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FRAUDE-AFP8

Cinco cosas que debe
saber del sistema de
AFP antes de opinar.

El gobierno presentó un nuevo proyecto de reforma al sistema de pensiones chileno y contertulios de todo el espectro político entran al debate ofreciendo información que, de tanto repetirla, parece cierta. Por ejemplo, aquello de que las pensiones son bajas porque los sueldos son malos, porque los cotizantes cotizan poco y mal y porque viviremos para siempre. Aquí hay un par de cosas que le conviene saber, antes de creer todo lo que escucha. 

Lo primero que tiene que saber es que no necesita ser economista, ni tampoco hombre para hincarle el diente al tema. No se amilane cuando los tuiteros le tiren encima sus títulos de administradores de finanzas. Hay datos importantísimos que cualquiera con un mínimo de sentido común puede comprender. Aquí le dejo cinco:

Primero

El asunto de que los chilenos queremos tener una buena pensión con sólo un 10 por ciento de cotización y que “antes”, el aporte previsional era el doble o mayor. Sobre este asunto debe saber que quién prometió a la Junta de Gobierno que con un 10 por ciento de las cotizaciones para el sistema de pensiones los trabajadores chilenos obtendrían jubilaciones equivalentes al 80 por ciento o aún al 100 por ciento de su último sueldo, fue el padre del sistema: José Piñera. Para que pareciera una cotización “baja”, la separó de la cotización para salud (que quedó inicialmente en 4 por ciento y luego subió a 7 por ciento). Tampoco era sólo el 10 por ciento para pensiones, porque inicialmente un 3 por ciento del sueldo iba para pagar el servicio de administración de las AFP.

Sumando los aportes de los trabajadores en salud y previsión, la cotización llegaba a un 20 por ciento. Todavía poco, pensaban algunos, porque en algunas cajas de previsión las cotizaciones llegaban a un 35 por ciento. De lo que casi nadie se dio cuenta, sin embargo, es que lo que ocurrió es que dos actores que antes participaban solidariamente del sistema (y que por eso se llamaba tripartito) salieron de la ecuación: los empleadores y el Estado. De hecho, el argumento de Piñera fue que al traspasar la responsabilidad de trabajar los dineros al sector privado, mucho más eficiente y cumplidor, los trabajadores tendrían un sueldo líquido más alto, que a la hora de jubilar recibirían mejor pensión, y que el Estado no gastaría un peso en pagar las pensiones.  

Casi cuarenta años después, todos los estudios serios demuestran que cada una de esas premisas resultó ser falsa: el Estado ya en 1990 contribuía el doble de lo que hacía en el antiguo sistema de reparto y, para colmo, sin recibir las contribuciones que ahora van al administrador privado.

El peso del Estado para subvencionar en la base las pensiones más bajas, de acuerdo a todas las proyecciones, solo irá aumentando con el tiempo. Las tasas de reemplazo nunca se han acercado a las promesas de José Piñera y no superan el 35 por ciento de los últimos sueldos de los trabajadores. Estos, que ya no reciben el aporte del empleador, tienen que rascarse con sus propias uñas y pagar solos previsión y salud. Y con sus impuestos, de todos modos, contribuyen a paliar las pensiones en la base, porque el Estado ha tenido que subvencionar el sistema previsional. 

Segundo

No es enteramente cierto que las pensiones sean una función de los años de cotización y la constancia en las cotizaciones. De hecho, la casuística revela que a mayor sueldo y más constancia, la pensión, proporcionalmente es peor, pues no alcanza tasas de reemplazo razonable en relación con el aporte. Los trabajadores que se han jubilado con el aporte del bono de reconocimiento (por las cotizaciones en el viejo sistema, que se entregaron a la administración de las AFP) efectivamente pueden ser interesantes, por sobre la media. Pero a medida que esas personas van egresando del sistema, quedan los afiliados que han contribuido principal o exclusivamente al sistema privado y sus tasas de reemplazo van a la baja. 

¿Por qué? Entre otras razones, porque la pensión no se calcula como se desprende de las afirmaciones de la Asociación de AFP: fondo de pensiones dividido por años que le quedan al afiliado o afiliada por vivir.

