CARABINEROS

El caso de la
policía británica.

Por Heraldo Povea P.*

El incidente del Aeropuerto de Santiago en el que un carabinero dispara al cuerpo de un chofer de Uber quien trataba de escapar del control policial, debe hacernos pensar en el futuro de nuestra patria y nuestra convivencia, en lugar de aceptar irreflexivamente un obvio caso de exceso de fuerza policial.

La reacción del Presidente Piñera fue la imagen típica de una persona en el que la rigidez de juicio lo llevó a mostrar un rostro irascible e intolerante.

El problema es que el apoyo presidencial a Carabineros de Chile entrega un mensaje a la sociedad chilena especificando que la población debe controlarse con la fuerza.

Cuando el Presidente dice, “ya es tiempo que la autoridad se respete” está diciendo que ya basta de usar cualquier otro medio para hacerse respetar y que lo definitivo es usar la fuerza y la brutalidad.

O sea, Carabineros se transforma entonces en un guardián, en un custodio de la autoridad, o del Estado, y si ello se personalizara algún día, sería una fuerza represiva para defender al caudillo de turno.

Es interesante que la policía de uno de los países más antiguos y estables de la historia como el Reino Unido, ha adaptado una filosofía muy distinta a la de Chile desde su creación formal, siendo incuestionable la calidad de su quehacer policíaco.

La policía actual en el Reino Unido nace formalmente a comienzos del siglo 19 fundada en nueve principios, todos ellos centrados en un acuerdo con la población.

En esos principios se habla de que la población, el pueblo, consiente, acepta, que una parte de ellos mismos asuma la tarea de mantener un orden en la sociedad, pero ello sobre el entendimiento que la policía es el pueblo con uniforme (Principio 2).

La policía nace para prevenir el crimen y no para reprimir (Principio 1) y en su actuar debe demostrar y buscar siempre el respeto, interés y deseo de la población para cooperar con su accionar (Principio 3) siendo esto la garantía de poder realizar su labor (Principio 4).

En su actuar, la policía debe demostrar su permanente imparcialidad y una relación decorosa, amigable y respetuosa con el público, sea cual sea la situación en particular. (Principio 5).

El uso de la fuerza es siempre el ultimo resorte para cumplir su labor policial y esta siempre debe ser la mínima necesaria para obtener su objetivo (Principio 6). Se impulsa la mantención permanente de una relación con el público que expresa la idea central de su existencia, en el sentido que la policía es el pueblo y el pueblo es la policía (Principio 7).

Esto significa, evidentemente, la abstención por parte de la policía de actuar con prejuicios y puntos de vista más allá de lo establecido por el público y los poderes del Estado (Principio 8). Por último, considerar siempre que el test de su buena función es la ausencia del delito y no la presencia visible de la acción policíaca en el combate contra ello (Principio 9).

La acción policíaca es entonces respaldada por la población, no por miedo, sino como consecuencia de una cooperación permanente y de aceptación por el publico de que una parte de el debe tomar ese rol en la sociedad.

En nuestra patria la situación está lejos de ello. Carabineros se desligó de su pueblo al convertirse en una mano siniestra de la dictadura.

Con el correr de los años en dictadura y con la Concertación, Carabineros asumió cada vez más un rol fundamentalmente represivo alejándose del contacto con el público y convirtiéndose en una policía represiva.

El resultado actual de tal evolución es una situación de enajenación total de Carabineros con su pueblo. Las denuncias y demostraciones visuales de brutalidad policial son diarias, el involucramiento de mucho de su personal en delitos ya no es extraño y ello ha ido acompañada de la consecuencia natural de una institución en tal decadencia: el robo, desfalco y corrupción sistemática de sus altos mandos.

Ello ha derivado en una lejanía comunicacional que se ha convertido en una desconfianza mutua entre los policías y el público. Las imágenes en el inconsciente popular son de un irracional abuso del poder.

Los gobiernos, por otro lado, han ido confiriendo crecientemente, además de amplios recursos, de una serie de privilegios a Carabineros, que aumentan aún más su lejanía con el público. Y esto ha sucedido porque la dictadura y los gobiernos siguientes han implementado políticas ajenas al interés de la ciudadanía y serviles a los poderes empresariales que el modelo neoliberal de desarrollo ha establecido.

La reciente creación de una fuerza policial entrenada en Colombia para la represión rural certifica ante la nación, que Carabineros puede llegar a confrontaciones militares con el fin de asentar su carácter represivo. La resistencia mapuche a la devastación forestal causada por el gran empresariado, es por supuesto el objetivo. Piñera con esta acción simplemente se prepara a una guerra interna de consecuencias imprevisibles.

Es probable que el tiempo de revertir la identidad de Carabineros hacia lo que dice su hermoso himno, ya ha pasado y es probable que la única forma de volver a sus orígenes sea el reemplazo por un nuevo organismo, no militarizado, que emerja de un acuerdo nacional y que este dotado de hombres y mujeres que se sientan parte del pueblo de Chile y que reconozcan en él, su razón de ser.

Ello necesitara evidentemente de un cambio cultural en la formación de nuevas generaciones de Carabineros, educados rigurosamente a través de programas de formación en los que la lógica de la fuerza y de las armas, sea reemplazada por la lógica de las humanidades y del buen vivir.

*Medico Cirujano de la Universidad de Chile. Master en Ciencias de la Universidad de Londres, Master en Medicina de la Universidad de Sidney y Doctor en Ciencias de la Universidad de Newcastle, Australia. Postdoctoral Fellow Universidad de Illinois en Chicago. Profesor Asociado de Medicina (Inmunologia y Salud Sexual).

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