DOSSIER-PENSIONES8

Manuel Riesco, Mario Waissbluth,
Ricardo Hormazábal, Pablo Torche,
Andras Uthoff, Alejandro Navarro,
Ricardo Candia, Marcela Castro,
Daniel García y Joseph Stiglitz.

En respuesta a Piñera: las propuestas

de Manuel Riesco para subir las pensiones

 

Días atrás José Piñera -creador del sistema- regresó al país a defender su modelo junto a una serie de cambios para "perfeccionar" el sistema. Por eso Riesco también quiso sumarse a las propuestas.


El economista y miembro fundador del MAPU Manuel Riesco fue uno de los que ha encabezado la discusión en torno a las pensiones y al sistema de AFP, siendo un duro crítico de éste y de la necesidad de volver a tener un sistema solidario como existía antes de la dictadura militar.

Días atrás José Piñera -creador del sistema- regresó al país a defender su modelo junto a una serie de cambios para “perfeccionar” el sistema. Por eso Riesco también quiso sumarse a las propuestas, aunque absolutamente contrarias a las que postula el mayor del clan Piñera.

Estas son las 5 propuesta que el economista publicó en su cuenta en Facebook.

1) Destinar a reparto comisiones AFP (1,5% salarios, $60 mil millones/mes), pensiones suben 30%

2) Destinar a reparto la mitad del 10% que hoy va al fondo de pensiones (5% salarios, $200 mil millones/mes), pensiones suben 100%

3) Destinar a reparto la otra mitad de lo que va al fondo pensiones (5% salarios, $200.000 millones/mes), pensiones suben otro 100%, o se reemplazan con creces los $150.000 millones en subsidios monetarios (bonos reconocimiento, APS) que hoy entrega el fisco a las AFP.

4) Encargar al IPS manejo cuentas afiliados, recaudación cotizaciones, pago pensiones, y contratación de seguro de invalidez con 1% restante cotizaciones mensuales; y al banco central administración fondo pensiones.

5) Publicar en El Mercurio obituario de las AFP.

CON EL HUMOR DEL PERIODISTA Mario Waissbluth


Sobre el cual no soy especialista sino opinólogo jubilado, como en todo lo demás jaja.


Creo que la solución propuesta por la Presidenta, en el difícil contexto actual, aunque incompleta, es un muy buen avance.


1. Alza gradual de cinco puntos en la cotización, con cargo al empleador.

2.Fortalecimiento del pilar solidario, es decir, destinar parte a los jubilados de menos recursos, pero manteniendo la propiedad de los afiliados sobre sus fondos. Otra cosa hubiera sido expropiatoria hacia los ahorrantes.

3. Devolución de comisiones si las AFP pasan por un período de rentabilidad negativa de los fondos.Se soluciona así una de las principales injusticias, ellas ganaban en las buenas y en las malas.

4. Licitaciones de carteras de afiliados y AFP estatal para mejorar la competencia en el sistema. (pero si esa AFP estatal no tiene un directorio absolutamente profesionalizado, mejor ni hacerla)

5. Unificar las tablas de mortalidad de hombres y mujeres.

PEROOOO..... para que estemos claros.

Todos estos son por ahora anuncios de buenas intenciones. Habrá que ver cuándo y cómo se materializan. Si su gabinete económico no es capaz de hacerlo en los próximos meses, y hacerlo bien y prolijamente, la plancha será total.

ADEMAS, CREO QUE FALTA:

1. Lisa y llanamente (en el próximo período presidencial porque la crispación de hoy no permite un solo conflicto político adicional) ESTATIZAR LAS AFP.

Sí, así como lo oye. Aquí me pongo "social demócarta ultrón". No me parece adecuado que un fondo acumulado de pensiones de US$ 160 mil millones sea administrado por los directores de finanzas de 6 o 7 AFP, pudiendo así manipular a su antojo las tablas de mortalidad o el mercado accionario nacional, y la decisión de inversiones en empresas que evidentemente tienen vínculos directos o indirectos con los mismos dueños de las AFP: Prefiero una solución "a la noruega", en que sea el Banco Central, o un ente autónomo de similares características y gobernabilidad, el que administre estos monumentales recursos a nombre de todos los chilenos. José Piñera, te quiero estatizarte tus Mercedes Benz, ¿cachai??

2. Aunque le duela a los populistoides y populistoidas, creo que tarde o temprano habrá que aumentar la edad de jubilación de hombres y mujeres a 67 años. Estamos frente a una bomba de tiempo previsional por aumento de longevidad, insoluble si pretendemos, por el mecanismo que sea, mantener a la población jubilada. Si quieren soluciones noruegas, hagámoslas completitas pueh. 

Bachelet y las AFP: mucha paja, poco trigo

POR RICARDO HORMAZÁBAL

La propuesta B de la Comisión Bravo es sólida en argumentos y viable en sus proposiciones concretas. ¿Reconocer nuestra libertad y permitirnos optar entre la industria de AFP y un Sistema de Seguridad Social, le parece complejo? Pero si hasta Pinochet nos dio, nominalmente, el derecho de optar en dictadura, ¿Por qué en democracia se nos niega?

Una primera opinión luego de escuchar, ver y luego leer lo que dijo la Presidenta Bachelet ayer 9 de agosto de 2016, la resumimos en el título. Mucha paja, poco trigo.

He aquí los fundamentos. Ella sostuvo: todos necesitamos de una jubilación para tener una vida digna y de calidad después de años de trabajo. Es un derecho de todos y debe ser una responsabilidad compartida. Reconoce que “el actual sistema previsional ha llevado a que muchos, demasiados, reciban pensiones muy bajas y queden entregados a su propia suerte”.

Las cifras oficiales nos indican que la industria de AFP, como la concibió José Piñera, contraria a la Seguridad Social, nos promete una pensión del 70% de nuestras remuneraciones y nos entrega menos del 30%. Las Fuerzas Armadas en el desprestigiado sistema de reparto, obtienen pensiones superiores a 1,5 millones entre los oficiales, casi $800 mil pesos promediando con las otras categorías, y a los 47 años de edad. Nos anuncia que algo habrá que corregir en esa situación y los beatos decimos, escúchanos señor te rogamos. No los trasladen a las AFP, eliminen algunas normas inconstitucionales, por ejemplo, hacer que coticen lo mismo que los civiles y otros cambios residuales, pero relevantes.

También nos dice que “nuestro desafío como nación es corregir esta situación. Proteger a las personas, especialmente a los más vulnerables, ha sido la razón de mi vocación pública y el centro de mi acción como Presidenta”. Pero sus propuestas son insignificantes, aunque dice estar consciente que “hoy, más de un millón 300 mil personas reciben, todos los meses, pensiones solidarias de invalidez y vejez que les permiten llevar una vida mejor. Pero ya no basta con enfrentar las situaciones más extremas. Hay incluso personas que han trabajado y hecho imposiciones por largos años y reciben o recibirán pensiones insuficientes.400 mil chilenos aportan más de 30 mil pesos al mes y reciben pensiones de 125 mil mensuales, con Aporte Previsional Solidario, pagado por todos. Para ellos, nada. Inaceptable.

