MORBO

Un componente importante
en el deterioro de las
relaciones humanas, y que
se vio quizás por primera vez
en las redes sociales, es el
afán de satisfacer nuestra
morbosidad, definida por el
diccionario como el interés
por las cosas desagradables
al punto que se la puede
considerar como
una enfermedad.

Por Andrés Rojo

Es fácil culpar a los medios de prensa de esta especie de libertinaje que se le ha dado al morbo, pero hay que considerar que, más allá de cualquier teoría conspiracionista, la prensa entrega contenidos morbosos más abundantes en forma que en fondo porque el público lo acepta e incluso lo demanda casi como si fuera parte del desayuno.

El problema surge cuando es el morbo el que determina nuestras relaciones en otros planos y ya se le comienza a percibir, por ejemplo, en la política, en donde parece ser más importante asistir al enfrentamiento de dirigentes adversos que buscar el entendimiento por los caminos del diálogo.   Los acuerdos no “venden” en términos mediáticos como lo hace el insulto y la agresión.

Es de esta forma que podemos ver que los políticos más visibles son los que alimentan el morbo, los que dejan a la asistencia esperando la respuesta de la contraparte y después la réplica del primero, como si la política fuera un eterno dime y direte que no avanza en ninguna dirección.

Se pueden encontrar ejemplos en otras actividades, como el deporte por ejemplo, o la religión.  

Todos los temas que habitualmente se prestan para el debate de ideas se han ido transformando en un espectáculo en el que obtiene más ganancias el que da los golpes más bajos, el que incumple su palabra, y así no progresan las sociedades.  

El que da una buena idea queda relegado a un párrafo al final de la hoja del periódico, con suerte, y rara vez es mencionado por la televisión, que es el medio que opera con más preferencia en base a las emociones.

¿Por qué el morbo? 

Porque somos una sociedad enferma, porque no hemos aprendido a tratarnos unos a otros con deferencia y respeto, y porque nutre mejor nuestros instintos animales, porque es más sencillo actuar de acuerdo a nuestros instintos que sobre la base de nuestra inteligencia y empatía.

Cada vez que se cuestiona un aspecto de nuestra vida social se suele hablar de un síntoma del morbo que sentimos, y esa morbosidad es, en esencia, nuestra decisión de retroceder en el camino de la elevación moral de las personas.  

Lamentablemente, es muy difícil erradicar ese instinto por los bajos apetitos, la burla de la desgracia ajena, el quedarse observando, como lo hizo la televisión por largos días, la manera en que una mujer confabulada con su amante mató y destrozó el cuerpo de su marido.   El cambio, como todas las cosas, se inicia por nosotros mismos.

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