¿Ha escuchado de los algoritmos que usa Google? Si le parecen un misterio, trate de averiguar en su AFP qué elementos se usan para calcular su pensión y en qué porcentaje se pondera cada uno de ellos. Son los llamados “factores actuariales”. Significa, por ejemplo, que el fondo que usted tiene a la hora de jubilar, se va a “castigar” en algún porcentaje por la posibilidad reducida de que usted viva hasta los 120 años. Para precaver ese evento, parte del dinero quedará “reservado”. Si tiene una esposa muy joven (y que también pudiera vivir mucho), hijos que pudieran heredar su pensión (y que también pueden vivir mucho) serán ponderados para calcular su pensión, pues la idea es que lo que ha ahorrado durante su vida de trabajo alcance para todo eso y la AFP no tenga que activar los seguros que ha contratado para cubrir un cálculo que se quedó corto. En resumen, los factores actuariales, un misterio para la mayoría de la población y aún para los estudiosos del tema, aplanan las pensiones a la baja. 

Tercero

¿Ya lo convencieron de que la esperanza de vida es tan alta y aumenta a tal velocidad que el sistema previsional está condenado a la quiebra? ¿Y que si es mujer vivirá todavía muchísimo más y que lo único razonable es aumentar la edad de jubilación? Pues vaya a las cifras oficiales y averigüe a qué edad mueren realmente los trabajadores y trabajadoras chilenas. Resulta que hay entre 10 y 15 años de diferencia entre las expectativas de vida de la población de La Dehesa y la de Pudahuel.

Sí, la expectativa de vida está correlacionada con el nivel de ingresos. Según un estudio incorporado a la discusión de la Comisión Bravo y al que tuve acceso mientras investigaba para el libro “Mitos y verdades de las AFP”, la edad real de fallecimiento de jubilados del sistema de AFP, hombres y mujeres, es casi la misma y bordea los 75 años.

Es decir, a pesar de que los factores actuariales ponderan la mínima posibilidad de que los trabajadores y trabajadoras vivan hasta los 120 años, la verdad es que mueren apenas 10 o 15 años después de jubilarse. 

¿De dónde sale el dato entonces de que los ancianos mueren a los 85 años y las mujeres diez años más? De la submuestra de los pensionados que efectivamente viven más, porque tienen más recursos y que por lo tanto no se jubilan por la modalidad de retiro programado (la jubilación de los pobres), sino por renta vitalicia. 


Es decir, la expectativa de vida de los cotizantes más pudientes se usa para calcular las pensiones de los trabajadores más pobres y que vivirán menos. 

Cuarto

¿Usted se siente salvado, porque tiene un buen sueldo y se jubilará en la modalidad de “renta vitalicia” (para lo cual es requisito que su fondo le alcance al menos para autofinanciar una pensión mínima)? Puede ser, porque las compañías aseguradoras le ofrecerán un monto mayor, por un período fijo de tiempo.

No obstante, considere lo siguiente: la renta vitalicia supone que usted cede la propiedad de sus fondos a la compañía. Las AFP se los traspasan completos y las aseguradoras le van dando a usted monto fijo mensual. Si usted vive más de lo que la compañía calculó, gana usted. Si vive menos, ganan ellos. Pero, por supuesto, los sofisticados factores actuariales están diseñados para que en el volumen global de clientes, siempre salga menos dinero del que entra.

Quinto

Ya habrá escuchado decir también a los voceros de la asociación de AFP que el sistema es un modelo en el mundo y que es admirado en los países desarrollados. Al respecto debe saber que no existe otro ejemplo tan extremo como el chileno. Hay países que efectivamente han invitado a José Piñera a darles consejos sobre las reformas que debieran hacer, pero la mayoría tiene sistemas públicos con cotizaciones obligatorias y los sistemas privados normalmente son “voluntarios”. Buena parte de los países desarrollados, capitalistas como el que más, tienen sistemas mixtos: una base pública, de cotizaciones obligatorias, y la posibilidad adicional y voluntaria de contratar seguros que permitan “complementar” la jubilación, a quien tiene recursos suficientes para ahorrar. 

