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JARDIN-TV

Nadie, en este largo y angosto
país, puede presumir con la
supuesta responsabilidad de
algunos de los opinantes que
proliferan en nuestros
medios audiovisuales.

Por Juan del Garrote

Algunos no pasan de ser unos simples atorrantes burdos, groseros y lamentables y otros, pese a ser profesionales titulados, carecen de la prudencia y la serenidad necesarias para hablar en un medio tan exigente como una emisora de radio o un canal de TV.

Y esto va especialmente para aquellos médicos que entrevistados ocasionalmente, dan rienda suelta a sus temores, reales o fingidos, vertidos en forma liviana y sin tomar en cuenta que dirigidos a un público no especializado y que oye de pasada lo que se dice, lo que se presta para interpretaciones incorrectas y no pocas veces aterrorizadoras.

Es cosa de recordar a doña María Luisa Cordero, una señora voluminosa y lanzada en extremo, compañera de micrófono de picantes damas pinochetistas  como Raquel Argandoña y Patricia Maldonado, luciéndose en un espectáculo de variedades y absurdos.

Siquiatra de la Universidad Católica (allí donde omiten temas como el aborto porque están en contra de los dogmas de la fe), profesionalmente nunca ocupó ningún cargo de relevancia salvo jefa de un servicio de encefalogramas en una clínica privada.

Nadie olvidará que la doctora Cordero el 11 de agosto de 2003 junto a otros dos siquiatras, fue acusada de dar -billetitos de por medio-, licencias médicas fraudulentas y se le acusó en la justicia de fraude al fisco y abuso previsional.

Para mayor abundamiento, el Colegio Médico de Chile la expulsó el 11 de junio de 2004. Ella que lucía impúdicamente sus nulos encantos ante las cámaras, alguna vez llamó “indio horroroso” a Alexis Sánchez, un hombre modesto que no se mete con nadie pese a sus millones, en lo que algún colega de la mujercita podría definir como “un ataque de envidia patológico”.

Bueno, los desbordes de la doctora Cordero vienen a la memoria a raíz de lo que sucedió el pasado 19, cuando esta capital con más de cinco millones de habitantes, vivió una emergencia ambiental a raíz del incendio declarado en la noche del lunes de esa semana en el relleno sanitario de Santa Marta, en las cercanías de Talagante. A raíz de lo que sucedía, proliferaron los facultativos que dijeron de todo, sembrando un pánico absolutamente inadecuado por el momento.

Es indudable que a las autoridades se les pasó la mano al tratar de convencer a la gente de que “aquí no pasa nada”, pero no da pie para que profesionales sin mayor relieve, digan cualquier cosa sin tener ningún antecedente científico a mano, ni siquiera haber conversado con los vecinos más afectados.

Es un extensión evidente de la comercialización de la salud, donde profesionales con una ética vacilante, tratan de convencer a sus pacientes que necesitan operaciones urgentes, motivados más que nada por el afán de cobrar grandes sumas.

Lo sucedido no es para minimizarlo, pero tampoco ningún opinante puede decir lo que le sale del alma sin un menor atisbo de seriedad. 

En todo caso, es evidente que la clausura definitiva de  este acopio de basura es una necesidad urgente, pues las fallas del vertedero que desataron las llamas, quedaron al descubierto y parecen no tener remedio y ante eso, mejor prevenir que curar.

El ministro de Medio Ambiente, Pablo Badenier, tiene que ponerse las pilas, porque además estamos frente a una empresa hipócrita y mal intencionada.

Cuando los afectados exigieron una reparación, el Consorcio Santa Marta salió con el cuento de que se verá “caso a caso”, una excelente excusa para dejar que pase el tiempo y no meterse la mano al bolsillo.

En este tipo de negocio, dado que se juega con la salud de miles de personas se necesita de empresas muy serias y que respondan por lo que hacen o dejan de hacer. Aquí no se puede andar con medias tintas.

Badenier mismo reconoció que este tipo de incendios "no se apaga con agua.

Por disposición química es un incendio al que hay que cubrir para que pueda extinguirse” y se necesita de espumas especiales para controlar el fuego.

Santa Marta debe ser cerrado para siempre y reemplazado por otra instalación mejor proyectada, ejecutada y gestionada.

ClariNet