Su propuesta reconoce que el empleador debe aportar para pensiones, además del Seguro de Invalidez y sobrevivencia que se impuso el año 2008. Pero sólo en 50 años podrían duplicarse las pensiones actuales y las AFP verán crecer sus comisiones año a año. Migajas. No soluciona nada. 1.100.000 pensionados no reciben nada y nada cambia para los próximos años.

La Presidenta nos recuerda que “apenas iniciado mi segundo Gobierno, convoqué a una comisión de expertos con visiones diversas para buscar soluciones. Hemos escuchado sus propuestas así como también las demandas de la sociedad. Ahora, ha llegado el momento de actuar”

Pero no hace ninguna mención que ese informe estaba guardado por más de una año, que su Ministro de Hacienda Valdés había anunciado que no habrían más cambios, apoyado de manera increíble por todos los líderes de la Nueva Mayoría. Como justificándose, nos dice que “mejorar las pensiones de manera permanente, aumentando su eficiencia y su solidaridad, es una tarea muy compleja, porque con el futuro de los trabajadores y con el futuro de nuestra economía no se juega”. No se juega, es claro, se abusa, descaradamente y eso, es indesmentible.

No reconoce expresamente el impacto de las marchas del 24 de julio pero tener que reabrir la puerta, aunque de una manera tan limitada es un reconocimiento tácito. Sin embargo, sus propuestas mantienen el horrible presente y futuro de los trabajadores que reciben pensiones equivalentes al 30% o menos de sus remuneraciones. No es cierto lo que afirma que el tema sea complejo técnicamente. Primero, como ella mismo dijo hace años, el desafío es político. La respuesta política que nos dio es decepcionante. La Presidenta socialista, mantiene las ideas del liberal totalitario José Piñera, que creó esta industria de AFP pata terminar con el ogro estatal que supuestamente amenazaba la libertad de los chilenos, precisamente cuando el gobierno al que Piñera servía era el más sanguinario e injusto de nuestra historia.

La propuesta B de la Comisión Bravo es sólida en argumentos y viable en sus proposiciones concretas. ¿Reconocer nuestra libertad y permitirnos optar entre la industria de AFP y un Sistema de Seguridad Social, le parece complejo? Pero si hasta Pinochet nos dio, nominalmente, el derecho de optar en dictadura, ¿Por qué en democracia se nos niega?

La Presidenta debe saber que con su propuesta de incrementar en un 0,5% anual las cotizaciones, ahora de cargo del empleador, significa que un trabajador que gana en promedio, según las AFP, $700 mil al mes y ahorra forzado por la ley $70.000 mensuales al mes, verá su fondo aumentado en $3.500 al mes, $42.000 al año y seguirá pagando a estas industrias, $ 8.400 al mes, el 12% de lo que aporta. Ah, es cierto, en 10 años tendrá $35.000 al mes, $420.000 al año, pero ya no tendrá Bono de Reconocimiento, ya que este No existe para los que empezaron a trabajar después del mes de mayo de 1981. ¿Qué representa este Bono? En mi caso, el 40% de los ahorros en mi cuenta. Por eso la Comisión Bravo dijo que a partir de 2025 las pensiones serán equivalentes al 15% de las remuneraciones para más del 50% de los futuros pensionados.

Cuando dice que “mantendremos y fortaleceremos el actual pilar solidario de invalidez y vejez, que permita asegurar la pensión mínima a aquellos que no han trabajado o que carecen de cotizaciones”, los más pobres que no han cotizado nunca, mejoran: estupendo, pagados por todos. Es justo y necesario.

Pero los pobres que aportan el 20% de los que ganan seguirán con pensiones de $127.000 mensuales aunque paguen $33.000 al mes.

Nos ratifica que la actual cotización del 10% seguirá siendo depositada en las cuentas individuales de propiedad de cada trabajador, en industrias que no cumplen con las normas de la OIT y la Constitución y que el Estado continuará incentivando el ahorro voluntario tanto individual como colectivo.

Algo positivo suena la promesa que “en los periodos en que los fondos de un afiliado tengan rentabilidad negativa, las administradoras deberán devolver en su cuenta las comisiones cobradas durante ese tiempo”. También anuncia que “los fondos que son propiedad de millones de trabajadores deben gestionarse de manera transparente y con participación de sus verdaderos dueños”, los afiliados. Pero propone una fórmula que permitiría a los dueños de las AFP hacer elegir a sus propios palos blancos. Suena bonito: “nuestra propuesta incorporará representantes elegidos de los cotizantes en la administración de los fondos, de manera que puedan participar desde definiciones claves como las políticas de inversión, la elección de los directores y de las compañías en que se invierten los recursos o las campañas de información”. ¿Cómo financio una campaña para llegar a dos millones de afiliados? Mala forma de elegir. Las AFP financiarán a sus candidatos. ¿Por qué no expertos propuestos por las organizaciones de trabajadores y empresarios que aportan y elegidos por el Gobierno?

Otro anuncio toca un gran tema. La cotización oculta del artículo 45 bis del DL 3.500, que equivale a un 50% de las comisiones públicas y que fue creada en su anterior gobierno y defendida por sus Ministros de Hacienda, Andrés Velasco y Trabajo, Osvaldo Andrade. Su lenguaje es elusivo. “También, modificaremos las diversas formas de comisiones ocultas o las comisiones de intermediación, que quitan recursos a las cuentas de los afiliados sin justificación real”. ¿Modificar, no eliminar?

Otra de sus medidas ha resultado un fracaso ya antes. Las licitaciones de afiliados aprobadas el 2008, han logrado que sólo un 20% de los afiliados se beneficien. Se compromete a promover “más medidas de competencia en el sistema, como las licitaciones de las carteras de afiliados que permitan bajar las comisiones y mejorar los servicios a los cotizantes”.

AFP: Una buena medida de transición

La Presidenta dice “continuaremos adelante con la creación de una administradora de fondos estatales, que introduzca más competencia, que sea una alternativa para los que la quieran y que acoja a los trabajadores y trabajadoras que hoy carecen de cobertura previsional”. Todos los expertos dicen que no hay competencia en una industria oligopólica, y no marca la indispensable diferencia. Esta entidad no puede ser S.A., por esencia con fines de lucro, ya que ello no es aceptable para las normas OIT. Su directorio debe estar integrado en forma tripartita, pero con expertos elegidos en la forma que señalamos antes. La Presidenta nada dice que esta AFP debe invertir en Chile para desarrollar el país armónicamente y no favorecer a las empresas extranjeras que las usan en sus propios países o dónde quieren lucrar más con fondos baratos.