Las AFP sostienen que no tienen responsabilidad en que el mercado del trabajo pague tan mal a los trabajadores y que, como consecuencia, las pensiones sean pobres. Que si no hubiera sido por su diligente y honesta administración, la situación sería peor. Y que de los fondos de los trabajadores, no tocan un peso. 

Pues resulta que las comisiones que los trabajadores pagan a las administradoras han sido históricamente altísimas, por encima de las que cobra cualquier administradora de capitales en un sistema libre y voluntario. Puede parecerle que una comisión del 1,4 por ciento que hoy cobran en promedio es poco, pero ese es un porcentaje del sueldo. Si lo mira en relación con el fondo administrado, la comisión alcanza dos dígitos. No son pocos los especialistas que consideran que si se descuenta el valor de la “administración” de la rentabilidad que el sistema alega haber obtenido en favor de los trabajadores, los aportes de los trabajadores (reajustados por el alza del costo de la vida) han quedado prácticamente igual.

Las AFP reciben esta comisión (que cuando comenzó el sistema podía alcanzar el 35 por ciento sobre el fondo administrado) a todo evento, ya sea que la rentabilidad de los fondos sean altas o bajas. Inicialmente (y cuando llegaron a existir casi 20 administradoras), la ley obligaba a las AFP a reponer de su propio capital pérdidas por sobre el 2% del capital administrado. Esa exigencia hizo que muchas AFP pequeñas y gremiales, quebraran.

Sin embargo, tras el retorno de la democracia, la exigencia se rebajó. Ahora las AFP son responsables con su patrimonio de “rentabilidades negativas” (como se llama en la industria a las pérdidas) si se apartan dos puntos por debajo “del promedio” de las demás. Y adivine qué: cuando los fondos registran pérdidas, casi todas pierden un porcentaje similar y desde que se aplicó esta norma, no ha sucedido nunca que una AFP tenga que recurrir a su patrimonio porque perdió dos puntos más que las otras. 

Además, según se ha descubierto recientemente, tras las reformas de 2008, que bajó de manera importante las comisiones de las AFP, se autorizó a estas entidades a subcontratar con brokers internacionales la administración de los fondos que se invierten fuera de Chile.

Pero las AFP no pagan de su patrimonio las comisiones a esos intermediarios, sino que, como les fue autorizado por ley, se cargan al fondo de pensiones de los trabajadores. Esas comisiones también se pagan a todo evento, tanto si los brokers ganan como si pierden con las inversiones que hacen con los dineros que debieran usarse para pagar las jubilaciones. Son las llamadas “comisiones fantasmas”. 

Tampoco perdieron las AFP con esta baja de las comisiones de 2008, porque antes de ese patrimonio propio tenían que contratar los seguros de sobrevivencia e invalidez. Y ahora lo cubren con un porcentaje adicional que se carga al empleador (1,5 por ciento del sueldo de sus trabajadores). Las administradoras de pensiones, que nacieron ligadas a los grandes grupos económicos chilenos, han traspasado a empresas multinacionales la propiedad de las AFP. ¿Y cuál es el rubro preponderante de esas administradoras? Las compañías de seguro. Hasta ahora, la ley no impide que las aseguradoras que pertenecen al mismo holding de las AFP se queden con el negocio de los seguros de invalidez y sobrevivencia. 

Por último, con frecuencia se recuerda que gracias a las AFP se creó en Chile un mercado de capitales y se creó trabajo, porque en 1980 no había capital suficiente para mover a una economía estancada y bajo presión internacional por las violaciones a los derechos humanos de la dictadura.

Las AFP le permitieron a los privados contar con recursos para comprar las empresas privatizadas.

Puede que sea cierto, pero se olvida mencionar el pequeño detalle de que todo eso fue posible porque se hizo la promesa de que los trabajadores recibirían en recompensa por confiar parte de su salario a estas empresas, unas jubilaciones soñadas.

Los privados se compraron las empresas privatizadas y los bancos acceden a capital de bajo interés para prestárselo a los propios trabajadores, pero ellos, los titulares de los fondos, no tienen siquiera un representante en los directorios de las administradoras. 

