DENUNCIA-CLINICA

Un mal trato burlón, una
despectiva actitud de algunas
de las  secretarias, su desprecio
los pacientes y la indolencia
ante sus dolores, son normales
en la Clínica Santa María.

Por Osvaldo Pino Tovar

Esta institución junto con  la Clínica  Alemana, se encuentran entre las que suscitan más quejas dentro de su sector, pero como las acogen, aunque solucionan poco o nada, aparecen como establecimientos aptos para que la gente acuda a estos si sus medios económicos lo permiten.

La Santa María, con un historial siniestro pues el siglo pasado se vio involucrada en las muertes de personalidades como Pablo Neruda y Eduardo Frei Montalva a manos de las policías secretas DINA y CNI respectivamente, acumula reclamos por su servicio de urgencias.

En los hechos, este servicio no existe, pues hay un promedio de espera antes de la atención de ¡seis horas! Además se informa de soslayo, sin letreros visibles y de un tamaño razonable que lo indique, que no atiende por Fonasa así que de pronto los clientes se encuentran con cuentones millonarios que no tienen como pagar, pese a las leyes que tratan de impedir este tipo de abusos.

Incluso los que cuentan con Isapres, se topan con los precios más caros de Santiago por el estacionamiento, cosa que por supuesto no cubren los seguros de Salud.  

En el servicio de oftalmología el personal médico es receptivo y cordial, pero el administrativo parece haber sido reclutado entre torturadores profesionales, no todos, pero sí algunas horripilantes matronas. Incluso recientemente, una oftalmóloga debió salir de su cubículo a ayudar a un matrimonio anciano que tenía problemas para manipular su tarjeta de crédito ante la negativa de la recepcionista que los atendía a solucionar dicho problema, quien les dijo despectivamente: Yo no estoy para eso… 

La empleada aludida, recuerda los tiempos del doctor Pedro Valdivia Soto, que oficialmente fue médico de la Clínica Alemana , pero que de pronto fue contratado en la Clínica London -propiedad de la DINA en 1978- por su entonces director, Horacio Taricco Lavín. Paralelamente se le

incorporó a la Clínica Santa María con turno de noche y por eso pudo ingresar a la habitación de Frei Montalva con toda libertad. Tenía que ocuparse de todos los pacientes que habían sido operados, exactamente el caso de Frei Montalva.

Nadie le pudo impedir durante las noches que el ex presidente estuvo allí hospitalizado, el acceso cuantas veces quiso a su habitación y a un prolijo examen de su evolución .

Valdivia inició su carrera criminal con su rol en el asesinato del cabo de la DINA, Manuel Jesús Leyton, quien falleció en 1977 pocas horas antes de declarar ante un juez sobre la forma en que habían sido eliminados varios detenidos desaparecidos, principalmente los dirigentes comunistas hechos prisioneros en 1976 en la casa ratonera de calle Conferencia.

Sus cuerpos fueron lanzados al mar por un equipo homicida encabezado por el capitán del Ejército, Germán  Barriga.

El doctor Osvaldo Leyton era de toda confianza de Manuel Contreras, al punto que su esposa María Eugenia Pérez Vicencio, también fue funcionaria de la DINA y la CNI y aparece en las planillas de la empresa Elissalde y Poblete, que la DINA creó para pagar a su personal civil y a sus miles de informantes.

Con esa historia a cuestas, la Clínica Santa María debería tener mayor cuidado con sus procedimientos y el personal administrativo que contrata.

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