PRESA-EENVENENADA8

El lamentable espectáculo
de colegas vendidos
y excecrables.

Noticias falsas y Ética Periodística

Por Patricio Martínez Torres

Periodista y Director de Página 19.

Primero fue el denominado caso “Huracán”; luego sobrevino el reportaje de Canal 13 sobre las alumnas del Liceo 1 de Santiago donde se las acusaba de ser parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez; y ahora último, el asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca.

Todos esos sucesos han tenido serias implicancias sobre el ejercicio del periodismo, la línea editorial de los medios tradicionales que han terminado siendo meras cajas de resonancia del comunicado oficial y de la vocería del Gobierno de turno, púes todo lo anterior conlleva también a una dimensión política y comunicacional que no se cuestiona para nada.

Así, el rol del o la periodista está hoy más cuestionado que nunca. La falta de credibilidad por los hechos expuestos al comienzo de esta editorial, el chequeo de las fuentes, la ausencia evidente de otras voces que complemente una noticia seria y responsable se hace cada vez más evidente.

Por ello, resulta gravitante que las casas periodísticas cuenten con un código de ética que regule su accionar. Y que si lo tienen, que no quede en letra muerta. Existe la sensación que los colegas y editores no los conocen  y menos lo aplican para verter sus contenidos. A lo anterior se une, y no menos importante, es que esos medios de comunicación, en su mayoría, poseen una misma línea editorial, cuya concentración mediática, en el Chile del Siglo XXI, es la más alta del continente. La falta de pluralismo informativo y la escasez de diversidad editorial, es hoy caldo de cultivo para difundir noticias falsas y, también, tergiversadas.

Entonces, la pregunta de fondo es ¿se puede hacer algo?

Claro que sí y en varias cuestiones.  Primero,  sobre el buen ejercicio del periodismo se puede hacer mucho y parte desde la formación académica que recibimos los periodistas en la universidad.   Hoy es más necesario que nunca que los estudiantes de periodismo cuenten con una cátedra de ética periodística.

Que los medios de comunicación, tradicionales o alternativos, posean una carta que rija su accionar al momento de reportear una noticia, pero que también cumplan sus preceptos a cabalidad. Que cuestionen, con sus preguntas, al poder político para no quedarse con la mera declaración de un alto funcionario de Gobierno o de un partido político en particular.

Y lo que es peor, en el caso del comunero mapuche Camilo Catrillanca, las mentiras que las actuales autoridades han proferido no tienen paragón alguno desde el retorno de la democracia. Solo un ejemplo: el Intendente de la Región de la Araucanía declaró que Catrillanca contaba con antecedentes penales, lo que no resultó cierto. Si no fuera por las redes sociales, lo más probable es que esa “fake news” hubiera pasado inadvertida.

A lo anterior se suma el rol que cumple la clase política chilena. Desde el año 2009 descansa en el Congreso Nacional el proyecto de ley sobre Colegios Profesionales, que regula en gran parte el control ético de todas las profesiones.  Ha sido un proceso largo y tortuoso, pero sobre todo con tintes sadomasoquistas.

Cuando esta misma clase política cuestiona el ejercicio del periodismo y la falta a la ética, poco o nada han hecho al respecto, teniendo en sus manos el poder para hacerlo.

A una parte de esta clase política, le resulta indiferente si existe o no diversidad editorial. Es más: se sienten muy cómodos escribiendo columnas en esos mismos medios o que les realicen una entrevista exclusiva. Es decir, cada cierto tiempo se quejan de lo mismo, pero conviven con ellos gratamente.

El proyecto de ley sobre Colegios Profesionales tuvo un pequeño avance en la segunda administración de Michelle Bachelet. El año 2017, la Comisión de Legislación y Justicia votó por 7 votos contra 0 aprobar dicho cuerpo legal en su primer trámite legislativo. No pasó a sala de la Cámara de Diputados pues el Ministro Secretario General de Gobierno, Nicolás Eyzaguirre, le quitó la suma urgencia. Y lo menos esperable, es que Sebastián Piñera quiera impulsarlo, porque dicho proyecto de ley devuelve el rol que tenían los colegios profesionales, antes de 1981, cuando la dictadura los convirtió en meras asociaciones gremiales.