¿Es usted de esas personas que piensa que una periodista –y encima mujer- no sabe suficiente para meterse en estos temas?

No me crea a mí. Si los datos que aportan Luis Mesina y Manuel Riesco le parecen demasiado izquierdistas y socializantes, lea los estudios del exministro de Hacienda Alberto Arenas, del economista de la Cepal Andras Uthoff, del ex ministro de Economía José Pablo Arellano. También puede indagar lo que han dicho algunos premios nobel de Economía. Indague en los documentos públicos de la Comisión Bravo. Pero hágase un favor. No crea todo lo que dice la tele.

AFP: la mayor estafa legal de la historia

Po Julián Alcayaga

Las cotizaciones que se pagan a las AFP son de dos tipos: un 10 por ciento que va al Fondo de Pensiones de cada trabajador, y la Cotización Adicional que históricamente (1981 a 2009) fue en promedio del 3, y remunera las AFP.

La mayor parte de las críticas a las AFP se centran en el 10 por ciento que va al Fondo de Pensiones. Esos montos son invertidos en diversos instrumentos financieros, tanto en Chile como el extranjero, que han tenido una muy baja rentabilidad o incluso una rentabilidad negativa, o sea pérdidas.

Según las propias AFP, las miserables pensiones que otorga el sistema tendrían su origen en las crisis financieras internacionales que afectan a las Bolsas de Valores. Según este razonamiento, las exiguas pensiones no son responsabilidad de las AFP, sino del sistema financiero internacional.

Para mejorar la rentabilidad, estabilizar las pensiones y paliar los riesgos del mercado, las AFP crearon diversos tipos de fondos. Unos con mayor riesgo –llamados de renta variable– que podrían generar una rentabilidad mayor, pero que están sujetos a la ‘volatilidad’ de los mercados financieros. Otros fondos, llamados de renta fija y centrados más bien en las obligaciones, no quedan expuestos a un gran riesgo pero generan una rentabilidad menor.

Estas triquiñuelas no han logrado aumentar las pensiones, ni lo lograrán nunca.

La creación de diversos tipos de fondos no es sino un volador de luces para disimular la causa real de las bajas pensiones que ofrece este sistema.

Otro argumento de las AFP y sus defensores, señala que los trabajadores tienen muchas lagunas en su vida laboral y no pueden cotizar para aumentar el Fondo de Pensiones.

Las AFP son blancas palomas sin responsabilidad ninguna, puesto que el culpable de las miserables pensiones es el sistema económico chileno incapaz de generar empleos estables y bien remunerados.

Si bien es cierto que la precariedad y los bajos salarios son una realidad de nuestro país, las AFP no explican cabalmente porqué le sirven pensiones miserables incluso a los trabajadores que tuvieron estabilidad laboral y salarios relativamente decentes.

Varias decenas de miles de trabajadores, principalmente del Estado, –profesores y otros profesionales–, que percibían remuneraciones relativamente altas y que beneficiaron de estabilidad en el empleo, perciben pensiones de hambre que no alcanzan al 30% de su última remuneración mensual.

Esos miles de trabajadores jubilados en el sistema AFP, transformados en pobres a pesar de haber disfrutado de estabilidad laboral y salarios decentes, estuvieron al origen del poderoso movimiento NO+AFP.

La amplitud del movimiento obligó a los políticos y al gobierno a reaccionar, proponiendo modificaciones al sistema. Estas últimas, sin sorpresa alguna, fueron pergeñadas por las mismas AFP que le han impuesto sus “soluciones” al gobierno.

Entre ellas, la de aumentar la cotización de 10% a 15%. Para suavizar la cosa, proponen que ese 5% lo paguen los empleadores, afectando sensiblemente a las Pymes. Otra de las soluciones que proponen las AFP, es aumentar la edad de jubilación. Nada impide que trabajemos hasta los 80 años sostuvo Sergio de Castro, Ministro de Hacienda de la dictadura.

