares democráticos.

Estudios bien fundados muestran incluso que la gente que tiene posibilidad de votar, lo podría hacer en menor rango en las futuras elecciones. Hay quienes no se preocupan de este hecho, y en forma muy antidemocrática y elitista, buscan manipular cada vez más los reducidos universos electorales que sostienen la precaria arquitectura del sistema electoral realmente existente.

Será difícil revertir esta tendencia, pero una postura de principios democráticos real exige asumir el desafío ahora.

Por otra parte, es muy evidente que tanto desde la derecha y su Gobierno, así como de sectores de partidos de la ex Concertación, hay un afán explícito de reponer la política de los consensos que se hizo pacto de gobernabilidad desde 1990 hasta ahora, con la excepción del Gobierno de la Nueva Mayoría.

Hay razones estratégicas y profundamente políticas en esa posición. No es sólo algo que responda a un diseño electoral. Se trata de expresiones económicas, políticas y culturales que se ubican en el campo liberal y neoliberal, y a nivel mundial en los espacios del eurocentrismo europeo y sistema norteamericano, con sus respectivos brazos armados, como lo es la OTAN.

También emergen fuerzas con mayor incidencia, como lo son las que integran el Frente Amplio. Y que, en rigor, no son tan nuevas. El Partido Humanista; las vertientes autonomistas que provienen de la Surda; las fuerzas izquierdistas que son fragmentos originarios del Partido Socialista; y el Partido Progresista, son fuerzas políticas que sin duda tienen el mérito de abrirse paso en un sistema que generó mayores representaciones al cambiarse el sistema binominal, por uno proporcional rectificado bajo el segundo Gobierno de Michelle Bachelet.

Los movimientos sociales hacen múltiples e intensos esfuerzos por abrirse paso en un sistema político de representación que reduce, y hasta castiga las expresiones ciudadanas, plebeyas, sectoriales.

Es un tremendo mérito que haya surgido la Mesa de Unidad Social, con cerca de 50 organizaciones sociales de variado tipo, y que estén convocando a una Protesta Nacional para el 5 de septiembre. El punto es que, necesariamente, estas fuerzas sociales requieren jugar un papel políticamente incidente, y ser influyentes en las direccionalidades del país en todos sus aspectos. Así las cosas, el escenario chileno es complejo.

Es muy evidente que hay asuntos que deben ser parte de cualquier acuerdo básico con mínimos programáticos. Y de ahí avanzar a lo electoral. No hay otra alternativa.

1) Nueva constitución política vía Asamblea Constituyente.

2) Políticas nacionales para enfrentar el cambio climático y las zonas de sacrificio.

3) Política económica a escala humana, que de verdad asegure empleos, pensiones, salarios de pervivencia real, especialmente para mujeres.

4) Reconocimiento del Pueblo Mapuche y otros Pueblos Originarios en los estándares internacionales.

5) Nacionalización del agua y recursos estratégicos, como el Litio.

6) Políticas nacionales de protección a las personas y familias bajo el flagelo de las adicciones, y bajo el poder del narcotráfico armado; así como ataque frontal al lavado de dinero.

6) Asegurar y avanzar en los derechos de las mujeres, y en las diversas expresiones humanas de género.

7) Una nueva política internacional que permita a Chile un proyecto nacional de desarrollo, sobre la base del multilateralismo y de relaciones que reconozcan las asimetrías.

No se trata de máximos, son mínimos que pueden darle una esperanza real al país entero, que según el Banco Mundial es el séptimo entre las naciones desiguales del mundo.

El Partido Comunista, junto al Partido Progresista y a la Fuerza Regionalista Verde, ha conformado la coalición Unidad Para El Cambio. Ponemos al servicio de la necesaria unidad, estas ideas transformadoras. No buscamos excluir a nadie, pero tampoco ser excluidos, y menos descalificados. La elitista política sistémica en Chile debe dar paso a otras formas de acción.

No queda mucho tiempo. Cada fuerza debe asumir sus propias responsabilidades. Esta es la nuestra.

Por Juan Andrés Lagos. El autor es periodista y encargado de Relaciones Políticas del Partido Comunista de Chile.

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