PEPE-CODELCO

El insecto mueve la cabecita.
Murmura “estos no aprenden
nunca” y muestra una denuncia
sindical sobre las pretensiones
de privatizar el año próximo
las minas de CODELCO.

El grillo lee el encabezamiento de la denuncia: “Sin sorpresa, aunque con algo de vergüenza ajena, se puede leer en su editorial Supervisar Codelco, una nueva arremetida de la ya rancia y debilitada aspiración privatizadora del último legado práctico de la nacionalización del cobre de 1971: Codelco.

Agregan: “Hasta la idea de los directorios divisionales (filiales) es una antigua treta, ya usada en los procesos de privatización de las empresas sanitarias y de la electricidad, tanto en Chile como en otros países.

Como es sabido, con no más de un tercio del total del cobre que sale desde Chile, la empresa estatal le ha entregado a las arcas fiscales más de cien mil millones de dólares, y más de un cuarto de estos en los últimos siete años. Y esto, pese a estar ahogada por un excesivo endeudamiento, una alta carga tributaria, una ley que obliga a entregar el 10% de las ventas brutas a las Fuerzas Armadas, y una falta crónica de capitalización, que se viene revirtiendo aunque tímidamente en los últimos años”.

Acusan, dice Pepe, que “contrasta el escaso aporte efectivo al país de parte de las empresas privadas, un 30”, que sacan del país el otro 70%, mayoritariamente en forma de la submateria prima denominada concentrado de cobre, y en la que se contienen también valiosos subproductos que son procesados y comercializados lejos de nuestro país”.

No se quedan ahí, dice Pepe y constata que son “cifras que respaldan la conveniencia para Chile de que sus principales riquezas sean administradas a través de empresas propias. Por eso es que intentar confundir la necesaria y razonable fiscalización del buen uso de los recursos públicos en las empresas que administran el patrimonio del Estado, y mostrarlo como una contradicción esencial para que una empresa tenga un modelo de gestión eficiente y competitivo, es reflejo de un particularizado y evidente interés privatizador que, por cierto, es legítimo dentro del debate democrático”.

Luego, según el bichito, viene la estocada: “Sin embargo, intentar enlodar el derecho fundamental del estamento profesional y supervisor de Codelco y de cualquier empresa, a asociarse en sindicatos tal como garantiza nuestra legislación; insistir en la tesis de la cooptación de la empresa de parte de los trabajadores; poner en duda la razonabilidad de los contratos colectivos que se han negociado; pretender que el principal costo es el laboral; y tildar de conflicto de interés el hecho de que el gobierno corporativo de la empresa cuente de entre sus nueve integrantes con dos representantes laborales; constituye una descalificación irrespetuosa, infundada, y hasta temeraria acerca de modelos gestión empresarial modernos y exitosos, no sustentados en paradigmas autoritarios”.

Incluso llaman al vocero momio a enterarse “particularmente en el pacto social que se encuentra en la base del actual modelo alemán. Ahí podrá tomar nota acerca de la participación institucionalizada de representantes laborales en los directorios y otras estructuras de toma de decisiones en las empresas, tanto públicas como privadas, y que por ley le llaman co-gestión. Esto no hace a Alemania un país menos capitalista, menos competitivo, menos moderno ni menos exitoso económicamente, como parecería sugerir esta editorial respecto a la participación de las y los trabajadores en los gobiernos corporativos de las empresas”.

Se recuerda que “al mismo tiempo, producto de la cada vez mayor calificación de quienes trabajan, de la mano de la robotización, remotización, automatización y el emergente uso de la IA, es un resultado evidente y esperado que las y los trabajadores del nivel profesional, mandos medios, directivos, de administración y supervisión, se asocien para negociar sus condiciones comunes de trabajo, y la distribución de una parte de la riqueza que contribuyan a generar, en la forma en que los convenios internacionales de la OIT lo establecen, es decir, en sindicatos.

En los países escandinavos y algunos europeos, los niveles de asociatividad y participación sindical son muy altos precisamente entre las y los trabajadores de mayor calificación, categoría en la que, por cierto, está el estamento supervisor de una empresa como Codelco tantas más en las que hoy sus profesionales se están organizando en sindicatos”.

Los denunciantes, añade el grillo, rememoran que “en las empresas privadas, al salir a la luz pública, se han reflejado las peores prácticas de colusión, chantaje, influencia indebida en tramitación de leyes a su favor y, recientemente, espionaje.

Las organizaciones sindicales representamos a personas honestas y trabajadoras, y por ello repudiamos estas negativas prácticas tanto en empresas públicas como privadas; lo mismo que la corrupción, el tráfico de influencias y los negocios con partes y personas relacionadas. Los principios de eficiencia, eficacia y probidad no son de exclusiva aplicación a las empresas del Estado; también se debe velar por estos en el mundo privado. Y los sindicatos pueden colaborar participando en sus gobiernos corporativos”.

Pepe asegura que es una respuesta contundente, pero lo que más preocupa es la insistencia en revivir políticas privatizadoras que le costaron, en su momento, la presidencia a Eduardo Frei Rui-Tagle y la posible candidatura a Ricardo Lagos.

Es de esperar que se tome nota, especialmente en la Democracia Cristiana y en la derecha del PPD que el horno no esta para bollos, que la ciudadanía exige seriedad  y que en caso contrario, cualquier cosa va a pasar en noviembre.  

ClariNet