COLUMNA-NANCY

¡Malditos, malditos!
La derecha y los dueños de
Chile presionando a través
de la caída de la bolsa.

Ellos saben que generan incertidumbre, ellos saben que eso no afecta en nada a los que nada tienen, pero también saben, que los medios van a usarlo para presentar un clima de inestabilidad e inquietud para inducir el voto en la segunda vuelta.


No es que le teman a Guillier, que es más de lo mismo, le temen al empoderamiento ciudadano que optó por el voto libre, sin presiones, sin acomodos y mirando la posibilidad de cambio.


Le temen a que la ruptura de una hegemonía siga su curso y quizás uno de estos años volvamos a tener en La Moneda y en el Parlamento mayorías reales para iniciar cambios profundos.


Le temen al pueblo que sale a votar por quienes representan sus intereses de clase, a la mujer que se libera de roles asignados por el patriarcado, a los jóvenes que irrumpen en la política sin complejos y liberados de los lastres de un pasado, pero con la memoria activa para abrir las grandes alamedas.
Son ellos los que tienen miedo a perder todo lo robado. Son ellos los que se angustian porque han usado todos los métodos de sometimiento y nada les da el resultado esperado.


Son ellos los que llevan los fantasmas de los cuerpos desgarrados que pavimentaron sus fortunas. 


Nosotros, los de siempre, los que perdimos, pero que no pudieron borrarnos las imágenes ni las ganas de cambiar el mundo, hoy estamos más fuertes que nunca y no nos dejamos amedrentar por los mercaderes de la vida.


Así que baje o suba la bolsa, da lo mismo.

“No hay que ser pitonisa para decir que se producirán cambios políticos en el Parlamento”, señalé en el libro La Dieta de los Honorables. Los trapitos sucios de la Cámara (Editorial Planeta); y así fue. 


También escribí: “El Frente Amplio es la coalición que tiene todas las de ganar si sabe manejar la carrera presidencial de Beatriz Sánchez como ancla para sus candidatos y candidatas. No tienen pasado que los condene y sus tres diputados han destacados por imponer un discurso rupturista, crítico a las desigualdades que se anidan en el sistema político que se anida en el sistema político (…)” y así sucedió. La candidata rompió el cerco que las encuestas nos imponen con sus predicciones siempre manejadas por los defensores del estatus quo. 


Aunque es temprano para hacer un análisis sobre cómo cambiará la política en el Parlamento, porque aún está pendiente la segunda vuelta presidencial y todos sabemos que los dos candidatos deberán negociar con otras coaliciones para llegar a La Moneda, siendo estas negociaciones las que van a decidir los reales cambios en el Parlamento.


Ya los analistas de la conformidad sacan cuentas alegres y suman los votos como cuentecillas, sin entender que quienes votan lo hacen por un proyecto político y que no siempre es transferible. No es un cheque en blanco. El voto es una expresión política. Nadie puede apropiarse de ellos, puesto que se entregan a un candidato para que represente un sentir, un creer, un entender la sociedad y lo que se quiere de ella. Nadie puede ningunear a sus electores negociando como mercaderes y a puertas cerradas esta confianza expresada en un papel. 


Quien se enfrenta a esa situación compleja es el Frente Amplio. Si son hábiles políticamente no van a romper la confianza de sus electores, no van a arriesgar a sus 20 diputados a asumir la sumisión ante una coalición que poco tiene que ofrecer porque va en decadencia. Sus electores son personas que hastiados de la política del “todo vale” vieron en estos nuevos rostros la opción de romper esa nefasta “política de los acuerdos” y esperan que su voto sea respetado, no negociado. De no hacerlo pueden tener estos cuatro años y comenzar rápidamente a decaer. 


Hasta ahora no conocemos el programa de Guillier, no sabemos nada de su propuesta sobre el cambio a la Constitución, no tenemos idea sobre su política ambiental, en un país que ya no queda mar, glaciares, agua, bosques y las ciudades son segregadas; no tenemos idea sobre cómo va a solucionar el problema de las pensiones, la salud pública, la educación pública y gratuita; no sabemos si va a entregarle más dinero para investigación a las universidades privadas que a las públicas como lo hace hoy el gobierno; no sabemos su política cultural. No sabemos nada. 


Nadie debe votar coaccionado por el miedo, no más miedo. Se debe votar por un programa que represente nuestro sistema de valores y por quien uno crea que los va a representar y defender en pos de una sociedad justa.


Es hora de valorizar la política, volver a creer que a través de ella podemos cambiar la vida, tener certeza que personajes oscuros no vuelvan a decidir el futuro del país y de nuestras generaciones venideras y saber que cualquiera de nosotros podemos ser representantes, porque esa es la democracia.

Estamos a pocos días de las elecciones y seguramente la mayoría del país aún no sabe por quien votará o si votará. No es de extrañar. Es lo que hemos vivido desde que decidimos divorciarnos de la política por infiel y mentirosa.