COTIZACIÓN INDEPENDIENTES 

Los anuncios mantienen la buena decisión que tuvo a la petición que le hicimos a la Ministra Rincón para no obligar desde este año a los independientes a cotizar por el total de sus ingresos, obligación postergada hasta que el sistema sea más justo.

TABLAS DE MORTALIDAD: 

Cuando expresa que usaremos una sola tabla de mortalidad, terminando con las discriminaciones que afectan a las pensiones de las mujeres, entendemos que recoge la petición que hicimos a Ximena Rincón para que suspendiera esa nefasta medida tomada por las Superintendencia de Valores y de Pensiones. Esperamos que se apliquen las del INE que son serias y confiables.

CONCLUSIÓN: 

La Presidenta sigue encerrada por la transversalidad neoliberal, cooptada ideológica y remuneradamente por los grupos económicos nacionales y extranjeros que les sirven. Dijo que había escuchado a los chilenos. No estoy de acuerdo.

Ya lo veremos en las marchas futuras, especialmente el próximo 21 de agosto.

Las AFP como metáfora del Chile actual

POR PABLO TORCHE

Así como el sistema de  AFP es un buen reflejo del país en que vivimos, también lo es la forma en que se ha dado la discusión respecto al tema: una discusión con tendencia a la polarización y al maniqueísmo, a las soluciones fáciles o fanáticas, basadas muchas veces en prejuicios y eslóganes.

Gracias sobre todo a las mentes brillantes de la derecha, la discusión parece retrotraerse a veces a los años 70, esgrimiendo, ante la menor propuesta de responsabilidad pública, acusaciones de estatismo, bancarrota y expropiación, y exhibiendo una confianza total en la empresa privada, rayana muchas veces en el delirio.

Las AFP son una buena metáfora del Chile en que vivimos: individualista, privatizado, orientado a la eficiencia y la rentabilidad, que  privilegia a unos pocos, pero que desprotege cruelmente a muchos otros, en general los más débiles. En este sentido, tiene algunas resonancias del sistema educacional segregado que veníamos construyendo, donde, para que se salvaran algunos, tenían que condenarse otros.

También el cuestionamiento de las AFP es una buena metáfora del momento actual del país. Un país puesto en tela de juicio, sumido en una profunda crisis de confianza, donde los modelos impuestos en la Dictadura emergen por fin en toda su falta de legitimidad.

Como han reconocido varios expertos, el sistema de las AFP fue creado para un mercado del trabajo que no existe y que, de hecho, cada vez existe menos.

Esto es, un mercado donde todos tendrían un trabajo sólido y estable, con una remuneración digna, sin lagunas ni intermitencias. En este sentido, es el típico sistema creado en una Dictadura, porque solo en un régimen de ese tipo es posible acallar las voces divergentes y los distintos grupos ciudadanos que van a resultar perjudicados, para imponer un sistema que se ajusta solo a algunos.

En efecto, el sistema puede resultar eficiente para las personas de altos ingresos, con empleos estables, que cotizan regularmente durante periodos prolongados. En este sentido, el sistema sí es como un Mercedes Benz, esto es, un auto caro e inaccesible, que puede ser muy cómodo para algunos, pero que a la mayoría de la gente le resulta inalcanzable, excluyente, disfrutable solo por unos pocos.

Para un grupo muy grande de personas, empezando por las dueñas de casa, los trabajadores intermitentes, los independientes y, en general, las personas que tienen trabajos precarios y con ingresos demasiado bajos como para decidirse a cotizar, el sistema no otorga garantías de ningún tipo. Al estar basado en un esquema fundamentalmente individualista, el sistema descansa en el presupuesto irrealista de que cada quien se preocupará de cotizar toda su vida, y en el, aún más irrealista, de que, a los que no cotizaron, es posible simplemente abandonarlos al final del camino.

Es la típica lógica basada en la confianza radical en la efectividad del mercado, que termina siendo discriminatoria y condenando a la inopia a grandes segmentos de la sociedad.

Está bien que la responsabilidad individual juegue un rol en la jubilación, pero no se puede hacer depender todo de ella, y no se puede condenar a la miseria a las personas que por distintos motivos –muchos de ellos fuera de su control– no realizaron cotizaciones durante su vida. Ni la facultad de cotizar a lo largo de la vida laboral puede ser completamente voluntaria, ni la pensión final puede depender por completo de mi capitalización individual. Es necesario que el Estado, como representante del colectivo social, intervenga, con un componente de responsabilidad social y solidaridad, para asegurar una vida mínimamente digna a la tercera edad.

Por otro lado, desde la izquierda hay también un error de diagnóstico garrafal en la forma en que se interpreta el malestar de la ciudadanía y en el manejo de las expectativas en torno al tema. Es fácil, pero en el fondo erróneo y peligroso, atribuir toda la responsabilidad del fracaso del sistema a las AFP, como si la solución pasara simplemente por regular estas empresas privadas, y no fuera a implicar ningún esfuerzo y solidaridad extra de todos quienes formamos parte de la sociedad.

Así, se hace hincapié en las altas utilidades de las AFP, o en el hecho de que estos recursos van a financiar a los grupos económicos, lo que es cierto y debe ser objeto de debate, pero no se dice que estos elementos por sí solos no van a modificar de modo sustantivo el monto de las pensiones. Se plantea también que las AFP reciben 500 mil millones al mes y gastan solo 200 mil, con lo que se genera obviamente la impresión de que las AFP nos están esquilmando, y que simplemente con eliminarlas o regularlas, estos recursos pasarán a engrosar las pensiones de todos.

Hay un componente indudable de populismo en esto, porque no se dice que estos recursos forman parte de las capitalizaciones individuales de las personas, los que supuestamente pasarían a ser utilizados para financiar un sistema de reparto hoy. No estoy diciendo que no se pueda considerar un elemento de este tipo, pero, el día en que la ciudadanía entienda que la propuesta significa efectivamente repartir los ahorros individuales de cada uno, es solo esperable que el respaldo a la medida baje significativamente, sobre todo considerando la campaña del terror que la derecha montará al respecto.

Para que una reforma estructural de este tipo sea sustentable, es imperativo, por tanto, comunicarla de manera clara, sin dobleces, señalando explícitamente los esfuerzos y costos que implicará para todos.

El problema del actual sistema de AFP se debe a la ausencia de un componente público de seguridad social, no a unas pocas empresas “maquiavélicas” que se llevan la plata para la casa. Ese tipo de discursos es vendedor en el corto plazo, atrae muchos likes en el universo fugaz de las redes sociales, pero no permite sustentar reformas de fondo. El giro fundamental que requiere el sistema de pensiones implica integrar un componente solidario en dicho sistema, que necesariamente involucra a todos, ya sea a través de más impuestos, aumento del porcentaje de cotización, introducción de elementos redistributivos y aumento de la edad de retiro, entre otros.