Todo análisis, crítica y/o solución, se centra únicamente en la cotización de 10% que va al Fondo de Pensiones. Sobre la Cotización Adicional del 3% que remunera las AFP por administrar la cotización de 10%, reina el silencio. Sin embargo, aritméticamente, las AFP cobran por sus servicios el 30% del dinero que mal administran.

Esto equivale a depositar $1000 en un banco, a una tasa de interés que no va más allá del 2% o el 3% anual, o sea 20 a 30 pesos al año, a cambio de lo cual tú tendrías que pagarle al banco 300 pesos por el favor. Claro, nadie está obligado a regalarle su dinero a los bancos. ¡Pero sí a las AFP!

Quieras o no quieras, estás obligado por ley. El DL 3.500 te fuerza a pagarle tres pesos a las AFP por cada 10 que pones en tu fondo de pensión. Este es el robo legal y obligatorio que maquillan en “libre mercado”.

Robo impuesto por la dictadura, que ningún gobierno dizque ‘democrático’ se ha atrevido a terminar. Entre otros, porque las transnacionales financieras no lo permiten.

Las AFP son empresas privadas que benefician del mercado cautivo que generó el DL 3.500, al obligar a todos los trabajadores a entregarle sus fondos previsionales.

Metieron todas las aves en un corral, y luego introdujeron los zorros. Eso es el sistema de AFP. Sistema con el que se acomodaron Aylwin, Frei, Lagos, Bachelet y Piñera. Y porque no decirlo, sus secuaces.

Las ganancias de las AFP no dependen de una buena o de una mala gestión, ni del mercado, ni de la competencia: simplemente, cada vez que cotizas $130 se quedan con $30. Fin del cuento. Es como ganarse el Loto todos los días.

Así fue, cada mes y cada año, desde 1981 hasta el 2009, cuando se realizaron algunas modificaciones que explicaremos más adelante. Es la más colosal estafa contra los trabajadores que conoce la historia de nuestro país. Se dice que quienes crearon este sistema eran muy inteligentes, pero Al Capone también lo era.

Nunca en la historia chilena y quizás mundial, se vio un negocio más extraordinariamente seguro para una empresa privada. Ni las peores crisis financieras mundiales han logrado afectar el lucro de las AFP, a pesar de que el valor de los Fondos que administran se redujeron a menos de la mitad.

¡Pagamos para que pierdan nuestro dinero!

La estafa fue disimulada mediante la astucia de dividir la cotización previsional en dos partes: la adicional, que remunera las AFP, y la que va al Fondo de Pensiones. Intuitivamente, los trabajadores sólo se preocupan de la evolución de este último.

En los últimos años esto ha cambiado. Todas las AFP pertenecen en parte o en su totalidad a compañías internacionales de seguros. Por eso la cotización adicional fue a su vez dividida en dos partes: una que se llama Cotización Adicional propiamente tal o Comisión de administración, y otra que se llama Seguro de Invalidez y Sobrevivencia (SYS). Ambas cotizaciones deben ser pagadas a la misma AFP en que uno está afiliado.

Existen además otros cambios, dizque para mejorar el sistema. El SYS es licitado, y todas las AFP se lo deben pagar a la compañía de seguros que ganó la licitación anual. En la actualidad el SYS representa un 1,41% del salario, lo que también es un robo comparado con lo que se paga en los países desarrollados por este tipo de seguros.

Otro cambio importante en el SYS reside en que ahora no lo pagan los trabajadores sino los empleadores.

En la cotización adicional que va directamente a las AFP, también hay cambios. Los trabajadores pueden afiliarse a la AFP que deseen, pero todos los nuevos afiliados, los que por primera vez ingresan al mercado del trabajo, se pueden afiliar durante el primer año solo a una sola AFP, la que ha ganado la licitación con la propuesta de la más baja comisión de administración.

Los 2 últimos años la licitación la ganó la AFP Planvital, que propuso una comisión de 0,47% el año 2015, y de solo 0,41% el año 2016. Nótese que esa cifra es casi un cuarto de lo que cobra la AFP Provida: un 1,54%. ¿Qué es lo que lleva a Provida a cobrar cuatro veces más?

