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JARDIN-OBISPO

Muy suelto de cuerpo, el bien
alimentado obispo de Talca, don
Horacio Valenzuela, declaró hace
poco: “La imagen del Señor es lo
más sagrado y venerado que
tenemos. Es mucho más
importante que la libertad
de expresión”.

Por Juan del Garrote

Ignorancia, oscurantismo, dogmatismo ¿qué más? Lo más probable es que sea una mezcla de todo eso, en un país que tiene un periodismo obtuso y ramplón, donde todo se repite como loros y nada que respete el orden establecido se impugna.

Solo, de vez en cuando, algún reportero arribista, suelta insolencias mandado expresamente por algunos de sus jefecillos. Don Horacio sigue enfurecido dado que durante una marcha convocada por la Confech, los encapuchados de siempre sustrajeron diversas especies desde la iglesia de la Gratitud Nacional, entre ellas, un Cristo, el cual fue recuperado por Carabineros totalmente destruido.

En  Talca, el obispo Valenzuela, se sumó a las condenas tajantes contra los anarcos, acusando falta de valores en algunas familias de la sociedad chilena.

“En todas las misas se hizo un acto de reparación por el hecho. Lo que uno ve en esto es que el mal de fondo está en la familia porque las personas que hicieron eso no fueron educadas por nadie“, sostuvo. “Seguramente en la casa, nadie rezó con ellos, nadie les dijo que había que respetar la fe de otras personas, que hay que respetar los signos sagrados, que aunque uno no esté de acuerdo hay que respetar. El mal está en la educación de los hogares, son personas que no han recibido valores profundos”, fulminó.

Por supuesto que el prelado ni se acordó cuando la jerarquía se mete donde nadie la llama ni las veces en que ha atentado contra la ciencia en nombre de la fe.  

Sostuvo algo razonable: “Sin valores profundos, nos destruimos unos a otros.

Esto requeriría que todos los actores de todos los sectores, se sienten a pensar bien esto que está pasando porque en el fondo se trata de cómo hacer el país”, razonó antes de subirse por el chorro: “Por ejemplo, cómo se puede hacer familia si tengo una casa pequeña, donde no caben los hijos, entonces tengo un hijo, porque dos sale muy caro, no se pueden educar, y la mamá y el papá salen a trabajar, entonces al hijo no lo cuida nadie y no se educan. Entonces, hay que hacer una reformulación de la manera de cómo estamos haciendo la sociedad, ¿para qué?, para que podamos formar una familia con valores”.

Claro que habría que empezar distinguiendo el dogma del conocimiento y entender, entender que sin dudas y preguntas no se piensa, solo se obedece.

Lanzado, monseñor afirmó que “si en la sociedad que estamos formando no es posible una familia, es una sociedad que está condenada y no tiene futuro.  Entonces hay que reformular los horarios de trabajo, las viviendas, los salarios, la seguridad, la educación, todo tenemos que mirarlo de modo que sea funcional a la familia”.

Tras eso, se lanzó en picada: “No cabe duda que la libertad de expresión, es algo fundamental, pero antes que esa libertad, está la libertad religiosa, donde tengo libertad para creer porque es el nivel más profundo del alma humana. Si no tengo esa libertad, soy cautivo y esa es una persona que tiene que violentarse, de cualquier modo quiere expresar su sentido de trascendencia”, fustigó.

 A este caballero, en su indignación se le olvidó la Santa Inquisición, los escándalos del Banco del Vaticano, el asesinato de Juan Pablo I y tantas cosas más.

Las monsergas de esta clase, deberían quedar limitadas a lo más ocuro de las sacristías, ¿o no, pedófilos?

ClariNet