Esta es una dimensión fundamental que el discurso de izquierda debiera transmitir, de lo contrario, corre el riesgo de que cualquier reforma finalmente le estalle en la cara, a través del rechazo de una ciudadanía desengañada. Para contar con pensiones dignas, es necesario construir un sistema más solidario, lo que implicará el sacrificio y esfuerzo de todos. Si no se logra instalar ese discurso de fondo, es imposible que se viabilice un cambio al sistema con respaldo ciudadano.

Ex integrante de comisión de pensiones

sobre anuncios de Bachelet:

"Es una propuesta maquillada con

un lenguaje muy bonito"

Andras Uthoff afirma que el conjunto

de medidas no cambia lo esencial.

El economista Andras Utthoff, que integró la Comisión Asesora Presidencial sobre el Sistema de Pensiones, se refirió hoy a los anuncios con los que la Presidenta Michelle Bachelet busca marcar una hoja de ruta para calmar la inquietud ciudadana sobre el sistema previsional.

Uthoff fue uno de los que al interior del grupo estuvo detrás del diseño de lo que se llamó la "propuesta B", que si bien no consignaba eliminar las AFP, sí buscaba quitarle protagonismo en el sistema de ahorro, para entregarle más peso a un esquema solidario. "No es lo que nosotros esperábamos hacer.

Queríamos hacer un contrato de seguridad social. Realmente integrado, realmente tripartito, realmente solidario y esto no lo es", dijo el experto a Radio Bío Bío.

Por eso admitió estar decepcionado respecto de lo que se escuchó ayer por televisión."Hay grandes generalidades y un lenguaje muy bonito, pero lo que viene adentro no me gusta y me decepcionó", afirmó.

Uthoff define los anuncios como una ayuda a los más vulnerables, pero no como una mejora sustancial. "Esta lógica perversa no cambia. Simplemente están haciendo una red para recibir a quienes les va a ir muy mal. Es una propuesta A [apoyada por el presidente de la comisión David Bravo] maquillada con un lenguaje muy bonito", aseguró.

A su juicio, detrás de esta dirección escogida por el gobierno no solo existe el problema del financiamiento, que es la justificación habitual para no transitar hacia un ajuste más estructural, sino que además "hay grupos de interés, hay intereses económicos, hay cosas duras que había que cambiar y para eso hay que tener una espalda política fuerte para hacerlo. Tal vez eso explica lo que está ocurriendo. Tampoco había que tomar una decisión tan apresurada para decir algo y demarcar una cancha en la que nos amarró las manos a quienes queremos hacer algo distinto. Esto no va a dejar contenta a la ciudadanía", enfatizó y añadió que esto se producirá especialmente porque "la plata de los trabajadores seguirá en las AFP".

6 PROPUESTAS PARA UN NUEVO

SISTEMA DE PENSIONES

Por Alejandro Navarro

Está claro que la ciudadanía, las familias y el pueblo de Chile en general, de nuevo han adelantado por la izquierda a la clase política, indignados por las bajas pensiones y los escándalos de Gendarmería, han instalado en la Agenda Pública, la necesidad de un nuevo sistema de pensiones.

Es así como el 24-J en todo Chile, cientos de miles de personas salieron a las calles para exigir el fin de las AFPs. Tal como ocurrió con el movimiento social por la educación el año 2011, hoy estamos frente a un nuevo movimiento social que tiene como objetivo derrocar el actual sistema y establecer uno nuevo que asegure pensiones dignas, movimiento bautizado por los propios trabajadores como “no más AFP”.

Hoy en democracia, bajo este contexto social e histórico, y a tras treinta y seis años de la instalación del actual sistema privado de pensiones, es necesario que la institucionalidad política, de una respuesta satisfactoria a esta histórica demanda ciudadana, a través de una nueva política pública, responsable, pero no por ello menos decidida a cambiar estructuralmente este sistema, el cual no fue diseñado para brindar pensiones a los cotizantes, sino más bien como la piedra angular para la instalación del sistema económico de la dictadura, sirviendo como instrumento para capitalizar a la banca.

Porque tenemos la convicción de que una AFP Estatal no garantiza pensiones dignas, sino más bien tienda a perpetuar el actual sistema de capitalización individual, es que lamentamos la posición asumida por la presidenta Michelle Bachelet, en un contexto donde la correlación de fuerzas es abismalmente desigual y está hegemonizado por los sectores conservadores de la Nueva Mayoría y de la derecha.

Sin embargo, es necesario hacer ver al gobierno, que está perdiendo la oportunidad de recuperar el apoyo y la confianza de los chilenos, tomando una iniciativa, que por lo demás, fue planteada en los primeros 100 días de Gobierno.

En este sentido, considero que es necesario, desde el progresismo y la izquierda chilena, plasmar estas seis propuestas base, para la discusión sobre un nuevo sistema de pensiones para Chile.

1.- Fin a las AFPs y la creación de un sistema de reparto moderno. Para ello es necesario la derogación del decreto 3.500, para reemplazarlo por una nueva ley que cree un nuevo sistema de acuerdo al principio de la Seguridad Social como un derecho según los estándares internacionales de la OIT. Este nuevo sistema debe tener como eje central la solidaridad (concepto de solidaridad internacional), por tanto su principal pilar será de reparto.

La viabilidad de este nuevo sistema de reparto está sustentado en la investigación científica realizada por la Comisión Asesora Presidencial sobre el Sistema de Pensiones[i], plasmado específicamente en la propuesta global C, elaborada y respaldada por la profesora Leokadia Oreziak[ii]. Puede considerar instrumentos complementarios como APV y estímulos tributarios.

2.- Un sistema que avance a la universalidad, para esto las personas que se incorporen por primera vez a la fuerza de trabajo deberán participar en el sistema público con el objeto de que en el largo plazo el Sistema de Previsión Social se transforme en uno universal. Este sistema considera la posibilidad de que los afiliados a la AFP puedan transferir sus fondos al nuevo sistema de pensiones, a cambio de una mejora significativa a sus pensiones.

3.- Un sistema tripartito, es decir, con aporte del trabajador, el empleador y el Estado. En el caso del empleador el aporte debe ser de manera gradual, comenzando por un 0.5% el primer año, para llegar en un plazo de 5 años, a un 5% más de aportes para el fondo solidario de pensiones. Esto se suma al aporte que actualmente hace el trabajador y el Estado.

4.- Un sistema público, a través de la creación de una nueva institución pública, que actúe como ente recaudador y administrador de los fondos. Para los efectos de fiscalizar este nuevo sistema de pensiones, se debe crear una nueva Superintendencia del Sistema de Pensiones, de carácter autónomo, con amplias funciones fiscalizadoras, alta tecnología, y funcionarios adecuados, elegidos bajo el sistema de Alta Dirección Pública. Asimismo, estos fondos serán custodiados por el Banco Central, tal como ocurre hoy con los fondos soberanos.

5.- Un sistema sin fines de lucro. A diferencia de las AFP, este sistema no hará retiro de utilidades, por lo que solo se cobrarán comisiones mínimas que garanticen el funcionamiento y pago de los funcionarios a cargo de la administración de este nuevo sistema.