Así las cosas, estamos siendo testigos de una crisis del sistema medial nunca visto desde que se recuperó la democracia en Chile.

Periodismo y el Wallmapu, o las trampas

de creer en las fuentes oficiales

Por Joaquín Hernández

“Si no estáis prevenidos ante los medios de comunicación, os harán amar al opresor y odiar al oprimido” (Malcom X)

“La Araucanía: hombre muere tras impedir ataque incendiario”. Así titulaba el portal de Tele 13 -propiedad de Luksic-, de un modo similar que Cooperativa con “Hombre murió durante ataque a iglesia evangélica en Carahue”. También La Cuarta (“Ataque incendiario terminó con un muerto” y Emol (“Nueva muerte en La Araucanía: Fallece comunero en presunto ataque incendiario a iglesia”).

Todas estas noticias, publicadas a horas de la mañana de este martes 20 de noviembre, citaron como fuente principal (y como única fuente primaria) el parte de Carabineros. Y todos estos medios, sin conflicto alguno, decidieron publicar esta versión de la noticia sólo contando con la versión policial.

Resulta que esta versión era completamente distorsionada de la realidad, colocando una riña entre dos personas dentro del contexto de un supuesto ataque incendiario a una iglesia evangélica, y buscando con ello, una suerte de empate que calme una opinión pública enfurecida con el actuar policial en la Araucanía.

Fue tal el desmentido, al conocerse las versiones de los familiares de los implicados en en los hechos, que el mismo subsecretario Ubilla tuvo que salir a explicar -y corregir a Carabineros una vez más- que el hecho se había tratado simplemente de una riña.

Pero lo que es más grave, es que esto ocurre en una semana en donde la misma institución de Carabineros, ha debido corregir su versión de los hechos en repetidas oportunidades respecto al asesinato de Camilo Catrillanca en la Comunidad de Autónoma Temucuicui, siendo originalmente la versión desde la institución que Catrillanca había fallecido producto de un enfrentamiento con la policía luego del robo de tres vehículos en el sector.

Esta versión primera, fue también reproducida y no cuestionada por una cantidad no menor de periodistas y medios hegemónicos, los cuales durante días han dicho hasta el cansancio la palabra “muerto” en vez de “asesinado”, como si dos balas en la cabeza fuese algo espontáneo, carente de responsabilidades políticas y penales.

Los medios, y muchos periodistas, han creído, creen, y seguirán creyendo en la falacia de las “fuentes oficiales”, superiores al parecer a otro testimonio, de un comunero, o un testigo presencial.

El periodismo, tristemente, en la mayoría de los casos termina sucumbiendo a la versión de las autoridades policiales, incluso a pesar de las tantas veces que han falseado los relatos en el Wallmapu.

La cuenta de dichos falseamientos sería casi interminable, y hay varios que se han dado ese esfuerzo, enumerando falsos enfrentamientos que resultaron ser asesinatos arteros y por la espalda a comuneros mapuches, o complejos montajes, como lo fue la Operación Huracán el 2017 con el supuesto software “Antorcha”.

Con todo esto sobre la mesa, me permito hacer una comparación: ¿Cuán confiable era la versión de las autoridades francesas en el Argelia de 1959? ¿Cuán confiable era la versión de las autoridades portuguesas en Angola en 1964? ¿Se tratan de la “versión oficial”, una narrativa objetiva de los hechos, o la versión de la fuerza ocupante, colonialista, que es capaz de argumentar cualquier cosa con tal de mantener su posición y legitimar la ocupación?

Lo mismo pasa en el Wallmapu, puesto que si bien un periodista jamás debería contentarse con la versión oficial (institucional) de los hechos, menos debe hacerlo en una zona o contexto en que dicha “oficialidad” opera como fuerza ocupante. En ese caso, cualquier periodista, cualquier medio que se aprecie de serio, debería dudar, contrastar, comprobar y buscar desmentir la versión de las fuerzas policiales.

