PEPE-MAYOL

El grillo agita sus antenitas,
está alarmado, constata que
en este momento ni siquiera
hay candidatos
presidenciales en serio.

Llega a tanto el despelote que el Piraña le declara su amor ¡increíble! al modelo de fideicomiso trucho que lo tiene por las cuerdas y los partidos con representación parlamentaria están en la vil calle, tratando de cazar partidarios.

La reafiliación de militantes se les ha transformado en lrremontable y ante su fracaso como capa política de la sociedad, culpan por un lado al Servel y por el otro a los ciudadanos.

Frente a eso, el insecto recuerda que por una parte, el Servel está hecho a imagen y semejanza de la esterilidad de nuestros políticos reflejados en un Joaco Lavín con demencia senil y que habla con dificultades mientras trata de hacer de Las Condes un feudo sin normas y donde sus desvaríos son la ley, y, por el otro, nuestros supuestos pensantes de opereta se encargaron de corretear a la gente, al actuar como patrones de los votantes y ahora, están pagando el precio de sus colosales errores.

Es esta una enfermedad que en el seno de las colectividades afecta a la mayoría de los que deciden, y ni siquiera se libran del flagelo los que posan de ajenos a la politiquería.

Uno de ellos, es un sociólogo de estos que miden la profundidad de las ideas por lo chascón de sus melenas y la longitud de sus barbas de impronta islámica, Alberto Mayol Miranda, que con 35 años de edad, le dijo hace cinco a los grandes patrones que su modelo económico había tronado, algo que cualquiera con dos dedos de frente ya percibía el 2011.

Hoy este apolítico-político, que se cree un científico de la desigualdad, se las da de presidenciable y compite a dicha condición a nombre del movimiento Nueva Democracia, dentro del Frente Amplio.

Para Pepe, lo más curioso es que resultó anticapitalista y anticomunista a la vez y critica a Cuba y Venezuela como si fuera un udiota simple y vulgar. No sabe que el anticomunismo de izquierda es solo pose y disfraz para ocultar momiedades profundas.

Es su legítimo derecho, afirma Pepe, disentir de las ideas de Fidel Castro y Hugo Chávez, pero ese por un lado lo pone al lado del Piraña y la CIA, y por el otro, no es el tema ahora sino lo es Chile, su desigualdad insoportable, la pobreza de ideas de sus menguadas élites y las ambiciones y codicia de algunos de sus cabecillas, como el propio Piraña, que exhibe como una gracia su irresponsabilidad y su voracidad económica.

En vez de dar lecciones a La Habana o a Caracas, cosa que lo iguala con la Marianita Aylwin, debe mostrar iniciativas hechas aquí y para esta nación. La historia prueba y comprueba que el anticomunismo es momio y retardatario. Lo demás son cuentos de hadas, esas que desgraciadamente no existen.

Lo grave, reclama el bichito, es que estos personajes confunden a las personas y llevan a que se piense que todos los que desean redimir a la política y retornarla a su condición de arte de gobernar, son la misma cosa que otros tiburones de aguas profundas y espesas.

Da la impresión, dice Pepe, que aquí muchos quieren que quede la grande, sin reparar en que no estamos en 1970 y esta vez las cosas pueden ser muy diferentes.    

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