6.- Un sistema con sustentabilidad financiera. Como no nos podemos abstraer del sistema económico globalizado, los excedentes del pago de pensiones podrán ser invertidos, especialmente en infraestructura, como la construcción de carreteras en nuestro país. Es así hoy lo hacen las administradoras de fondos de pensiones como el canadiense que invierte en nuestras carreteras a 25 años y en los 3 primeros, ya tienen su inversión recuperada.

Las ventajas de reemplazar el sistema actual, convirtiéndolo en un esquema de reparto son las siguientes:

Una pensión mejor, definida, de por vida y no discriminatoria.

La PBS y las pensiones más bajas del sistema de reparto antiguo serán incrementadas de forma inmediata en al menos un 100%.

El monto completo de contribución será usado como ingreso para pagar las pensiones contributivas, sin usar subsidios estatales, por lo tanto es una propuesta responsable fiscalmente.

La edad de retiro efectiva (actualmente en 70 años) se reduce a sus límites legales (65/60), y se mantiene así (en un escenario alternativo se aumenta gradualmente por dos años desde 2030).

En promedio, los beneficios de pensión se incrementarán en un 75% – 100%.

Las tasas de contribución no se aumentan hasta el año 2035, y luego se incrementan a un 25%. No se requiere de impuestos adicionales, todo lo contrario, como se pone fin a los subsidios monetarios directos e indirectos, se genera un ahorro fiscal anual del orden del 1,8% del PIB.

La derrota cotidiana del pueblo

y la riqueza de los conversos

Por Ricardo Candia Cares

Voces de la Nueva Mayoría tercian con encendidas acusaciones en el debate acerca de las AFP, su origen, implementación, perfeccionamiento y consecuentes desgracias. Abundan en esas críticas adjetivos, acusaciones y denuestos.

Como si vinieran llegando. Como si la realidad se hubiera inventado hoy. Como si ellos no tuvieran nada que ver con lo que critican.

Queda patente un cierto rasgo esquizoide de esas alocuciones. Cierto oportunismo repudiable.

Da la impresión que la Nueva Mayoría ahora, y antes, la Concertación, no han tenido ninguna responsabilidad en un cuarto de siglo a cargo del Estado.

Y que no han sido ellos los que han administrado con soberbia meticulosidad y agrado todo lo que quedó de la tiranía, entre lo que destella con brillo propio, el sistema que condena a los trabajadores a una vejez de espanto.

Lo brutalmente cierto es que la Concertación fue una aplicada heredera de lo que dejó la dictadura. Le encontró gracia y sentido.

Y esa pasión por perfeccionar esta cultura de espanto, ha sido asumida con entusiasmo por la Nueva Mayoría, rebautizada imaginativamente así por al intercesión de un enemigo jurado de la obra de la tiranía, el Partido Comunista.

No es de ahora no más que el tema previsional es motivo de alarma por parte de los trabajadores y de sectores que balbucean una propuesta de país a salvo del neoliberalismo.

Como se ha dicho, el sistema de AFP es uno de los pilares maestros de un modelo de país cuya superestructura política se desfonda a pasos agigantados, dejando un reguero pestilente de corrupción y desvergüenza.

Sectores críticos y francamente contrarios a esta cultura, han denunciado durante decenios el principió inmoral de la capitalización individual como clave para la obtención de una pensión luego de cuarenta o más años de trabajo.

Y porque, peor aún, esos dineros que finalmente financian a los sostenedores de una economía inhumana y depredadora, son de propiedad de los trabajadores.

Resulta entonces una dramática paradoja que las principales víctimas de la sangrienta tiranía financien el modo de vida y los negocios monumentales de quienes fueron los sostenedores, cuando no directos gestores, de esa misma tiranía.

Es que el sistema de previsión que conocemos tiene una componente ideológica muy profunda.

Se trata de que la derrota sufrida por el pueblo y la izquierda, sea lo más profunda posible y eso se cumple cuando esa derrota es cotidiana.

Y eso se recuerda en cada momento en que a un trabajador le sacan su dinero para financiar a sus explotadores.

El creador de ese sistema aberrante desde el punto de vista del que lo sufre, tiene razón cuando dice sentirse orgullosísimo de su obra.

Su visita al país en momentos en que arrecia una aún insuficiente bronca, tiene un sentido de cruzada mística, de peregrinaje refundacional. Es el retorno del creador para defender su orden monástica, su grial, la piedra angular de la fe dominante.

Y tiene además, un dejo de desafío.

Quiere sentir la satisfacción de uncir a los conversos que alguna vez hablaban de solidaridad, justicia y redención. Busca someterlos, humillarlos mediante la imposibilidad que tienen de decir esta boca es mía en contra de un sistema que les ha dado de comer y los ha catapultado a la riqueza y el poder del que gozan.

Escuece el alma decirlo, pero este extremista enemigo de la gente tiene razón cuando pregunta por qué la presidenta Bachelet no cambia el sistema.

Por eso su descaro, prepotencia y desprecio por quienes no han tocado su obra y sus vestigios, simplemente porque ha sido uno de los principales vehículos de sus propias riquezas y poderes cotidianos.

Simplemente se rindieron. Se los ganó el enemigo. Se los tragó la ambición.

Y en su desfachatez de traidores asumen sin decirlo, que las cosas son así y que buscarle el cuesco a la breva fue cosa de jóvenes irresponsables, soñadores e ilusos.

Y ahora, que ya están muy viejos para reeditar esas inútiles aventuras de juventud, deben pensar en sus apacibles retiros, los que por cierto, no serán financiados por ninguna pensión de alguna AFP.

La culpa no es de las AFP, estimado

El título no es mío, es de

una columna escrita por Rafael Rodríguez,

Gerente General de Seminarium.

No creo necesario hacer un resumen de

ella, porque es fácil de deducir por el título

que la culpa de que las pensiones sean

tan bajas es de las personas.

Por Marcela Castro*

Esa misma conclusión está presente en las más de 200 páginas del Informe Final de la Comisión Bravo. Los trabajadores chilenos somos tan negligentes, tan poco previsores, tan flojos que ni siquiera nos tomamos la molestia de conocer cómo funciona una AFP.

Es el mismo discurso que dan los “expertos” sobre el tema, concluyendo, invariablemente, que la gran solución es subir la edad de jubilación, como señaló Carlos Massad hace unos días.

Todos ellos, consideran que es responsabilidad de cada trabajador cotizar más para tener mejor pensión.  ¿Es así?

