PEPE-SOFOFA

El insecto mueve sus
antenitas y dice con tristeza:
El espionaje electrónico en
la Sofofa demuestra que los
empresarios no se tienen
respeto entre ellos. Pobres
de los consumidores,
entonces…

Luego acota como de soslayo: Y dejaron pilucho al periodismo mercenario.

Titularon el caso como Sofofagate, lugar común para esta clase de trapacerías, basado en el caso estadounidense Watergate, de la segunda mitad del siglo pasado. El insecto se lanza en picada: Como que deberían buscar otro nombrecito ¿no?

Después, el bichito se pone serio: Disquisiciones aparte, lo que interesa es el hecho, espiarse entre ellos con micrófonos escondidos, cámaras ocultas, un sofisticado caso de control clandestino de los planes de sus más altos directivos, que para atemperarlo algo, El Mercucho bautiza como “inédito”.

Los vigilados fueron Hermann von Mühlenbrock y José Juan Llugany, en momentos en que hay elecciones en el gremio y la cosa está más enredada que peluca de payaso.

“Son hechos extremadamente graves, los cuales deben ser investigados a la brevedad y en detalle por la justicia para encontrar a los responsables”, sostuvo Alfredo Moreno de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), quien usó otros calificativos como hechos de “alta sofisticación delictiva”.

Otros apelaron al cinismo más descarado: “Estas nunca han sido prácticas del empresariado en Chile. Investigar a fondo y hasta las últimas consecuencias”, como afirmó Andrónico Luksic, presidente de Quiñenco, se ríe Pepe.

Otro, con menos telarañas en el cerebro, como Juan Pablo Swett, presidente de la Multigremial Nacional de Emprendedores, entidad falsa, mentirosa y siniestra, alegaron que el suceso “refleja una lamentable división en los grandes empresarios, que debieran estar más unidos y remando juntos en el Chile de hoy. No debe tomarse a la ligera, quien haya puesto esos micrófonos violó el articulo 19 Nro 5 de la Constitución. Lo veo súper delicado. No hay que tomarlo con liviandad”.

Alguno como Roberto Fantuzzi, presidente de la Asociación de Exportadores de Manufactura (Asexma), dispararon para todos lados: “Me parece gravísimo lo ocurrido, hay que hacer toda la investigación del caso y descubrir quién, para qué y por qué ha hecho esto. Justamente este tipo de cosas representan el tipo de Chile que no queremos. Yo nunca he tenido conocimiento de algo parecido”.

Lo concreto para Pepe es que el empresario se sacó la careta y demostró su verdadera esencia, es decir, manifiesta antes de echarse a volar el insecto, que son “una sarta de bandoleros”.

ClariNet