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PACOS-DESCONTROLADOS

Estremecedor relato de
profesora obligada a
desnudarse en comisaría.

Por Daniel Labbé Yáñez

“La carabinera se arreglaba el guante y me decía que me sacara la ropa, que si no lo hacía ahí, en el hospital sería peor. Yo me desesperé y comencé a llorar, no podía creer que me denostaran a ese nivel. Entre en pánico, lloraba sin consuelo”, es parte del relato difundido por la docente de Copiapó Paulina Cuadra Varela.

Como ha sido posible evidenciar en videos difundidos tanto por estudiantes secundarios como por profesores, la violencia de los funcionarios de Carabineros que han enfrentado las manifestaciones por la defensa de la educación pública está descontrolada.

Así quedó ahora de manifiesto en lo relatado por la profesora de la Escuela San Pedro de Copiapó, Paulina Cuadra Varela, quien a través de su cuenta de Facebook narró una brutal experiencia vivida por ella y una colega tras ser detenidas el pasado miércoles 19 de junio en el marco de una manifestación pacífica en el exterior del casino Antay en la Región de Atacama.

“Queríamos demostrar nuestro descontento con la nula respuesta por parte del Gobierno hacia nuestro petitorio docente. Cantábamos las canciones que habíamos practicado, con cacerolas en las manos, y fuimos reprimidos con una desproporcionada fuerza policial, quienes en un descriterio total arremetieron contra nosotros con su carro lanza agua”, comienza señalando la docente.

Cuadra continúa narrando que en ese momento es detenida. “Me llevaron al carro casi en el aire, y recordé cómo en tantos videos golpean a la gente al subir, por lo que les dije que me subiría sola. Al entrar a la patrulla, vi cómo a una colega la apretaban entre dos con una puerta, obligándola a entrar a la segunda división del carro. Ella se quejaba de dolor pero a ellos parecía no importarles”, recuerda.

Paulina nunca antes había sido detenida, por lo que esta situación era completamente desconocida para ella. La colega con la que fue detenida, María José Cailly, le contó que la habían arrastrado por el piso. “Tenía su pantalón con barro, le dolía todo el cuerpo, me dijo que sentía que le habían quebrado el dedo y que le costaba respirar”, rememora sobre ese momento.

Junto a su compañera de profesión fueron llevadas a la Segunda Comisaría de Copiapó. Cuando llegaron dice que las interrogaron y les avisaron que serían revisadas. “Llamaron a una ‘señorita’, que la verdad no recuerdo su apellido, que nos dijo: ‘Hagámosla cortita’… Se puso unos guantes quirúrgicos y me dijo: ‘¡Tú primero! Entra ahí (señalando una pequeña celda) y sácate toda la ropa’. Yo la miré espantada, no creí justo que me trataran así, caminé hacia la celda y me saqué mi abrigo que estaba mojado”, detalla. La docente señala que en ese momento se dio cuenta que en el techo había una cámara de grabación, por lo que se negó a desnudarse en ese espacio. “Hace mucho tiempo que la institución dejó de ser confiable para mí. ¿Quién sabe dónde terminaría mi video desnuda?”, pensó.

Entonces la cambiaron de celda y comenzó la segunda parte del martirio. “La carabinera se arreglaba el guante y me decía que me desnudara, que si no lo hacía ahí, en el hospital sería peor. Yo me desesperé y comencé a llorar, no podía creer que me denostaran a ese nivel. Entré en pánico, lloraba sin consuelo, y en eso entró a la celda mi colega y le dice: ‘Ya, déjela tranquila, es una niña. ¿Que no ve que está mal?'”, relata Paulina.

Sin embargo, de acuerdo a la denuncia de la profesora, la carabinera insistió en que ese era el procedimiento y que las dos debían quitarse la ropa. “Yo estaba llorando, sin entender aún por qué nos trataban así; le decíamos que éramos profesoras, que no teníamos nada. Mi colega accede y se sube el sostén para que la carabinera dejara de hostigarme. Eso me dio una pizca de valor y me bajé las calzas hasta la rodilla, mientras la carabinera decía: ‘Ya, si lo tienen que hacer las dos. ¡Bájense los calzones!’ Yo seguía llorando y me subí las calzas, pero seguía escuchando ‘¡bájense los calzones!’ Mi compañera en un nuevo acto de solidaridad hacia mi estado, accede. Salimos de ahí y nos abrazamos, sentí su protección. Yo de verdad estaba mal, me sentí tan humillada”, continúa narrando Paulina Cuadra.

Tras eso añade que los carabineros quisieron llevarlas esposadas a constatar lesiones a un centro asistencial, a lo que la docente se opuso nuevamente, señalándoles a los policías que iría pero con las manos libres. “La verdad es que yo no tenía golpes o marcas de agresión como mi compañera, pero reconozco que no informé de las agresiones psicológicas que sufrimos”, reflexiona hoy la profesora de Copiapó, y agrega: “Una vez en libertad, quise salir lo más rápido posible de ese lugar, no di declaraciones y solo atiné a abrazar lo más fuerte que pude a mi madre, a mi abuela, a mis tías, a mis primas y a mis colegas y amigas”.

La docente Paulina Cuadra Varela concluye su relato apuntando que decidió escribirlo y difundirlo luego de que viera “atropellados mis derechos como ciudadana, humillada, denostada” y con el objetivo de que “ningún otro colega pase por este trato tan indigno”.

ClariNet