Supongamos que usted deposita 1.000 pesos en el fondo A de su AFP. ¿De qué le sirve depositar más, 2.000, 3.000 o 5.000 pesos, si la AFP puede disponer para invertir en quién sabe qué el 80% de lo que usted ha puesto? Y ahí viene la enorme falacia que dice Rodríguez al comienzo de su artículo:

“Desde sus inicios y hasta la fecha, cada peso colocado en una AFP ha tenido una devolución de dos coma tres pesos.” ¡No es cierto! No lo es porque el 80% de lo que usted ha puesto en la AFP ha ido a parar a la Bolsa en transacciones bursátiles. O sea, a la ruleta rusa, tal como comprobó Manuel Riesco en el estudio Resultados para sus Afiliados de las AFP y Compañías de Seguros Relacionadas con la Previsión:1982-2012 (2013) . O sea: cada tres pesos cotizados, dos se han ido a cualquier parte, menos a nuestra cuenta.

Un ejemplo: caso Cascadas, los afiliados en AFP Habitat, Provida US$7,7; Capital  y Cuprum perdieron en el año 2014 más de US$ 44 millones. Los afiliados, no los dueños. Todos los trabajadores que cotizamos perdimos 44 millones de dólares. Pérdida referencial solamente. ¿Entiende el drama? Lo que usted ahorró durante 15 años, la mitad se perdió en inversiones del tipo Cascadas. O sea, mientras más dinero usted haya tenido en una de esas AFP, mayor ha sido la pérdida, y peor pensión obtendrá cuando se jubile. Porque ese dinero perdido en empresas de papel o sociedades de inversiones, jamás se va a recuperar. ¿Y por qué no se va a recuperar? Porque las AFP siguen jugando a la ruleta rusa. Tras el asunto Cascadas y otros, no aprendieron nada, y volvieron a jugar con los fondos. Y en las dos primeras semanas del año 2016, todo lo recaudado en un año se perdió . Y suma y siguen las pérdidas porque fueron más grandes en febrero

 ¿Y eso es su culpa como afiliado? ¡No!. Porque usted lo sabe: una vez puesto su dinero en su cuenta, no tiene ninguna voz ni voto en qué se hace con ese dinero. El afiliado ni siquiera tiene voz para elegir el fondo en el que quiere estar, porque aun cuando teóricamente así sea, a ninguna AFP le conviene que la mayoría este en los fondos D y E, necesitan que estén en el A o en el B, porque así pueden usar más del 60% de lo recaudado en esas inversiones de helio, y a eso apuntan siempre.

Por lo que venden la rentabilidad, sin que nunca le expliquen al cotizante que es mera especulación, no garantía.

O sea, personas como Rodríguez y otros nos exigen a los chilenos que solventemos, con nuestras pensiones, su jueguito bursátil, manteniendo a personas como Ponce Lerou, Álvaro Saieh, Pedro Corona Bozzo  y un largo etc de personas que, ojo, eran empresarios quebrados cuando cierto personaje que fue entrevistado en el Informante y que no quiero nombrar, les regaló el dinero de todos los chilenos. Con lo cual, el problema es que personas que ya mostraron ser incapaces de ser responsables con su propio patrimonio juegan con el nuestro. E incluso, personas ligadas a estafas y otros fraudes fiscales tienen en sus manos nuestras pensiones.

Caso La Polar: Los ejecutivos de esa empresa recibieron préstamos de AFP como Capital y Cuprum en pagarés, comprometiéndose a devolverlo con gigantescos intereses, poniendo en garantía sus acciones. ¿Comprende lo que estoy diciendo? Los afiliados de Capital y Cuprum son accionistas de una empresa quebrada. ¿Y qué le importa a los propietarios de Capital, recuperar los fondos de los afiliados desperdiciados? No, le importa cómo le afecto a su patrimonio personal y tienen acciones legales para recuperar esos fondos.

Y esto es tan así, que llama la atención que la Comisión Bravo ignorase completamente lo que estaba pasando en Perú. ¿Y qué pasaba ahí hace un par de años? Que estaban discutiendo sobre las pensiones, ya que están igualmente bajo un régimen de AFP. Pero el énfasis se puso en algo que aquí en Chile estos expertos quieren que ignoremos: los dueños de las AFP no tienen ninguna sanción por el mal manejo de los fondos. El descaro de llamar “rentabilidad negativa” a lo que es pérdida es prueba inequívoca de ello. Y no quieren ser sancionados, porque ¿cómo van a prestarse dinero entre sus amigos si hay sanciones y más fiscalización? Porque lo que eufemísticamente llamé “jugar a la ruleta rusa” es en realidad darle dinero a los amigos. Nuestro dinero a sus amigos.

Rodríguez y otros nunca hablan de cómo castigar a quien invierte mal. Nunca habla de las pérdidas, ni quien debería asumirlas. La culpa es del afiliado, que no deposita más. Pero ¿cómo se atreve a pedirnos que le regalemos más dinero a quienes nos han provocado pérdidas de millones de dólares? Y que luego tranquilamente recibe dinero del Estado, porque el Estado pasa a “ayudar” a los cotizantes en ciertas circunstancias, como cuando se le acaba el fondo. ¿Y quién administra esa ayuda? La AFP. Nunca la AFP responde por nada, ni por las pérdidas, ni por las malas inversiones, ni por el hecho que tanto “amigo de” cruce de una administradora a otra cínicamente.

Y si no fuera suficiente todo esto, el sistema esta tan enredado en una madeja deliberadamente compleja, que se necesitan años de estudio para entender cómo funciona realmente una AFP. Si es simple, es más fácil ver en qué falla, y sancionar. Pero la idea es que ud, cotizante, no tiene que saber cómo funciona el sistema, para eso está la Administradora de Fondos de Pensiones, para que piense por Ud.

El sistema en sí podría ser muy bueno, el sistema podría alivianar la carga al Estado, si estuviera en manos responsables. Usted tendría una buena pensión si personas responsables y adecuadas hubieran invertido con precaución en empresas solventes. Pero el sistema no funciona, no porque sea malo, sino porque está en malas manos, manos que tienen antecedentes financieros sucios y truchos antes que se apropiaran de nuestros fondos. Perdón, antes que le regalaran nuestro dinero.

Creo que Rodríguez tiene razón: la culpa no es de la AFP, estimado, es de quienes son dueños de ella, que los chilenos vamos a tener pensiones miserables. Esa es la realidad.

*Doctora en Derecho Internacional y Relaciones Internacionales (U.Complutense de Madrid) , Licenciada en Humanidades con mencion Historia (U. de Chile), entre otros grados, y fan de Spartacus, de la opera y de Bette Davis.

http://www.elquintopoder.cl/

Hacia un (nuevo) sistema de pensiones

Por Daniel García F.

¿Nos parecería razonable que el subsidio habitacional se “apueste” al mercado financiero y según los resultados se determine el tamaño de la vivienda que se construya a las familias de campamentos? ¿Por qué nos parece racional hacerlo con las pensiones? Simplemente porque el sistema no las concibió como una política social y ese es el cambio que urge al sistema.