Una cosa es que sea infiel y nos engañen, pero otra cosa es que nos juren lealtad solo cuando nos necesitan. Eso resulta insoportable. Eso fue lo que nos condujo a este inevitable rechazo, a la perdida de pasión, cuando nos calentaban la oreja con esos bellos recuerdo y nos pedían un poquito de cariño por esos días en nos habíamos amado tanto, (como la película de Ettore Scola) con el fin de llevarnos al clímax político. 


Pero todo amor tiene un principio y un fin. 


Después que fuimos desplazados del edén, quieren trasladarnos la responsabilidad de los desastres. 


Y viene la amenaza del infiel culpable: si no votas por mi, no vas a tocar el cielo con las manos y caeremos ambos en la más profunda autodestrucción. Luego sigue la promesa: si lo haces, seremos felices para siempre. 


Silentes esperamos demasiado tiempo. Nunca un pataleo de verdad porque no se consumaba el amor cómo esperábamos. Tampoco asumimos que después de caer en el embrujo, el engaño era peor. La infidelidad se consumaba frente a nuestros ojos. Los infieles se paseaban de la mano, se acariciaban frente a nosotros y les entregaban como dádivas de su pasión ese mar que tranquilo nos baña, los cerros con sus tesoros, etc. 


¡Basta ya! Es tiempo de abrir las ventanas y tirar todo afuera, sacar a los infieles de nuestras vidas y enamorarse nuevamente.


Vota por quienes realmente no te engañarán. Deja a los infieles fuera para siempre.

Ayer miré con doble desencanto a Carolina Goic.

Me parecía una buena niña, quizás algo ingenua y muy DC. Pero en su cierre de campaña le vi ese gusto por el poder, no importa a qué costo. Mientras hablaba de hacer una nueva política reía a su lado Iván Fuentes. Si, el mismo que con cara de "yo no fui" recibía dineros de ASIPES para quitarle a los pescadores artesanales cuotas de pesca y defender en el Parlamento la Ley de Pesca. El empleado de Patricio Walker que recibía plata de ASIPES mientras era diputado y que ahora pretende seguir defendiendo los intereses de las pesqueras y de los Walker.


¿Cómo puede hablar de hacer una política diferente si tiene a corruptos a su lado?


Mal, muy mal, señora Goic. Ojalá que no sea presidenta, ni senadora, ni diputada, ni nada. Ojalá se vaya a su casa con su familia porque no es bueno para el país personajes que solo les interese llegar al poder por el poder.

Gran parte de la primera parte del siglo XX los trabajadores, la izquierda y las mujeres lucharon por el derecho a voto. Cada conquista fue un avance que permitió transformar y ampliar los derechos e incorporar nuevos sectores a las luchas políticas contra la explotación y la exclusión, que habían costado tantas vidas en ese largo andar.


En Chile, se dio el mismo proceso que recorría el mundo, de a poco se fue incorporando a las mujeres (1952), a los no videntes (1969) y a los analfabetos (1970).


Nada fue gratuito ni porque la clase dominante cediera graciosamente a las clases subordinadas la inclusión. Todos estos derechos se obtuvieron con grandes movilizaciones, represiones y esfuerzos.


La llegada de Allende a La Moneda, tras tres campañas eleccionarias previas, se debió a esa persistencia de los excluidos de siempre que llamaban a votar contra el miedo a los patrones, contra el miedo a los dueños de la tierra, contra el conservadurismo que condenaba a las mujeres a la cocina y las aterrorizaba con creencias medievales, a no pensar en la forma de mejorar sus vidas y hacer un país donde todos los hombres y mujeres de este lado del mundo tuvieran cabida.


Esto incluyó una larga lucha contra el cohecho (compra o apropiación de los votos por la vía de prebendas o amenazas), la creación de un sistema de voto secreto logrado durante el gobierno de José Manuel Balmaceda (se llamó el pupitre aislado) y la Cédula Única (1958) en el gobierno de Carlos Ibáñez, que fueron generando cambios para terminar con el derecho a voto de los más débiles y excluidos.


¿Cómo es posible que hoy nos neguemos a votar? 


Es cierto que la mayor parte de los candidatos no da la talla para restaurar una sociedad que nos incluya a todos, pero hay candidatos al Parlamento que son valiosos, que tienen puesta su mirada en los cambios y requieren de nuestro apoyo y compromiso para realizarlos. Si no le gusta ninguno "ANULE", pero comprométanse y decidan, no dejen que otros decidan por ustedes, no los haga feliz y exprese en su papeleta el rechazo al sistema.


Por nada del mundo vote o apoye a esos que Víctor Jara les dedicó esta canción. 


Arrímese mas pa' ca 
aquí donde el sol calienta, 
si uste' ya está acostumbrado 
a andar dando volteretas 
y ningún daño le hará 
estar donde las papas queman.

Usted no es na' 
ni chicha ni limoná 
se la pasa manoseando 
caramba zamba su dignidad

CariNet