Esta cotización adicional de 0,41% de Planvital pone en evidencia que la que han cobrado las AFP era un robo. Excluyendo el SYS, la cotización se situaba por sobre el 2%, es decir por sobre el 20% del Fondo de Pensión.

En comparación, la ex Caja EMPART, creada en 1952 por la Ley 10.475, destinaba solo 3,5% del Fondo para la administración del sistema, (entiéndase un 3,5% del Fondo, y no del salario como en el caso de las AFP) cuando todo se hacía y se calculaba en forma manual porque no existía la computación.

Esto quiere decir que la tasa de 0,41% de la AFP Planvital, aún podría bajar a 0,35% y esta AFP seguiría ganando dinero.

Que la cotización adicional de Planvital haya bajado de 0,47% el 2015 a 0,41% el 2016, significa que todas las AFP podrían cobrar una comisión no superior a 0,41%. Esto nos permite proponer una solución para aumentar las pensiones de los trabajadores.

Esta solución consiste en establecer por ley que la cotización adicional que remunera las AFP tenga un techo de 0,5%. Podrían cobrar menos si lo desean, pero en ningún caso sobrepasar el techo de 0,5%.

A los trabajadores se les seguiría descontando 11,5% en promedio, pero 11% irían al fondo de pensiones y 0,5% a las AFP. Por otra parte los empleadores seguirían pagando el 1,41% correspondiente al SYS, que iría a incrementar el fondo de pensión de los trabajadores.

Así, el fondo de pensión aumentaría de 10% a 12,41% sin aumento de cotizaciones ni para los trabajadores ni para los empleadores. Las AFP perderían 1% de sus abusivas e injustificables comisiones, en favor de los trabajadores.

¿Y el SYS? ¿Quién financiaría el SYS? Este debería quedar a cargo del Estado a través del IPS, y se financiaría con los ingresos generales del Fisco.

Las AFP no podrían alegar que con 0,5% de cotización no se financian, porque desde hace 2 años la AFP Planvital lo hace incluso con menos.

Por otra parte, existe una solución aún mejor para lograr una buena pensión: volver al sistema antiguo EMPART, CANAEMPU, etc. Quién conoce el DL 3.500 dirá que no es posible porque su art. 2 estipula que un asalariado, desde el inicio de una actividad laboral, solo se puede afiliar a una AFP y que dicha afiliación es para toda la vida.

Así es, pero se trata de una disposición abiertament6e inconstitucional, que viola el N° 16 del artículo 19 de la Constitución que establece: “Ninguna ley o disposición de autoridad pública podrá exigir la afiliación a organización o entidad alguna como requisito para desarrollar una determinada actividad o trabajo, ni la desafiliación para mantenerse en estos”.

Esto significa que ninguna ley ni autoridad pueden obligar a nadie a afiliarse a una AFP para poder ejercer una actividad o trabajo.

Si se recurre al Tribunal Constitucional, este tendría obligatoriamente que declarar la inaplicabilidad por inconstitucionalidad del art. 2 del DL 3.500, por infringir el N° 16 del art. 19 y los principios generales de la Constitución Política de la República.

Me permito pues sugerir que el Colegio de Profesores realice una demanda colectiva de todos los profesores que están cerca de jubilar, para solicitar en un tribunal la desafiliación masiva del sistema de AFP.

El Tribunal, en aplicación del art. 2 del DL 3.500, tendría que rechazar dicha desafiliación, pero antes que se dicte esa sentencia, in limine, se debe recurrir de inaplicabilidad por inconstitucionalidad de ese artículo ante el Tribunal Constitucional.

Esto lo puede hacer también cualquiera persona que recurra a un tribunal para pedir la desafiliación del sistema de AFP. ¿Para qué hacerlo complicado si podemos hacerlo de la forma más sencilla posible?

AFP: La corrupción de la elite

Sólo un sistema de seguridad social,
como existe en todos los países
decentes del mundo, puede asegurar
pensiones dignas, pero eso está lejos
de importarle a la elite chilena.