Uno espera, eso sí, que sólo se trate de falta de profesionalismo por parte de todos los periodistas que han incurrido en solo transcribir el parecer y la versión de Carabineros, y que no se trate de una actitud colaboracionista, cómplice, de un actuar represivo, opresivo e incluso criminal de una fuerza policial militarizada en un territorio de ocupación, en contra de un pueblo, el mapuche, que lucha por autonomía, autodeterminación, territorio y dignidad. Esperemos, sinceramente, que sea sólo falta de profesionalismo.

Los periodistas frente al caso Catrillanca

El Colegio profesional y el Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile lamentaron la manipulación y ocultamiento de información por parte de las autoridades.

Santiago. 20/11/018. Mediante declaraciones públicas el Colegio de Periodistas y el Programa Libertad de Expresión del Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile abordaron el ocultamiento de información por parte del Gobierno y de Carabineros respecto al asesinato del comunero mapuche Camilo Catrillanca.

Cabe recordar que las primeras versiones que circularon en diversos medios de comunicación señalaron a Camilo Catrillanca como uno de los “delincuentes” que habría participado del robo de tres vehículos a un grupo de profesoras de Ercilla, por lo cual el Comando Jungla habría iniciado el operativo policial.

La Orden profesional apuntó que “denunciamos ante la opinión pública la grave manipulación y ocultamiento de información por parte de las autoridades de Gobierno y de Carabineros, sobre la gravedad de los hechos ocurridos en la localidad de Ercilla, Región de La Araucanía y que costó la vida del comunero mapuche Camilo Catrillanca”.

“Exigimos el esclarecimiento total de los hechos, ya que el periodismo debe entregar a la ciudadanía información veraz y oportuna sobre estos graves acontecimientos que han generado conmoción internacional”, agregó.

Asimismo, el Programa Libertad de Expresión expresó “absoluto rechazo ante el ocultamiento de información de interés público por parte de Carabineros, que no hace más que entorpecer el desarrollo de juicios justos y obstaculizar el derecho de la ciudadanía a estar informada sobre los detalles del asesinato del joven comunero”.

En ese marco, tanto el gremio como el Instituto de la Universidad de Chile recordaron el episodio del montaje de la Operación Huracán que solo sirvió para aumentar la desconfianza hacia las instituciones y hacia los medios de comunicación.

“Denunciamos en su oportunidad el montaje de la Operación Huracán, considerando que era imperioso despejar todas aquellas cortapisas que interfieran, distorsionen y limiten el ejercicio periodístico. Al hablar de cortapisas, nos referimos a la maliciosa práctica del montaje informativo, que hoy ha llegado a límites inaceptables, toda vez que lo que se requiere esclarecer son los hechos que llevaron a la muerte a una persona”, dijo el texto del Colegio de Periodistas.

Y el Programa de la Casa de Bello indicó que “existe una enorme desconfianza sobre la policía nacional tras diversos episodios previos, como la denominada Operación Huracán” y añadió que “expresamos nuestra más alta preocupación por lo que entendemos como una amenaza constante al derecho a la libertad de expresión –y a la democracia-, de quienes habitan el territorio mapuche debido a la extrema militarización y la falta de garantía para el ejercicio de los derechos humanos más elementales en la zona”.

En esa línea, el Instituto de la Comunicación e Imagen de la Universidad de Chile llamó a “los diversos medios de comunicación a procurar una cobertura mediática responsable, el desarrollo de un ejercicio periodístico ético y coherente con un enfoque de derechos humanos, capaz de asumir la alta responsabilidad social que le compete”.

En tanto, desde la Orden de los reporteros el comunicado sostuvo que “convocamos a las organizaciones sociales, a periodistas y comunicadores/as, a trabajadores y trabajadoras de los medios y a quienes se desempeñan en los diversos ámbitos de las comunicaciones, a ponernos de pie para impedir y evitar que continúen estas prácticas de tergiversación de la información y manipulación de los acontecimientos, como lo sufrimos durante la dictadura cívico-militar”.

“Nos asiste la convicción que sólo el ejercicio de un periodismo ético y responsable nos conducirá a una sociedad libre de odiosidades y suspicacias. Instamos a nuestros colegas de los medios de comunicación, principalmente a la televisión, a no caer en un socavón de mentiras, utilizadas a conveniencia.

Está en juego nuestra credibilidad y la confianza que debemos alcanzar ante la ciudadanía”, añadió el gremio.

ClariNet