Chile necesita un nuevo sistema de pensiones. De eso no hay duda. Si será una reforma profunda al sistema de capitalización individual (AFPs) o un sistema de reparto, probablemente será una de las más importantes discusiones en la construcción de los próximos Programas de Gobierno de la centro izquierda y la oposición. Aquí se plantea la identificación de los ejes esenciales de un nuevo modelo para aportar a esa discusión.

El falso debate y las “reformitas”

Al pensionado poco le importa si la pensión que recibe son sus propios aportes conservados durante 35 años en una cuenta de capitalización individual o son el “reparto” de las cotizaciones recientes de un joven que recién se integra a la fuerza laboral. Los billetes son del mismo color.

Que “los sistemas de reparto están quebrados” dice un ex Ministro de Hacienda, olvidando que el sistema de AFPs tuvo 30 años para acumular cotizaciones antes de tener que empezar a pagar pensiones mediocres. En esas condiciones (de acumulación y pensión promedio), un sistema de reparto en Chile no quebraría, sólo requeriría que la administradora de dicho sistema obtuviera una rentabilidad sobre los saldos equivalente a la del sistema de AFPs, y eso se hace fácilmente invirtiendo en los multifondos de las mismas AFPs. Con eso, por arte de magia, tenemos un “sistema de reparto versión 2016”, que no requiere recursos adicionales del Estado, pero que paga –en promedio- lo mismo que el sistema actual. Hasta ahí el cambio de nombre no aporta mucho a los pensionados, aunque alimente iluminados debates.

El monto promedio de las pensiones, sin duda es una de las variables más relevantes de un sistema de pensiones. Lamentablemente en esto hay que darle la razón al Ministro Valdés: no hay “recetas mágicas”. Las pensiones dependerán de los recursos que se aporten al sistema y las formas de aumentarlos ya están sobre la mesa: mayor cotización, menos lagunas, más años de trabajo son las más cómodas para los empresarios; aporte del empleador suena más progresista y aumento de remuneraciones ya es materia de otro debate. Sin embargo, ninguna de estas medidas es un cambio de sistema, sino sólo una inyección de recursos que tendrá efecto similar en el sistema actual o en un sistema de reparto como el propuesto.

La Industria de AFPs, además, tiene la colección completa de malas prácticas empresariales que se generan en un mercado concentrado, con los usuarios convenientemente atomizados y con asimetrías de información y de poder a una escala inimaginable. Y, claro, las comisiones de millones de cotizantes, repartidas en unas pocas manos generan fortunas escandalosas.

Eso sin duda explica la molestia de los ciudadanos, pero estas malas prácticas no tienen un efecto relevante en la pensión promedio del sistema de AFPs, que –siendo justos- tiene una buena rentabilidad. Sólo como ejemplo un trabajador que tiene un sueldo de $500.000 durante toda su vida laboral, aportará $24,6 millones a su AFP, en el peor de los casos pagará algo menos de $4 millones de comisión y tendrá, al momento de jubilar, un ahorro aproximado de $69 millones[1].

Las reformas estructurales

Si el cambio en la forma de financiamiento de las pensiones no genera cambios relevantes desde la perspectiva de los usuarios (en promedio); si el monto promedio de pensiones sólo podrá aumentarse a partir de una inyección de recursos, con similar efecto en cualquier sistema; y si una AFP Estatal, supuestamente carente de las “malas prácticas”, no generará cambios significativos a la rentabilidad del sistema; entonces ¿cuáles son los espacios reales de cambio estructural al sistema de pensiones en Chile?

El elemento esencial del sistema de capitalización individual que debe modificarse es la forma de calcular la pensión individual de cada pensionado.

Sólo así podremos pasar de un sistema de “ahorro individual forzado”, como el actual, a una política pública de pensiones que ha estado ausente en nuestro país por 35 años. Ese es el espacio de cambio estructural urgente del sistema actual.

Si bien el resto de las modificaciones mencionadas son importantes y deben darse paulatinamente para aumentar la pensión promedio, es esencial instalar una idea de justicia al sistema de pensiones. En otras palabras, el aumento de las pensiones es urgente, pero el cambio estructural del sistema debe aspirar a pensiones justas, que explico a continuación.

Usemos un ejemplo: Tomemos 3 trabajadores, de industrias diferentes, pero con exactamente la misma remuneración y cotización durante toda su vida laboral. El primero es muy proactivo respecto de su jubilación, pero completamente ignorante del sistema financiero, por lo que siempre erró eligiendo la AFP y el multifondo menos conveniente; el segundo es indiferente y se mantuvo toda su vida en el fondo C en una AFP promedio; el tercero es conocedor del sector financiero y tomó siempre la decisión de AFP y fondo más conveniente. El resultado es que, siendo 3 “cotizantes ideales” del sistema (sin lagunas), tendrán tasas de reemplazo esperadas de 37%; 64% y 100%[2] respectivamente.

¿Merecen estos 3 trabajadores distintos niveles de pensiones? No, un primer nivel básico de justicia en un sistema de pensiones es que a una misma remuneración -y cotización- aseguremos un mismo nivel de pensión. Recién ahí el sistema empieza a parecer una política pública (y todavía no hablamos de subsidios cruzados). La función de los trabajadores –en un sistema de pensiones- es trabajar, no tomar buenas decisiones de inversión forzadas.

Basta sacudirse un poco del adoctrinamiento de las últimas décadas para caer en la cuenta de lo irracional que resulta forzar a todos los chilenos a “apostar” sus pensiones en el sistema financiero. Un sistema que la mayoría desconoce y no cuenta con la formación para abordar. El resultado es que la pensión ya no depende del trabajo, sino de decisiones financieras del pensionado o de las AFPs. En Perú ahora se permite retirar los fondos de pensiones para la compra de una vivienda. ¿Mejor? No, simplemente el lobby de las inmobiliarias (chilenas en su mayoría) consiguió que ahora la jubilación se pueda “apostar” también en otra industria.

¿Nos parecería razonable que el subsidio habitacional se “apueste” al mercado financiero y según los resultados se determine el tamaño de la vivienda que se construya a las familias de campamentos? ¿Por qué nos parece racional hacerlo con las pensiones? Simplemente porque el sistema no las concibió como una política social y ese es el cambio que urge al sistema.

Ejes programáticos de un nuevo sistema de pensiones.

¿Cómo iniciar entonces el camino hacia un nuevo sistema?

El Estado debe intermediar la relación entre los cotizantes y las AFPs eliminado del todo la selección de fondos o AFPs por parte de los usuarios y agregando el componente esencial del antiguo sistema: el beneficio definido. Esto es, que sea conocido el nivel de pensiones que se obtendrá para cada nivel de cotización, sin que dependa de los resultados de las decisiones de inversión de los ahorros previsionales.

¿Deben eliminarse las AFPs?

No es necesario. Hay que reconocer que el desfase entre la cotización y la pensión requiere algún sistema de capitalización y, como ya dijimos, las AFPs han sido exitosas en rentabilidad. Importa poco que sean privadas o que lucren y, seamos honestos, dado su rol en el sistema financiero, es absolutamente imposible eliminarlas.

