CASO-LUCHSINGER8

Luego de leído el fallo, como era
de esperase, comenzaron las
acusaciones cruzadas desde un
bando y el otro respecto de quien
responde, no por la muerte de los
ancianos, sino por haber liberado
a los mapuche que fungían
como perfectos culpables.

Por Ricardo Candia Cares

La situación en el Wallmapu aumentará en varios grados su ya alta peligrosidad. Viviendo secuestrados por tropas armadas hasta el alma, vigilados por artilugios de alta sofisticación tecnológica, expuestos al clasismo y al racismo vernáculo de los poderosos, a los mapuche se les pondrá fea la cosa luego del fallo que dejó en ridículo a medio mundo.

Los verdaderos asesinos del malogrado matrimonio de agricultores asesinados, han disfrutado hasta ahora de su impunidad, mientras tanto que once mapuche inocentes purgaron una larga condena antes de ser declarados culpables de ese delito.

Los asesinos andan sueltos.

Poco se habla de la vergonzosa operación encubierta que buscó mediante un agente secreto culpar a los mapuche.

No pasó mucho para que ese infiltrado con cargo a la policía que inculpaba a los mapuche, declarara que su acusación había sido hecha sobre la base de amenazas y torturas por parte de la policía.

Hay una investigación en curso que está pasando piola.

Desaguisados como estos deben ser motivos de risa y burlas en la comunidad de las policías del mundo y agregadas a sus manuales como ejemplos risibles de lo que precisamente no se puede hacer.

Luego de leído el fallo, como era de esperase, comenzaron las acusaciones cruzadas desde un bando y el otro respecto de quien responde, no por la muerte de los ancianos, sino por haber liberado a los mapuche que fungían como perfectos culpables.

Las agencias policiales, militares y de inteligencia que siguen minuto a minutos estos casos, estarán más convencidas aún que la vía judicial, aún con leyes antiterroristas y fiscales racistas, no son las herramientas suficientes para terminar con la mayor amenaza que tiene el orden político en el país.

Esa gente sabe que todo es perfectamente controlable, desde los otrora partidos revolucionarios, hasta las exaltaciones periódicas de estudiantes y algunos trabajadores.

Cada uno a su turno, vuelve al redil y, mejor aún, se integra para dar legitimidad al modelo, y de paso, los más avezados logran algunas de las prebendas en el desposte del poder.

No ha sido así en el caso del pueblo mapuche.

Por alguna razón que los prohombres del estado no logran comprender, siempre ha habido una resistencia a la asimilación y al despojo. Hasta en los momentos más duros.

Y en esto ha jugado su rol el profundo desconocimiento que se tiene del ser mapuche, reduciendo definiciones a las categorías propias de un racismo oscuro y hediondo, y de un clasismo que está en la esencia del chileno deformado por la escuela, la iglesia y el mall.

Las agencias contrainsurgentes habrán vuelto a comprobar lo que ya saben.

Que las leyes, por muy duras que sean no son el arma suficiente para terminar con el mapuche, objetivo único en toda estrategia que se precie.

Que con todo y su dureza, esos cuerpos normativos requieren de algún grado mayor de rigurosidad para saltar la valla que tanto se cacarea: el estado de derecho.

Más eficiente que las normas, lo saben todos, es un pelotón de tanques Sherman, o la preparación artillera de una batería de obuses Soltam. Y luego la entrada de la infantería. Santo remedio.

Ahora, visto el mayúsculo ridículo de policías, fiscales y el gobierno, correspondería  enjuiciar a esos fiscales y policías ineptos que tiene disfrutando de su libertad a los asesinos de los agricultores.

Y sacarlos de sus cargos y granjerías por torpes, miopes, racistas, rascas y tontos sin remedio.

Pero así como es la cosa en este país, en el que se huye hacia adelante y se cae hacia arriba, no sería extraño que estos fiscales y policías mediocres, terminen en cargos superiores y/o asesorando a políticos o a futuros gobiernos.

ClariNet