PEPE-INTOLERANCIA

El grillo se toma la cabecita
con sus antenitas
profundamente impactado.
Explica: “Lo único que nos
faltaba es que la intolerancia
racial y de género, ahora
ande en las micros”.

Entre los últimos casos, relata un aparato de la locomoción colectiva de Antofagasta luciendo una calcomanía alentando conductas abusivas hacia las mujeres y dando a entender que las relaciones de pareja son una suerte de lucha libre donde todo se vale.

Los dueños o el chófer de la máquina, unos perfectos idiotas insensibles, no toman en cuenta que la ciudad aún se encuentra conmocionada por el asesinato brutal, hace un par de semanas, de Lorena Carrasco, madre de dos niños y muerta por su ex marido, actualmente en prisión preventiva, quien aparece como el principal sospechoso de este homicidio de odio, hecho que incluso provocó una concurrida velatón.

Los propios pasajeros, mediante las redes sociales, denunciaron este llamado a la violencia que anda promoviendo el aparato de la línea 107 del transporte colectivo.

El dibujito era simple: Una pareja dándose de golpes en un ring bajo el rótulo de “Problemas”, luego viene un “Resuelto”, esta vez con el bravo varón arrojando a ella del cuadrilátero. Algo tan idiota como repudiable, dice el insecto.

A Pepe tampoco le parece mucho la teatrera reacción de la Seremía de Transportes antofagastina, que envió un comunicado repudiando el hecho y explicando que: “Se hicieron las gestiones pertinentes con dicha línea para retirar la calcomanía, la cual ya fue eliminada del bus urbano”, sostuvo.

Luego, para que nadie dude del compromiso contra la violencia intrafamiliar de la estancia, se agrega: “Resulta indignante encontrarse con este tipo de calcomanías en el transporte público, más aún tomando en cuenta los últimos casos de femicidio ocurridos en el país y en la región, los cuales han sido repudiados ampliamente por todos los sectores de la sociedad”.

“Pura boca”, reclama el insecto. “Con la política de las declaraciones públicas no se arregla nada. El hecho bien merece una denuncia judicial porque estamos ante un caso evidente de incitación al odio y al abuso contra el sexo femenino.”, consigna Pepe. “Las condenas morales”, agrega, “solo ayudan a incentivar a los falsos machos recios, porque saben que no les pasa nada”.

Pepe indica que a la intolerancia de género se une, en Santiago al menos, el racismo burdo ejercido contra los más débiles de los inmigrantes, los haitianos. En pleno centro de la ciudad, nada menos que en los nuevos paraderos de micros ubicados en la calle Monjitas, entre Mc Iver y San Antonio, un chófer atorrante del Transantiago, impidió subir a un afrocaribeño, pese a que había pagado el pasaje, por el color de su piel.

El individuo, a cargo de un bus de la empresa Vilnus y de servicio en la línea 307-E, argumentó que no estaba de servicio, solo en tránsito, pese a que dejó subir a otras personas, se levantó de su asiento, matón y prepotente, indica el insecto, y echó al haitiano a empujones. Por supuesto, no le reembolsó el boleto.

Una transeúnte, Alicia Torres, captó con su celular el incidente y en la grabación se escucha al conductor insultar al pasajero que reclamaba su derecho a transportarse, diciéndole que no lo llevaba a ninguna parte “por agrandado”. Algunos de los otros usuarios, reclamaron e increparon al conductor por su abuso pero este se quedó impertérrito.

“Estamos mal”, dice Pepe. “Si no hacemos algo, estaremos peor”. 

ClariNet