¿Requiere más recursos un sistema así?

No. Usando el ejemplo anterior, con la misma rentabilidad de las AFPs actuales, se podría establecer una tasa de reemplazo del 64% para los 3 trabajadores, que es la que resulta de la aplicación de la rentabilidad promedio del sistema actual[3]. Es de esperar que la administración de la cartera, intermediada por el Estado, pero aun invertida en los fondos de las AFPs, tenga un rendimiento superior al promedio actual del sistema ya que estará administrada por conocedores del sistema, no por los pensionados. Ese mejor rendimiento podrá usarse en mejorar la tasa de reemplazo o generar subsidios cruzados y si el rendimiento es peor, tendrá que pagar el Estado, aunque esto no debiera ocurrir.

Por otra parte, la relación centralizada del Estado con las AFPs debiera permitir generar condiciones de mayor competencia y erradicar las prácticas abusivas al cambiar de mano el “mango” del “sartén”. La erradicación de “malas prácticas” no responde a una preocupación moral solamente, sino pragmática porque casos como La Polar o Penta nos han demostrado que el crecimiento logrado a partir de abusos no se sostiene en el tiempo, lo que perjudica a los pensionados.

En resumen, un sistema en que el trabajador trabaja y hace el aporte que le corresponde a algún ente recaudador; con conocimiento previo y certeza del nivel de pensiones que obtendrá, y sin la carga de tener que tomar decisiones de inversión para las que no está preparado, serían las condiciones del punto de partida para una genuina política pública de pensiones en nuestro país.

El Estado por su parte invierte esos recursos en los fondos de pensiones, generando criterios de distribución conocidos, transparentes y que fomenten la competencia entre las AFPs para obtener rentabilidades que le permitan cumplir con las pensiones garantizadas y, mejor aún, reducir brechas a través de subsidios cruzados. Luego, en el menor plazo posible se deben incorporar el aporte de los empleadores, el aumento de remuneraciones y el aumento del pilar solidario para que las pensiones dignas no sólo lleguen al “cotizante ideal” del ejemplo, sino también –de forma urgente- al cotizante real, que hoy se desenvuelve en un mercado laboral precario, con malas remuneraciones y lagunas previsionales.

[1] Considerando 40 años de vida laboral, cotización los 12 meses. Tasa promedio del sistema para el fondo C (4,89%) durante los primeros 30 años y la del fondo E (%3,93) para los últimos 10 años, con una comisión de %1,54. No considera los seguros.

[2] Se usan los datos del simulador de la Superintendencia de Pensiones. Probablemente la simulación exacta resulte en un peor escenario para el primero y un mejor escenario para el tercero.

[3] Entre 2002 y 2016. Si se toma desde 1980, la rentabilidad es aún mejor.

Daniel García F. es Ingeniero Civil, diplomado en Gestión de la Construcción, de la Pontificia Universidad Católica de Chile y Master en Planificación y Administración del Desarrollo (DAP), University College London.

Joseph Stiglitz se cuadra con el No+AFP

y recomienda avanzar a un

sistema de pensiones público

El Premio Nobel de Economía de 2001, famoso por sus críticas al modelo imperante, dijo que el sistema privado genera bajas pensiones y cobertura, eleva la inseguridad de los afiliados y provoca un costo alto para el Estado.

Joseph Stiglitz, el afamado Premio Nobel de Economía del año 2001, puso el dedo en la llaga respecto al sistema de pensiones de nuestro país y abrió la puerta para validar un posible cambio de fondo al modelo chileno en este tema, al señalar que se debería transitar a un sistema público.

Invitado al cierre de un seminario organizado por la comisión que estudia cambios al sistema de AFP y que preside David Bravo, el economista hizo –vía videoconferencia– un duro diagnóstico del funcionamiento del sistema financiero mundial, el cual, aseguró, no funcionó ni antes ni después de la crisis subprime de 2008.

Su presentación pareció respaldar la campaña de No+AFP y que fue portada del diario Pulso de ayer, debido a una noticia en la que dicho medio cuestionaba que un funcionario de la Subsecretaría de Previsión Social –que ayer abría el evento– la respaldara en Twitter.

En su presentación, Stiglitz sostuvo que con lo ocurrido en 2008 quedaron en evidencia varios mitos, como el relativo a lo recomendable que es que los fondos sean gestionados por privados.

Su bajada al sistema de pensiones fue lo que llamó el juego de suma cero, en que el sistema de pensiones privado puede invertir con alto riesgo en las bolsas internacionales y, si se produce una caída, es finalmente el Estado el que llega a cubrir los espacios dejados por la exposición de los fondos a estos riesgos.

"A pesar de que toda la sociedad está pagando este enorme costo, aquí el que gana, ciertamente, es el sector financiero. Esto simplemente ha realzado el ingreso al sistema financiero en ese país, lo cual resulta en un juego de suma cero. Esto es una enorme pérdida para la sociedad y es muy importante alejarse del segundo pilar que se refiere al sistema privado", afirmó.

"Chile debiese estar sumamente preocupado por tener un sistema de pensiones privado, ya que es uno de los países más desiguales de la OCDE y ese modelo genera mayor desigualdad", planteó el economista estadounidense, agregando que Chile debiera tomar un camino que lo aleje “del segundo pilar del sistema privado".

De hecho, recordó que en el mundo hay 23 países que privatizaron sus sistemas de pensiones, aunque ya siete de ellos revirtieron su decisión y habría varios más que lo están reconsiderando.

Su propuesta se alineó con los rumores de que el Gobierno planearía separar la cotización de los afiliados, dejando una parte para un sistema público y solidario, donde los más jóvenes financien las pensiones de los mayores, algo más cercano al sistema de reparto que aún persiste masivamente en Europa.

"Esto me lleva a mi recomendación de políticas: lo que necesitan (en Chile) es un primer pilar más fuerte. Resulta más necesario para evitar pobreza en la vejez y asegurar un nivel mínimo de seguridad. Se debería crear un segundo pilar público, que debe tener un componente de redistribución importante y debe haber un elemento de suavidad intergeneracional que evite la relativa pobreza en la vejez", sostuvo, puntualizando que podría tener el carácter de voluntario.

"La situación actual no es adecuada, ni en Chile ni en el mundo", aseguró, destacando que hay sistemas alternativos que han sido exitosos.

Entre ellos, el conocido fondo gubernamental creado en Canadá, el cual posee alta rentabilidad y tiene autonomía respecto del ciclo político. O los modelos implementados en Holanda y Noruega, que tienen bajos costos de transacción y buenos niveles de rentabilidad.

Incluso, se refirió a la recomendación que ha hecho el Banco Mundial en el sentido de tener un tercer pilar, que permita contar con alternativas públicas como vehículo de inversión alternativa, con bajos costos, en ambientes de gestión menos riesgosos y donde los ciudadanos sientan que no se abusa de ellos.

ClariNet