Por José Sanfuentes Palma

Su codicia no tiene límites e impondrá sus intereses sobre los de la mayoría, mientras pueda sostenerse en el engaño y en la complicidad de los parlamentarios, elite a la que corresponder sancionar estas leyes indecentes.

El gobierno ha propuesto subir los impuestos previsionales de 12,8% a un 17% del sueldo bruto para la gran mayoría de los chilenos; salvo para la elite. En efecto, a la elite: presidente, ministros y parlamentarios, altas autoridades de gobierno y de las empresas públicas y privadas y otros, sólo se le cobrará un impuesto previsional del 5%.

Como parte adicional de esta trama de corrupción, se excluye del sistema de AFP a los militares, para mantenerles comprometidos con los intereses de la elite. Es decir, los que deciden el destino del 17% del sueldo de cada trabajador, dictan leyes autoexcluyéndose de ser afectados.

Para encubrir esta corruptela, todos los medios masivos, de propiedad de la elite por supuesto, han desatado una ofensiva propagandística y orquestado la más grande campaña de mentiras que se ha conocido en Chile desde los tiempos del famoso Plan Z.

Es evidente para la elite que el impuesto previsional es un robo, se trata de expropiar dinero a los trabajadores para traspasarlo a los especuladores rentistas, y por eso la elite no está dispuesta a entregar más de un 5% de su sueldo.

Por el contrario, a mayor impudicia, la elite inventó una estratagema para beneficiarse más directamente con este enjambre previsional: el mentado APV. Este sistema le permite ahorrar en una entidad financiera con la garantía que, sobre esos montos, tiene completa disponibilidad inmediata y además ¡los puede rebajar de sus impuestos! Aunque usted no lo crea, así de faltos de pudor son los que manejan el poder en este país plagado de indecencias y abusos.

La elite está plenamente consciente que el impuesto previsional, sea del 12,8% actual o del 17% como se propone en la nueva ley obligatoria, no significará jamás la posibilidad que quienes jubilen por AFP tengan una buena pensión, acorde al esfuerzo entregado toda una vida.

Sólo un sistema de seguridad social, como existe en todos los países decentes del mundo, puede asegurar pensiones dignas, pero eso está lejos de importarle a la elite chilena. Su codicia no tiene límites e impondrá sus intereses sobre los de la mayoría, mientras pueda sostenerse en el engaño y en la complicidad de los parlamentarios, elite a la que corresponder sancionar estas leyes indecentes.

Demás está insistir en la verdadera naturaleza corrupta del sistema AFP, las mentiras que destila la elite en los medios ya dan vergüenza ajena. Por supuesto no aceptan en la mesa del debate a nadie que desenmascare su fraude.

Mientras tanto, y por los próximos 100 años, la ley les garantizará que de todo el ahorro previsional de los chilenos, un tercio irá a pagar pensiones miserables, otro tercio se los llevan como ganancias los dueños de las AFP y otro tercio se esfumará en la maraña de los especuladores financieros, es decir, dos tercios del impuesto previsional obligatorio nunca volverán como beneficio a quienes les fue arrebatado mediante el engaño y la fuerza.

Si de verdad fuéramos dueños de este impuesto previsional forzoso (capciosamente llamado ahorro individual) y pudiéramos disponer libremente de él, yo no dudaría en sacar de la AFP mis 100 millones, comprarme un departamento, sacar una renta mensual de 400.000 pesos, además de dejarlo como herencia.

La ley impuesta por la elite me lo prohíbe. Compare: la AFP me propuso 320.000 pesos mensuales por 20 años y la cuenta queda en cero.

El sistema AFP es la expresión sublime de la corrupción de la elite chilena, de otra manera no se explica que se nieguen a involucrar a la gente en la toma de decisiones sobre el destino de sus dineros y de su vejez.

En vez de decidir sobre las AFP y el aumento de las cotizaciones a puertas cerradas en los cenáculos de la elite ¿Por qué no se atreven a realizar un plebiscito al respecto? La disyuntiva podría ser muy simple:

¿Quiere seguir con el sistema de las AFPS o quiere tener un sistema de seguridad social como el de las fuerzas armadas?

ClariNet